31/5/2015 Evangelio según San Mateo 28,16-20. 

Solemnidad de la Santísima Trinidad

Santo(s) del día : Santa Petronila de Roma,  Santa Bautista (Camila) de Varano

El evangelio de este domingo nos encuentra con enseñanzas de Jesús resucitado. Al final de estos tres capítulos, un apéndice con extractos de todo el libro, para meditar el misterio de la Santísima Trinidad.

Glorificación de Jesús y María.

634. Enseñanzas a los apóstoles y a numerosos discípulos en el monte Tabor. Margziam consolado.

20 de abril de 1947.

jesus enseñando1       Están todos los apóstoles, todos los discípulos pastores (incluido Jonatán, al que Cusa ha relevado de sus servicios). Y Margziam y Manahén y muchos discípulos de los setenta y dos; y muchos otros. Están a la sombra fresca de los árboles, que mitigan luz y calor con su tupido follaje; no arriba, hacia la cima, donde se produjo la Transfiguración, sino a media altura, en un lugar en que un encinar parece querer celar la cima y sujetar los lados del monte con sus poderosas raíces.

Por la hora, y a causa de la inactividad y la larga espera, casi todos están adormilados. Pero basta el grito de un niño –no sé quién es, porque no le veo desde el lugar en que me encuentro– para que todos se pongan en pie (éste es el primer movimiento, impulsivo, que en seguida se transforma en ponerse de rodillas y con el rostro entre la hierba).

-«La paz a todos vosotros. Aquí me tenéis entre vosotros. Paz a vosotros. Paz a vosotros».

Jesús pasa en medio de ellos saludando, bendiciendo. Muchos lloran, otros sonríen dichosos. Pero en todos hay mucha paz.

Jesús se detiene en el lugar en que los apóstoles y los pastores forman un compacto grupo, junto con Margziam, Manahén, Esteban, Nicolái, Juan de Efeso, Hermas[1] y algún otro de los discípulos más fieles, cuyo nombre no recuerdo. Veo al de Corozaín, que dejó la sepultura de su padre por seguir a Jesús, y a otro que he visto otras veces.

Jesús toma entre sus manos la cabeza de Margziam –que, mirándole, llora–, le besa en la frente y le estrecha contra su corazón. Se vuelve luego hacia los demás y dice:

-«Muchos y pocos. ¿Dónde están los otros? Sé que son muchos mis discípulos fieles. ¿Por qué, entonces, aquí a duras penas se llega entre todos a quinientos, excluidos los niños[2], hijos de alguno de vosotros?».

2       Pedro se pone de pie –había estado de rodillas en la hierba– y habla en representación de todos:

-«Señor, entre el decimotercero y el vigésimo día, empezando a contar desde el día de tu muerte, han venido aquí muchos de muchas ciudades de Palestina, diciendo que estabas donde ellos. Por eso, muchos de nosotros, para verte antes, se han marchado, unos con unos, otros con otros. Algunos se han marchado hace muy poco. Decían, los que vinieron, que te habían visto y que habían hablado contigo en lugares distintos, y –lo cual era asombroso– todos decían que te habían visto en el duodécimo día de después de tu muerte. Nosotros hemos pensado que se trataba de una falacia de alguno de esos falsos profetas que dijiste que surgirían para engañar a los elegidos. Lo dijiste allá, en el monte de los Olivos, la noche que precedió… que precedió a…».

Pedro, otra vez bajo los efectos de su dolor ante este recuerdo, agacha la cabeza y calla. Dos lágrimas, seguidas de otras, caen al suelo por las hebras de su barba… Jesús le pone la mano derecha en el hombro. Pedro, al sentir ese contacto, se estremece, y, no atreviéndose a tocar esa Mano con las suyas, pliega el cuello, inclina la cara, para acariciar con la mejilla y rozar con los labios esa Mano adorable. Santiago de Alfeo continúa refiriendo:

-«Y hemos desaconsejado creer en esas apariciones. Se lo hemos desaconsejado a los nuestros que se alzaban para ponerse en camino presurosos hacia el gran mar, o hacia Bosra o Cesárea de Filipo o Pella o Quedes, hacia el monte cercano a Jericó o la llanura, o hacia la llanura de Esdrelón, hacia el Gran Hermón o Bet–Jorón o Betsemes, y a otros lugares que, por tratarse de casas aisladas en la llanura cercana a Jafia o a Galaad, carecen de nombre. Demasiado inciertas. Algunos decían: “Le hemos visto y oído”. Otros enviaban el recado de decir que te habían visto, e incluso que habían comido contigo. Sí, queríamos retenerlos, porque pensábamos que fueran o celadas de los que nos atacan o fantasmas vistos por justos que están tan embargados en ti, que acaban viéndote donde no estás. Pero han querido ir. Unos a unos lugares, otros a otros. De forma que nos hemos quedado reducidos a menos de un tercio».

-«Teníais razón en insistir para retenerlos. No porque Yo no haya estado realmente donde los que han venido a decíroslo han dicho, sino porque había ordenado que estuvierais aquí unidos en oración, esperando a que Yo viniera[3], y también porque quiero que mis palabras sean obedecidas, especialmente por mis siervos. Si empiezan a desobedecer éstos, ¿qué van a hacer los fieles?

3 Escuchad todos los que estáis aquí. Recordad que en un organismo, para que verdaderamente sea activo y esté sano, se necesita una jerarquía, o sea, alguien que mande, y alguien que transmita las órdenes y alguien que obedezca. Así sucede en las cortes de los reyes. Y en las religiones, desde la nuestra, la hebrea, hasta las otras, aunque sean tan imperfectas. Hay siempre una cabeza y ministros de esa cabeza y asistentes de esos ministros y, en fin, fieles. No puede un pontífice actuar solo, no puede un rey actuar solo. Y sus disposiciones son cosas que se refieren únicamente a contingencias humanas o a formalismos de ritos… Sí, por desgracia, incluso en la propia religión mosaica, no queda sino el formalismo de los ritos, la continuación de los movimientos de un mecanismo que sigue realizando los mismos gestos, incluso ahora que el espíritu de los gestos está muerto. Muerto para siempre. El divino Animador de esos gestos, Aquel que daba a los ritos un valor, se ha retirado, y los ritos son gestos, nada más, gestos que cualquier histrión podría mimar en el escenario de un anfiteatro.

4 ¡Qué desdicha, cuando una religión muere y lo que antes era una potencia real pasa a ser una pantomima desarreglada, externa, una cosa vacía tras un escenario barnizado, tras unas vestiduras pomposas y un movimiento de mecanismos que realizan una serie de movimientos, de la misma manera que una llave acciona un resorte, pero ni éste ni la llave tienen conciencia de lo que hacen! ¡Desdicha! ¡Pensad!

Recordad siempre, y decídselo a vuestros sucesores, para que esta verdad sea conocida en el decurso de los siglos. Menos temible es la caída de un planeta que la caída de la religión. El que el cielo quedara vacío de astros y planetas no sería para los pueblos una desventura de la magnitud de la de quedarse sin una real religión. Dios cubriría con providente poder las necesidades humanas, porque Dios todo lo puede para aquellos que, por el camino sabio o por el camino que su ignorancia conoce, buscan, aman la Divinidad con recto espíritu. Pero, si llegara un día en que los hombres ya no amaran a Dios, porque los sacerdotes de todas las religiones hubieran hecho de ellas únicamente una vacía pantomima, siendo ellos los primeros en no creer en la religión, ¡Ay de la Tierra!

5 Ahora bien, si esto lo digo incluso por las religiones imperfectas –algunas con origen en parciales revelaciones otorgadas a un sabio, otras con origen en la necesidad instintiva del hombre de crearse una fe para saciar el hambre del alma de amar a un dios (y esta necesidad es el estímulo más fuerte del hombre, el estado permanente de búsqueda de Aquel que es, deseado por el espíritu aunque la inteligencia soberbia niegue reverencia a cualquier dios, o aunque el hombre, desconocedor del alma, no sepa dar nombre a esta necesidad que dentro de él bulle)–, si esto lo digo incluso para las religiones imperfectas, ¿qué habré de decir para esta que Yo os he dado, para esta que lleva mi Nombre, para esta de la que Yo os he creado pontífices y sacerdotes, para esta que os ordeno que propaguéis por toda la Tierra?… Para esta única, verdadera, perfecta, inmutable en la Doctrina enseñada por mí, Maestro, completada por la enseñanza continua del que vendrá, el Espíritu Santo[4], Guía Santísimo de mis Pontífices y de los que los ayudarán como jefes[5] segundos en las distintas Iglesias creadas en las distintas regiones en que se afiance mi Palabra.

Y estas Iglesias no serán, por ser múltiples en cuanto al número, múltiples en cuanto al pensamiento, sino que serán una sola cosa con la Iglesia, y formarán con sus individuales elementos el gran edificio, mayor cada vez; el grande, nuevo Templo que con sus distintos pabellones tocará todos los confines del mundo[6]. No tendrán diversidad de pensamiento ni habrá oposición entre ellas, sino que estarán unidas, hermanas las unas de las otras, sujetas todas a la Cabeza de la Iglesia, a Pedro y a los sucesores de él, hasta el final de los siglos[7].

Y aquellas que por cualquier motivo se separaran de la Iglesia Madre serían miembros amputados que carecerían de la mística sangre que es Gracia que de Mí, Cabeza divina de la Iglesia, viene. Como hijos pródigos, separados por voluntad propia de la casa paterna, estarían –efímera su riqueza y constante y cada vez más grave su miseria– embotándose el intelecto espiritual con alimentos y vinos demasiado pesados, y luego languidecerían comiendo las amargas bellotas de los animales impuros, hasta que, con corazón contrito, no volvieran a la casa paterna diciendo: “Hemos pecado. Padre, perdónanos y ábrenos las puertas de tu morada”. Y entonces, ya se trate de un miembro de una Iglesia separada, ya se trate de una Iglesia entera, bien sea una persona o una asamblea los que regresan, abridles las puertas. ¡Oh, ojalá así fuera! Pero ¿dónde, cuándo surgirán muchos imitadores míos idóneos para redimir a estas Iglesias separadas, a costa de la vida, para hacer, para rehacer un único Rebaño bajo el cayado de un solo pastor, como ardientemente deseo?

6 Sed paternos. Pensad que todos, durante una o muchas horas, quizás durante años, fuisteis, cada uno en particular, hijos pródigos envueltos en la concupiscencia. No os mostréis duros para con los que se arrepienten. ¡Recordad! ¡Recordad![8] Muchos de vosotros huisteis, hace veintidós días. ¿Y esta huida no era, acaso, abjura de vuestro amor hacia mí? Pues bien, si Yo os he acogido en cuanto, arrepentidos, habéis vuelto a mí, haced vosotros lo mismo. Todo lo que Yo he hecho hacedlo vosotros. Este es mi mandamiento. Habéis vivido tres años conmigo. Conocéis mis obras y mi pensamiento.

Cuando, en el futuro, os encontréis frente a un caso para el que tengáis que tomar una decisión, volved vuestra mirada al tiempo en que estuvisteis conmigo, y comportaos como Yo me he comportado. Nunca os equivocaréis. Yo soy el ejemplo vivo y perfecto de lo que debéis hacer[9].

Y recordad también que no me negué a mí mismo al propio Judas de Keriot… El Sacerdote debe, con todos los medios, tratar de salvar. Predomine el amor, siempre, entre los medios usados[10] para salvar. Pensad que Yo no ignoraba el horror de Judas… Y, no obstante, superando toda repugnancia, traté al mezquino como traté a Juan. A vosotros… a vosotros, muchas veces, se os ahorrará la amargura que supone el saber que todo es inútil para salvar a un discípulo amado… Se debe trabajar incluso en ese caso… siempre… hasta que todo quede cumplido…».

7

-«¡¿Pero Tú estás sufriendo, Señor?! ¡Oh, no creía que pudieras sufrir ya más! ¡Sufres por Judas, todavía! ¡Olvídale, Señor!» grita Juan, que no desvía ni un instante su mirada de su Señor.

Jesús abre los brazos con su gesto habitual de resignada confirmación ante un hecho penoso, y dice:

-«Así es… Judas ha sido y es el dolor más grande en el mar de mis dolores. Es el dolor que permanece[11]… Los otros dolores han terminado al terminar el Sacrificio. Pero éste permanece. Le he amado. Me he consumido todo en el esfuerzo de salvarle… He podido abrir las puertas del Limbo y sacar de él a los justos, he podido abrir las puertas del Purgatorio y sacar de él a los penantes. Pero el lugar de horror estaba cerrado en torno a él. Para él, inútil mi muerte».

-«¡No sufras! ¡No sufras! ¡Eres glorioso, mi Señor! Gloria y gozo a ti. ¡Tú has apurado tu dolor!» insiste Juan en tono suplicante.

-«¡Verdaderamente, ninguno pensaba que El pudiera sufrir todavía!» susurran todos, unos a otros, asombrados y conmovidos.

-«¿Y no pensáis el dolor que deberá aún padecer mi Corazón a lo largo de los siglos, por cada pecador impenitente, por cada herejía que me niegue, por cada creyente que abjure de mí, por cada –desgarro de los desgarros–, por cada sacerdote culpable, causa de escándalo y perdición? ¡Vosotros no conocéis esto! Todavía no lo conocéis. No lo conoceréis nunca completamente, sino cuando estéis conmigo en la luz del Cielo.

Entonces comprenderéis… Contemplando a Judas, he contemplado a los elegidos para quienes la elección se transforma en perdición por su perversa voluntad…

¡Oh, vosotros que sois fieles, vosotros que formaréis a los sacerdotes futuros, recordad mi dolor; formadlos santos para que, en la medida de lo posible, no se repita este dolor; exhortad, velad, enseñad, luchad, estad atentos como madres, sed incansables como maestros, estad despiertos como pastores, sed viriles como guerreros, para sostener a los sacerdotes que serán formados por vosotros! ¡Haced, Oh, haced que la culpa del duodécimo apóstol no se vea demasiadas veces repetida en el futuro!…

8 Sed como Yo fui con vosotros, como soy con vosotros. Os dije[12]: “Sed perfectos como el Padre de los Cielos”. Y vuestra humanidad tiembla ante tal orden. Ahora más que cuando os la di, porque ahora conocéis vuestra debilidad. Pues bien, para animaros, os diré: “Sed como vuestro Maestro”. Yo soy el Hombre. Lo que Yo he hecho vosotros podéis hacerlo. Incluso los milagros. Sí, incluso los milagros. Para que el mundo sepa que soy Yo el que os envía, y para que el que sufre no llore ante el pensamiento desconsolado de decir: “El ya no está entre nosotros para curar a nuestros enfermos y consolar nuestros dolores”.

En estos días he hecho milagros para consolar los corazones y convencerlos de que Cristo no ha sido destruido por haber sido conducido a la muerte, sino que, antes al contrario, es más fuerte, eternamente fuerte y poderoso. Pero, cuando Yo ya no esté en medio de vosotros, vosotros haréis las cosas que Yo he hecho hasta ahora y que seguiré haciendo[13]. Pero el amor a la nueva Religión crecerá no tanto por el poder de los milagros, sino por vuestra santidad. Y es de vuestra santidad, no del don que Yo os transmito, de lo que debéis estar celosamente atentos. Cuanto más santos seáis, más os amará mi Corazón, y el Espíritu de Dios os iluminará, mientras la Bondad de Dios y su Poder colmarán vuestras manos de los dones del Cielo.

El milagro no es acto común e indispensable para la vida en la fe. Es más, ¡dichosos los que sepan permanecer en la fe sin medios extraordinarios que ayuden a su acto de creer! Pero tampoco el milagro es un acto tan exclusivamente reservado a tiempos especiales que tenga que cesar con el cese de éstos. El milagro estará en el mundo.

Siempre. Y, cuanto más numerosos sean los justos en el mundo, más numerosos serán los milagros. Cuando se vean escasear mucho los milagros verdaderos, dígase entonces que la fe y la justicia están languideciendo. Porque Yo he dicho[14]: “Si tenéis fe, podréis mover las montañas”. Porque Yo he dicho[15]: “Las señales que acompañarán a los que tengan verdadera fe en mí serán la victoria sobre los demonios y sobre las enfermedades, sobre los elementos y las insidias”. Dios está con quien le ama. Señal de cómo mis fieles estén en mí será el número y la fuerza de los prodigios que harán en mi Nombre y para glorificar a Dios. A un mundo sin milagros verdaderos, se le podrá decir, sin falsedad:

“Has perdido la fe y la justicia. Eres un mundo sin santos”.

9 Así pues, para volver al principio, habéis hecho bien en tratar de retener a los que, como niños seducidos por un rumor de músicas o por un brillo extraño, corren despreocupados lejos de las cosas seguras. Pero, ¿veis? Tienen su castigo, porque pierden mi palabra. De todas formas, también vosotros habéis tenido vuestra parte de error. Os habéis acordado de que Yo había dicho que no se corriera acá o allá ante cualquier voz que dijera que estaba en un determinado lugar. Pero no os habéis acordado de que también había dicho que, en la segunda venida, el Cristo será semejante al relámpago que sale de Oriente y culebrea hasta Occidente, en menos tiempo de lo que dura un parpadeo[16]. Ahora bien, esta segunda venida ha empezado desde el momento de mi Resurrección. Culminará en la aparición del Cristo Juez a todos los resucitados[17]. Pero antes ¡cuántas veces me apareceré para convertir, curar, consolar, enseñar, dar órdenes!

En verdad os digo: Estoy para volver al Padre mío, pero la Tierra no perderá mi Presencia[18]. Estaré, en actitud vigilante y como amigo, como Maestro y como Médico, en donde cuerpos o almas, pecadores o santos, tengan necesidad de mí o sean elegidos por mí para transmitir a otros mis palabras. Porque, y también esto es verdad, la Humanidad tendrá necesidad de un continuo acto de amor por mi parte, pues es tan poco dócil y tan tendente a entibiarse y a olvidar, tan tendente a seguir la bajada en vez de la subida, que, si Yo no la sujetara con los medios sobrenaturales, no servirían la ley y el Evangelio, las ayudas divinas que mi Iglesia administrará, para conservar a la Humanidad en el conocimiento de la Verdad y en la bondad de alcanzar el Cielo. Y estoy hablando de la Humanidad que crea en mí… siempre poca respecto a la gran masa de los habitantes de la Tierra.

10 Yo vendré. El que me tenga que siga humilde; el que no, que no esté ávido de tenerme para recibir alabanzas. Que ninguno desee lo extraordinario. Dios sabe cuándo y dónde darlo. Y no es necesario poseer lo extraordinario para entrar en el Cielo; es más, ello es un arma que, si se usa mal, puede abrir el infierno en vez del Cielo. Y ahora os voy a decir cómo. Porque la soberbia puede surgir. Porque puede venir un estado de espíritu abyecto ante los ojos de Dios (abyecto porque es semejante a un entorpecimiento en que uno se acomoda para acariciar el tesoro recibido, considerándose ya en el Cielo por haber recibido ese don). No. En ese caso, en vez de llama y ala, el don se transforma en hielo y pesada piedra, y el alma se hunde y muere.

Y también: un don mal usado puede suscitar la avidez de recibir todavía más dones para recibir mayores alabanzas. Entonces, en este caso, el Espíritu del Mal podría entrar en lugar del Señor, para seducir a los imprudentes con no genuinos prodigios. Manteneos siempre alejados de todas las seducciones, de cualquier género que sean. Huid de ellas. Sentíos contentos de lo que Dios os conceda. El sabe lo que os es útil y en qué manera. Y siempre pensad que todo don, además de don, es prueba, una prueba de vuestra justicia y voluntad. Yo os he dado a todos vosotros las mismas cosas. Pero lo que a vosotros os hizo mejores perdió a Judas. ¿Era, pues, un mal el don? No. Maligna era la voluntad de aquel espíritu…

11 De la misma manera ahora. Me he aparecido a muchos. No sólo para consolar y conceder dones, sino también para felicidad vuestra. Me habíais pedido que convenciera al pueblo –al que tratan de convencer los del Sanedrín respecto a lo que es su pensamiento– de que he resucitado. Me he aparecido a niños y a adultos, en el mismo día, en puntos tan distantes entre sí, que haría falta muchos días de camino para llegar a ellos. Pero para mí ya no existe la esclavitud de las distancias. Y este hecho de aparecerme simultáneamente os ha desorientado también a vosotros. Os habéis dicho[19]:

“Estos han visto fantasmas”. Vosotros, pues, habéis olvidado una parte de mis palabras: que de ahora en adelante estaré en Oriente y Occidente, en Septentrión y Mediodía, donde juzgue justo estar, sin que nada me lo impida y rápido como rayo que surca el cielo.

Soy verdadero Hombre. Aquí veis mis miembros y mi Cuerpo, sólido, caliente, capaz de movimiento, respiración y palabra como el vuestro. Pero soy verdadero Dios. Y si durante treinta y tres años la Divinidad estuvo, en vistas de un fin supremo, escondida en la Humanidad, ahora la Divinidad, aunque esté unida a la Humanidad, ha tomado preponderancia, y la Humanidad goza de la libertad perfecta de los cuerpos glorificados.

Reina es con la Divinidad y ya no está sujeta a todo lo que significa limitación para la Humanidad. Aquí me veis. Estoy aquí, con vosotros, y podría, si quisiera, estar dentro de un instante en los confines del mundo para atraer hacia mí a un espíritu que me buscara.

12 ¿Y qué fruto tendrá el que Yo haya estado cerca de Cesárea marítima y en la otra Cesárea, en el Carit y en Engadí, en Pella y en Yuttá y en otros lugares de Judea, y en Bosra y en el Gran Hermón, en Sidón y en los confines galileos? ¿Y qué fruto tendrá el que haya curado a un niño, y resucitado a uno fallecido poco antes, y confortado a una persona acongojada; y el que haya llamado a servirme a uno que se había macerado en dura penitencia, y a Dios a un justo que me lo había suplicado; y el que haya dado mi mensaje a unos inocentes y mis órdenes a un corazón fiel? ¿Convencerá esto al mundo?

No. Los que creen seguirán creyendo, con más paz pero no con mayor fuerza, porque ya sabían verdaderamente creer. Los que no han sabido creer con verdadera fe seguirán en la duda, y los malvados dirán que las apariciones son delirios y embustes, y que el muerto no estaba muerto sino que dormía…

¿Os acordáis cuando os dije la parábola del rico Epulón? Dije que Abraham respondió al réprobo[20]: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no creerán ni a uno que resucite de entre los muertos para decirles lo que deben hacer”. ¿Han creído, acaso, en mí, Maestro, y en mis milagros? ¿Qué obtuvo el milagro de Lázaro? Mi apresurada condena. ¿Qué, mi resurrección? Un aumento de su odio. Tampoco estos milagros realizados en este último tiempo mío entre vosotros persuadirán al mundo, sino que sólo persuadirán a aquellos que, habiendo elegido el Reino de Dios con sus fatigas y penas actuales y su gloria futura, no son ya del mundo.

Pero me complace el que hayáis sido confirmados en la fe y que os hayáis mostrado fieles a mi indicación quedándoos en este monte, esperando, sin prisas humanas de gozar de cosas que, aun siendo buenas, eran distintas de las que yo os había indicado.

La desobediencia aporta un décimo y arrebata nueve décimos. Ellos se han marchado, y oirán palabras de hombres, las mismas de siempre. Vosotros habéis permanecido aquí y habéis oído mi Palabra que, aunque recuerde cosas ya dichas, es siempre buena y útil.

Esta lección os servirá de ejemplo a todos vosotros, y también a ellos, para el futuro».

13     Jesús recorre con su mirada esos rostros ahí congregados alrededor de El y dice:

-«Ven, Eliseo de Engadí, que tengo que decirte una cosa».

No había reconocido al ex leproso hijo del anciano Abraham. Entonces era un esqueleto espectral, ahora es un galán en la flor de la vida. Se acerca, se postra a los pies de Jesús, que le dice:

-«Una pregunta se asoma temblorosa a tus labios desde que has sabido que he estado en Engadí. Es ésta: “¿Has consolado a mi padre?”. Yo te digo: “¡Más que consolado! Le he tomado conmigo”».

-«Contigo, mi Señor. ¿Y dónde está, que no le veo?».

-«Eliseo, voy a estar aquí ya poco tiempo. Luego iré a mi Padre…».

-«¡Señor!… Quieres decir… ¡Mi padre ha muerto!».

-«Se durmió en mi Corazón. También para él terminó el dolor. Lo apuró todo, y permaneciendo siempre fiel al Señor. No llores. ¿No le habías dejado, acaso, por seguirme a mí?».

-«Sí, mi Señor…».

-«Mira, tu padre está conmigo; por tanto, siguiéndome, vuelves al lado de tu padre».

-«¿Pero cuándo? ¿Y cómo?».

-«En su viña, donde oyó hablar de mí por primera vez. Tu padre me recordó su súplica del pasado año. Le dije: “Ven”. Murió feliz porque tú has dejado todo por seguirme a mí».

-«Perdona si lloro… Era mi padre…».

-«Sé comprender el dolor».

Le pone la mano sobre la cabeza para consolarle, y dice a los discípulos:

-«Aquí tenéis a un nuevo compañero. Que goce de vuestro cariño, porque Yo le arrebaté de las garras de su sepulcro para que me sirviera».

14 Luego dice:

-«Elías, ven a Mí. No estés ahí todo tímido como un extranjero entre hermanos. Todo el pasado ha quedado destruido. Y tú, Zacarías, ven también, tú que has dejado padre y madre por mí, ponte con los setenta y dos junto con José de Cintio. Lo merecéis porque, por mí, habéis plantado cara a los modos de los poderosos. Y tú, Felipe, y también tú, su compañero, que no quieres ser llamado por tu nombre, porque te parece horrendo, y tomas el del padre tuyo, que es un justo aunque todavía no esté entre los que me siguen abiertamente.

¿Lo veis? ¿Veis todos que no excluyo a ninguno que tenga buena voluntad? Ni a los que me siguieron antes como discípulos, ni a los que hacían buenas obras en Nombre mío aun no hallándose en las filas de mis discípulos, ni a los que pertenecían a sectas no estimadas por todos, que pueden siempre entrar en el buen camino y no han de ser rechazados. Como Yo hago las cosas, hacedlas vosotros. A éstos los uno a los discípulos antiguos. Porque el Reino de los Cielos está abierto a todos los que tienen buena voluntad. Y, aunque no estén presentes, os digo que no rechacéis ni siquiera a los gentiles[21]. Yo no los he rechazado cuando los he visto deseosos de Verdad. Haced lo que Yo he hecho.

Y tú, Daniel, que has salido, verdaderamente has salido de la fosa[22], no de los leones pero sí de los chacales, ven, únete a éstos. Y ven tú, Benjamín. Os uno a éstos (señala a los setenta y dos, que están casi al completo), porque la mies del Señor fructificará mucho y son necesarios muchos obreros.

Ahora vamos a estar un poco aquí juntos, mientras transcurre el día. Al anochecer dejaréis el monte y al amanecer vendréis conmigo, vosotros los apóstoles, vosotros dos a los que he nombrado aparte (señala a Zacarías y a este José de Cintium que no me resulta nuevo) y los que están aquí de los setenta y dos. Los otros se quedarán aquí, esperando a los que, presurosos, han ido a uno u otro lugar, como avispas ociosas, para decirles en mi Nombre que no es imitando a los niños perezosos y desobedientes como se encuentra al Señor. Y que estén en Betania, todos, veinte días antes de Pentecostés, porque después me buscarían en vano. Sentaos todos. Descansad. 15 Vosotros, venid conmigo un poco aparte».

Se encamina, seguido de los once apóstoles y llevando todo el tiempo agarrado de la mano a Margziam.

Se sienta en la parte más tupida del encinar. Arrima a sí a Margziam, que está muy triste. Tan triste, que Pedro dice:

-«Consuélale, Señor. Ya estaba triste y ahora lo está más todavía».

-«¿Por qué, niño? ¿No estás, acaso, conmigo? ¿No deberías estar contento de saber que he superado el dolor?».

Por toda respuesta, Margziam se echa a llorar del todo.

-«No sé lo que le pasa. Le he preguntado inútilmente. ¡Y hoy menos me esperaba este llanto!» refunfuña Pedro un poco inquieto.

-«Yo, sin embargo, lo sé» dice Juan.

-«¡Suerte la tuya! ¿Y por qué llora?».

-«No llora desde hoy. Hace ya días…».

-«¡Hombre, ya me he dado cuenta! Pero ¿por qué?».

-«El Señor lo sabe. Estoy seguro. Y sé que sólo El tendrá la palabra que consuela» añade Juan sonriendo.

-«Es verdad. Lo sé. Y sé que Margziam, discípulo bueno, es un niño, verdaderamente un niño, en este momento, un niño que no ve la verdad de las cosas. Pero, predilecto mío entre todos los discípulos, reflexiona: ¿no ves que he ido a reforzar fes vacilantes, a absolver, a recibir existencias consumidas, a anular venenos de duda inoculados en los más débiles, a responder con un acto de piedad o de rigor a los que aún quieren presentarme batalla, a testificar con mi presencia que he resucitado, donde más empeño se ponía en decir que estaba muerto?; ¿había necesidad, acaso, de ir a ti, niño, cuya fe, esperanza y caridad, cuya voluntad y obediencia conozco?; ¿ir a ti un instante, cuando en realidad te tendré conmigo, como ahora, todavía más veces? ¿Quién, sino tú, y sólo tú entre todos los demás discípulos, celebrará el banquete de Pascua conmigo? ¿Ves a todos éstos? Han celebrado su Pascua, y el sabor del cordero, del caroset y los ácimos y del vino se transformó por entero en ceniza y hiel y vinagre para sus paladares, en las horas que siguieron. Pero Yo y tú, niño mío, la celebraremos jubilosos, y nuestra Pascua será miel que desciende y permanece. Quien entonces lloró ahora gozará. Quien entonces gozó no puede pretender gozar de nuevo».

16 -«Verdaderamente… no estábamos muy contentos ese día…» susurra Tomás.

-«Sí. Nos temblaba el corazón…» dice Mateo.

-«Y un bullir de sospechas e ira estaban dentro de nosotros, al menos dentro de mí»dice Judas Tadeo.

-«Y entonces decís que quisierais celebrar la Pascua suplementaria todos…».

-«Así es, Señor» dice Pedro.

-«Un día te quejaste porque las discípulas y tu hijo no iban a participar en el banquete pascual. Ahora te quejas porque el que no gozó entonces debe recibir su gozo» .

-«Es verdad. Soy un pecador».

-«Y Yo soy “el que se compadece”. Quiero que en torno a mí estéis todos; no sólo vosotros, sino también las discípulas. Lázaro nos ofrecerá una vez más su hospitalidad. No quise que estuvieran tus hijas, Felipe, ni vuestras esposas, ni Mirta ni Noemí, ni la jovencita que está con ellas, ni éste. ¡Jerusalén no era lugar adecuado para todos en esos días!».

-«¡Es verdad! Ha sido una buena cosa el que no estuvieran» suspira Felipe.

-«Sí. Habrían visto nuestra cobardía».

-«Calla, Pedro. Está perdonada».

-«Sí. Pero yo se la he confesado a mi hijo, y creía que ése era el motivo de su tristeza.

Se la he confesado porque siempre que la confieso, siento un alivio. Es como si me quitara una voluminosa piedra del corazón. Me siento más absuelto cada vez que me humillo. Pero si Margziam está triste porque Tú lo has mostrado a otros…».

-«Por esto y no por otro motivo, padre mío».

-«¡Pues alégrate, entonces! El te ha querido y te quiere. Ya lo ves. De todas formas, yo te había dicho lo de la segunda Pascua…».

-«Pensaba que la obediencia que Porfiria me había puesto en tu nombre, Señor, la había cumplido demasiado poco gustosamente, y que me castigabas por eso. Y pensaba también que no te aparecías a mí porque odiaba a Judas y a tus verdugos»  confiesa Margziam.

-«No odies a nadie. Yo he perdonado».

-«Sí, mi Señor. No volveré a odiar».

-«Y deja de estar triste».

-«Ya no estaré triste, Señor».

Margziam, como todos los de edad muy joven, se muestra menos tímido con Jesús que los demás, y, ahora que está seguro de que Jesús no está enojado con él, se abandona a su abrazo con toda confianza; es más, se refugia en pleno, como un polluelo bajo el ala materna, en el cerco del brazo que le estrecha y, cesando ese pesar que le ponía triste e inquieto desde hacía muchos días, se duerme feliz.

-«Es un niño todavía» observa el Zelote.

-«Sí. ¡Pero cuánto ha sufrido! Me lo dijo Porfiria cuando la avisó José de Tiberíades y me lo trajo» le responde Pedro. Luego, al Maestro:

-«¿También Porfiria a Jerusalén?».¡Cuánto deseo hay en la voz de Pedro!

-«Todas. Quiero bendecirlas antes de subir a mi Padre. También ellas han prestado servicio, y muchas veces mejor que los hombres».

17 -«¿Y donde tu Madre no vas?» pregunta Judas Tadeo.

-«Nosotros estamos juntos».

-«¿Juntos? ¿Cuándo?».

-«Judas, Judas, ¿tú crees que Yo, que siempre he hallado alegría a su lado, no voy a estar ahora con Ella?».

-«Pero María está sola en su casa. Me lo dijo ayer mi madre».Jesús sonríe y responde:

-«Detrás del velo del Santo de los Santos entra solamente el Sumo Sacerdote».

-«¿Y entonces? ¿Qué quieres decir?».

-«Que hay bienaventuranzas que no pueden ser descritas ni conocidas. Esto es lo que quiero decir».

Se separa delicadamente a Margziam, confiándole a los brazos de Juan, que es el más cercano. Se pone en pie. Los bendice. Y mientras ellos, todos de rodillas, agachada la cabeza –menos Juan, que tiene en su regazo la cabeza de Margziam–, reciben su bendición, desaparece.

-«Realmente es como ese relámpago de que habla» dice Bartolomé…

Permanecen meditabundos en espera de la puesta de Sol.

18     El Señor quiere que coja otro cuaderno para las últimas instrucciones y visiones, que aquí no cabrían porque quedan demasiado pocas páginas. Hubiera debido empezar el cuaderno nuevo, pero, estando Marta enferma, he escrito aquí[23] 362 y luego lo he copiado en el nuevo.

[1] Entre los Padres de la edad sub–apostólica es conocido un cierto Hermas, autor de una obra intitulada, El Pastor, que es del a. 150 más o menos, que invita a los pecadores a la penitencia

[2] Cfr. 1 Cor. 15, 6.

[3] Cfr. Mt. 28, 16.

[4] Cfr. Ju. 14, 25–26; 16, 13–15.

[5] Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática “Lumen Pentium”, cap. II, n. 28, y las fuentes tomadas sobre todo del Pontificale Romanum. Cfr. también del mismo Conc. El decreto “Presbyterorum Ordinis” acerca del Ministerio y vida sacerdotales, sobre todo los nn. 1–9.

[6] Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Constitución dogmática “Lumen gentium” cap. 1, n. 6.

[7] Cfr. Conc. Ecum. Vat. I, Constitutio Dogmatica “Pastor aeternus”, en Denz–Shonmetzer, Enchiridion Symbolorum…num. 3050–3075; Conc. Ecum. Vat. II, “Lumen gentium”, cap. III, n. 18–27

[8] Cfr. Conc. Ecum. Vat. II. Decreto sobre el Ecumenismo

[9] Cfr. 1 Cor. 11, 1.

[10] Cfr. documentos eclesiásticos de Juan XXIII y del Conc. Vat. II.

[11] Esta expresión hay que entenderla como en otros lugares de la Biblia, como cuando se dice que Dios se arrepiente, Gén. 6, 5–7. Jesús, Dios y Hombre, no podía menos de expresarse que de un modo adaptado a sus oyentes. Y continúa sufriendo, como se dice en Hech. 9, 4–5; 22, 4–8; 26, 11–15; 1 Cor. 15, 9; Gal. 1, 13

[12] Como en Mt. 5, 43–48.

[13] Cfr. Mt. 10, 1–10; Mc. 6, 6–13; 16, 14–18; Lc. 9, 1–6.

[14] Cfr. Mt. 17, 14–21; 21, 18–22; Mc. 11, 12–14. 20–25

[15] Cfr. Mt. 10, 1–10; Mc. 6, 6–13; 16, 14–18; Lc. 9, 1–6.

[16] Cfr. Mt. 24, 15–28; Mc. 13, 14–23; Lc. 17, 20–25..

[17] Aun cuando se entiende generalmente que la segunda venida de Jesús sea cuando llegue el juicio final, sin embargo la Escritora no está equivocada, antes bien su opinión muestra una teología profunda.

[18] Cfr. Mt. 28, 16–20

[19] Cfr. Mt. 14, 22–33; Mc. 6, 45–52.

[20] Cfr. Lc. 16, 19–31.

[21] Cfr. Hech. 10, 1 – 11, 18.

[22] como el profeta del mismo nombre, en Daniel 14, 23–42.

[23] donde efectivamente se halla escrito y tachado el comienzo del capítulo siguiente, hasta las palabras su constitución, mientras que las restantes hojas del cuaderno, en las que sin duda continuaba el escrito, fueron arrancadas (excepto la última, en la cual aparecen las dos observaciones de 634.18).

635. Lección sobre los Sacramentos y predicciones sobre la Iglesia.

22 de abril de 1947.

jesus enseñando 1 1       Estoy en otro monte, más poblado aún de bosques, no lejos de Nazaret (a la que lleva un camino que bordea la base del monte).

Jesús los invita a sentarse en círculo: más cerca, los apóstoles; detrás de éstos, los discípulos (los que, de los setenta y dos, no se habían desperdigado yendo a distintos lugares), más Zacarías y José. Margziam está a sus pies, en una posición de privilegio.

Jesús, en cuanto se sientan y se callan y están todos atentos a sus palabras, empieza a hablar. Dice:

«Prestadme toda vuestra atención porque os voy a decir cosas de suma importancia. Todavía no las comprenderéis todas, ni todas bien. Pero Aquel que vendrá después de mí os las hará comprender. Escuchadme, pues.

2 Nadie está más convencido que vosotros de que sin la ayuda de Dios el hombre peca fácilmente, pues es debilísima su constitución, debilitada por el Pecado. Sería, entonces, un Redentor imprudente si, después de haberos dado tanto para redimiros, no diera también los medios para conservaros en los frutos de mi Sacrificio[1]363.

Sabéis que toda la facilidad para pecar viene de la Culpa, que, privando de la Gracia a los hombres, los despoja de su fortaleza, que está en la unión con la Gracia. Habéis dicho: “Pero Tú has devuelto la Gracia”. No. Ha sido devuelta a los justos hasta mi Muerte[2]364. Para devolvérsela a los próximos se requiere un medio. Un medio que no será solamente una figura ritual, sino que imprimirá verdaderamente en quien lo reciba el carácter real de hijo de Dios, cuales eran Adán y Eva, cuya alma, vivificada por la Gracia, poseía dones excelsos que Dios había dado a su amada criatura.

Vosotros sabéis lo que tenía el Hombre y lo que perdió el hombre. Ahora, por mi Sacrificio, las puertas de la Gracia están de nuevo abiertas, y el río de la Gracia puede descender hacia todos los que la piden por amor a mí. Por eso, los hombres tendrán el carácter de hijos de Dios por los méritos del primogénito de los hombres, por los méritos de quien os habla, vuestro Redentor, vuestro Pontífice eterno[3]365, vuestro Hermano en el Padre, vuestro Maestro. Desde Jesucristo y por Jesucristo, los hombres presentes y futuros podrán poseer el Cielo y gozar de Dios, fin último del hombre.

Hasta ahora, ni los justos más justos, aunque estuvieran circuncidados como hijos del pueblo elegido, podían alcanzar este fin. Dios consideraba sus virtudes, sus lugares estaban preparados en el Cielo, pero éste les estaba vedado, y negado les era el gozar de Dios, porque en sus almas, jardines benditos florecidos con toda suerte de virtudes, estaba también el árbol maldito de la Culpa original, y ninguna obra, por santa que fuera, podía destruirlo, y no es posible entrar en el Cielo con raíces y frondas de tan maléfico árbol. El día de la Parasceve, el suspiro de los patriarcas y profetas y de todos los justos de Israel se aplacó en el gozo de la Redención cumplida, y las almas, más blancas que nieve montana hasta donde alcanzaba su virtud, se vieron libres incluso de la única Mancha que las mantenía apartadas del Cielo.

Pero el mundo continúa. Generaciones y más generaciones surgen y surgirán. Pueblos y más pueblos vendrán a Cristo. ¿Puede Cristo morir para cada nueva generación, para salvarla, o para cada pueblo que a El venga? No. Cristo ha muerto una vez y no volverá a morir jamás[4]366, en toda la eternidad. ¿Habrá de suceder, pues, que estas generaciones, estos pueblos, se hagan sabios por mi Palabra pero no posean el Cielo ni gocen de Dios, por estar heridos por la Mancha original? Tampoco. No sería justo, ni para ellos, pues vano sería su amor a mí, ni para mí, pues por demasiado pocos habría muerto. ¿Y entonces? ¿Cómo conciliar estas cosas distintas? ¿Qué nuevo milagro hará Cristo –que ya ha hecho muchos– antes de dejar el mundo para ir al Cielo[5]367, después de haber amado a los hombres hasta querer morir por ellos?

3 Ya ha hecho uno, dejándoos su Cuerpo y su Sangre para alimento fortalecedor y santificador y para recuerdo de su amor; y os ha mandado que hagáis lo que El hizo para recuerdo suyo y como medio santificador para los discípulos, y para los discípulos de los discípulos, hasta el final de los tiempos.

Pero, aquella noche, purificados ya vosotros externamente, ¿recordáis lo que hice? Me ceñí una toalla y os lavé los pies. Y, a uno de vosotros, que se escandalizaba de aquel gesto demasiado humillante, le dije: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”.

No entendisteis lo que quería decir, ni de qué parte hablaba, ni qué símbolo estaba poniendo. Pues bien, os lo digo. Además de haberos enseñado la humildad y la necesidad de ser puros para entrar a formar parte del Reino mío, además de haberos hecho observar benignamente que Dios, de uno que es justo, y por tanto puro en su espíritu y en su intelecto, exige únicamente una última purificación –de aquella parte que, necesariamente, más fácilmente se contamina incluso en los justos, quizás sólo polvo que la necesaria convivencia con los hombres deposita en los miembros limpios, en la carne–, además de estas cosas, enseñé otra. Os lavé los pies, la parte inferior del cuerpo, la que va entre barro y polvo, a veces incluso entre inmundicias, para significar la carne, la parte material del hombre, la cual tiene siempre –excepto en los sin Mancha original[6]368, o por obra de Dios o por naturaleza divina– imperfecciones, a veces tan mínimas que sólo Dios las ve, pero que verdaderamente deben ser vigiladas, para que no cobren fuerza y se transformen en hábito natural, y deben ser agredidas para ser extirpadas.

4 Os lavé los pies, pues. ¿Cuándo? Antes de la fracción del pan y del vino transubstanciados en mi Cuerpo y en mi Sangre. Porque Yo soy el Cordero de Dios y no puedo descender a donde Satanás tiene puesta su huella. Así pues, primero os lavé; luego me di a vosotros. También vosotros lavaréis con el Bautismo a los que vengan a mí, para que no reciban indignamente mi Cuerpo y no se transforme en tremenda condena[7]369 de muerte.

Os estremecéis. Os miráis. Con las miradas os preguntáis: “¿Y Judas, entonces?”. Os digo: “Judas comió su muerte”. El supremo acto de amor no le tocó el corazón. El extremo intento de su Maestro chocó contra la piedra de su corazón, y esa piedra, en lugar de la Tau[8]370, llevaba grabada la horrenda sigla de Satanás, la señal de la Bestia.

Así pues, os lavé antes de admitiros al banquete eucarístico, antes de escuchar la confesión de vuestros pecados, antes de infundiros el Espíritu Santo y, por tanto, el carácter de verdaderos cristianos reconfirmados en Gracia, y de Sacerdotes míos. Hágase, pues, así con aquellos a quienes debéis preparar para la vida cristiana.

5 Bautizad con agua en el Nombre del Dios uno y trino y en mi Nombre[9]371 y por mis méritos infinitos, para que sea borrada de los corazones la Culpa original, sean perdonados los pecados, sean infundidas la Gracia y las santas Virtudes, y el Espíritu Santo pueda descender a morar en los templos consagrados que serán los cuerpos de los hombres que viven en la gracia del Señor.

¿Era necesaria el agua para borrar el Pecado? El agua no toca al alma, no. Pero tampoco el signo inmaterial toca la vista del hombre, tan material en todas sus acciones. Bien podía Yo infundir la Vida sin el medio visible. Pero ¿quién lo habría creído? ¿Cuántos son los hombres que saben creer firmemente si no ven? Tomad, pues, de la antigua Ley mosaica el agua lustral[10]372, usada para purificar a los impuros y admitirlos de nuevo, cuando se habían contaminado con un cadáver, en los campamentos. Es verdad, todo hombre que nace está contaminado al tener contacto con un alma muerta a la Gracia. Sea, pues, ésta, con el agua lustral, purificada del contacto impuro y hágasela digna de entrar en el Templo eterno.

Y tened estima por el agua… Después de haber expiado y redimido con treinta y tres años de vida fatigosa culminada en la Pasión, y después de haber dado mi Sangre por los pecados de los hombres, fueron extraídas del Cuerpo desangrado e inmolado del Mártir las aguas saludables para lavar la Culpa original. Con el Sacrificio consumado, Yo os he redimido de aquella mancha. Si en el umbral de la muerte un milagro mío divino me hubiera hecho descender de la cruz, en verdad os digo que, por la sangre derramada habría purificado las culpas, pero no la Culpa. Para ésta ha sido necesaria la consumación total[11]373. En verdad, las aguas saludables de que habla Ezequiel[12]374 han salido de este Costado mío. Sumergid en él a las almas. Que salgan de él inmaculadas para recibir al Espíritu Santo que, en memoria de aquel soplo que el Creador espiró en Adán para darle el espíritu y, por tanto, la imagen y semejanza con El[13]375, volverá a soplar y a morar en los corazones de los hombres redimidos.

Bautizad con mi Bautismo, pero en el Nombre del Dios trino. Porque, en verdad, si el Padre no hubiera querido y el Espíritu no hubiera actuado, el Verbo no se habría encarnado y vosotros no habríais recibido Redención. Por lo cual, es cuestión de justicia y de deber el que todo hombre reciba la Vida por Aquellos que se han unido en querérsela dar, nombrándose al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en el acto del Bautismo, que de mí tomará el nombre de cristiano para diferenciarle de los otros, pasados o futuros, los cuales serán ritos[14]376 pero no signos indelebles en la parte inmortal.

6 Y tomad el Pan y el Vino[15]377 como Yo hice, y, en mi Nombre, bendecid, fraccionad y distribuid; y se nutran de mí los cristianos. Y haced del Pan y del Vino una ofrenda al Padre de los Cielos, inmolándola después en memoria del Sacrificio que Yo ofrecí y llevé a cabo en la Cruz por vuestra salvación. Yo, Sacerdote y Víctima, por mí mismo me ofrecí y sacrifiqué, no pudiendo ninguno, si Yo no hubiera querido, hacer esto de mí.

Vosotros, mis Sacerdotes, haced esto en memoria mía y para que los tesoros infinitos de mi Sacrificio suban impetradores a Dios y desciendan propicios sobre todos aquellos que los invocan con fe segura.

Fe segura, he dicho. No se exige ciencia para gozar del eucarístico Alimento y del eucarístico Sacrificio, sino fe. Fe en que en ese pan y en ese vino que uno, autorizado por mí y por los que después de mí vendrán –vosotros: tú, Pedro, Pontífice nuevo de la nueva Iglesia; tú, Santiago de Alfeo; tú, Juan; tú, Andrés; tú, Simón; tú, Felipe; tú, Bartolomé; tú, Tomás; tú, Judas Tadeo; tú, Mateo; tú, Santiago de Zebedeo–, consagre en mi Nombre es mi verdadero Cuerpo, mi verdadera Sangre; y fe en que quien se nutre de ellos me recibe en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; y fe en que quien me ofrece ofrece realmente a Jesucristo como El se ofreció por los pecados del mundo. Un niño o un ignorante me pueden recibir al igual que pueden hacerlo un adulto y una persona docta. Y el Sacrificio ofrecido aportará a un niño o a un ignorante los mismos beneficios que a cualquiera de vosotros. Basta con que en ellos haya fe y gracia del Señor.

7 Pero vosotros vais a recibir un nuevo Bautismo, el del Espíritu Santo[16]378. Os lo he prometido y se os dará. El propio Espíritu Santo descenderá sobre vosotros. Ya os diré cuándo. Y quedaréis repletos de El, con la plenitud de los dones sacerdotales. Podréis, por tanto, como he hecho Yo con vosotros, infundir el Espíritu Santo de que estaréis repletos[17]379, para confirmar en gracia a los cristianos e infundir en ellos los dones del Paráclito. Sacramento regio poco inferior al Sacerdocio[18]380. Que tenga la solemnidad, pues, de las consagraciones mosaicas[19]381 con la imposición de las manos y la unción con óleo perfumado, en el pasado usado para consagrar a los Sacerdotes. ¡No, no os miréis tan asustados! ¡No estoy diciendo palabras sacrílegas! ¡No os estoy enseñando un acto sacrílego! La dignidad del cristiano es tal, que, lo repito, en poco es inferior a un sacerdocio[20]382. ¿Dónde viven los sacerdotes? En el Templo. Y un cristiano será un templo vivo[21]383. ¿Qué hacen los sacerdotes? Sirven a Dios con oraciones, con sacrificios y cuidando de los fieles. Esto hubieran debido hacer… Y el cristiano servirá a Dios con la oración y el sacrificio y con la caridad fraterna[22]384.

8 Y escucharéis la confesión de los pecados[23]385, así como Yo he escuchado los vuestros y los de muchos[24]386, y he perdonado donde he visto verdadero arrepentimiento[25]387.

¿Os inquietáis? ¿Por qué? ¿Tenéis miedo de no saber distinguir? He hablado otras veces sobre el pecado y sobre el juicio acerca del pecado. Y, al juzgar, acordaos de meditar en las siete condiciones[26]388 por las que una acción puede ser o no pecado, y de distinta gravedad. Resumo. ¿Cuándo se ha pecado y cuántas veces?, ¿quién ha pecado?, ¿con quién?, ¿con qué?, ¿cuál es la materia del pecado?, ¿cuál la causa?, ¿por qué se ha pecado? Pero no temáis. El Espíritu Santo os ayudará[27]389.

Eso sí, con todo mi corazón os conjuro que observéis una vida santa, la cual aumentará de tal manera en vosotros las luces sobrenaturales, que llegaréis a leer sin error el corazón de los hombres y podréis, con amor y autoridad, declarar a los pecadores, temerosos de revelar su pecado o rebeldes para confesarlo, el estado de su corazón, ayudando a los tímidos y humillando a los impenitentes. Recordad que la Tierra pierde al Absolvedor y que vosotros debéis ser lo que Yo era: justo, paciente, misericordioso, pero no débil. Os he dicho: lo que desatéis en la Tierra quedará desatado en el Cielo y lo que aquí atéis quedará atado en el Cielo[28]390. Por tanto, con sopesada reflexión juzgad a cada uno de los hombres sin dejaros corromper por simpatías o antipatías, por regalos o amenazas; imparciales en todo y para todos como es Dios[29]391, teniendo presentes la debilidad del hombre y las insidias de los enemigos.

Os recuerdo que algunas veces Dios permite también las caídas de sus elegidos; no porque le guste verlos caer, sino porque de una caída puede resultar un bien mayor en el porvenir[30]392. Tended, pues, la mano a quien cae, porque no sabéis si esa caída puede ser la crisis que remedia una enfermedad que para siempre termina, dejando en la sangre una purificación que produce salud, en nuestro caso: que produce santidad.

Sed, por el contrario, severos con los que no tengan respeto hacia mi Sangre y, acabada de lavar su alma por el lavacro divino, se arrojen al cieno una y cien veces[31]393.

No los maldigáis, pero sed severos. Exhortadlos. Reciban vuestro llamamiento setenta veces siete. Recurriréis al extremo castigo de separarlos del pueblo elegido sólo cuando su pertinacia en un pecado que escandalice a los hermanos os obligue a actuar para no haceros cómplices de sus acciones. Recordad lo que dije[32]394: “Si tu hermano ha pecado, corrígele a solas. Si no te escucha, corrígele ante dos o tres testigos. Si esto no basta, ponlo en conocimiento de la Iglesia. Si no escucha ni siquiera a la Iglesia, considérale como un gentil y un publicano”.

9 En la religión mosaica el matrimonio es un contrato[33]395. Que en la nueva religión cristiana sea un acto sagrado e indisoluble, sobre el cual descienda la gracia del Señor para hacer de los cónyuges dos ministros suyos en la propagación de la especie humana[34]396.

Tratad desde los primeros momentos de aconsejar al cónyuge procedente de la nueva religión que induzca al cónyuge que aún se halla fuera del número de los fieles a entrar a formar parte de este número, para evitar esas dolorosas divisiones de pensamiento, y consiguientemente de paz, que hemos observado incluso entre nosotros. Pero, cuando se trate de fieles en el Señor, que por ninguna razón se desuna aquello que Dios ha unido.

Y en el caso de una parte que se encuentre, siendo cristiana, unida a otra parte gentil, aconsejo que aquélla lleve su cruz con paciencia y mansedumbre, y también con fortaleza, hasta el punto de saber morir por defender su fe, pero sin abandonar al cónyuge al que se ha unido con su pleno consenso. Este es mi consejo para una vida más perfecta en el estado matrimonial, mientras no sea posible –lo será con la difusión del cristianismo– tener matrimonios de fieles. Entonces sagrado e indisoluble ha de ser el vínculo, y santo el amor[35]397.

Malo sería el que, por la dureza de los corazones, se diera en la nueva fe lo que se dio en la antigua: la permisión del repudio y de la separación para evitar escándalos creados por la libídine del hombre[36]398. En verdad os digo que todos deben llevar su cruz en todos los estados, y también en el matrimonial. Y también os digo en verdad que ninguna presión debe doblegar vuestra autoridad que afirme: “No es lícito” a aquel que quiera pasar a nuevo desposorio antes de que uno de los cónyuges haya muerto[37]399. Os digo que es mejor que una parte corrompida se separe –ella sola o seguida por otros– antes que concederle, por retenerla en el Cuerpo de la Iglesia, algo que sea contrario a la santidad del matrimonio, escandalizando a los humildes y poniéndolos en la tesitura de hacer consideraciones desfavorables a la integridad sacerdotal y sobre el valor de la riqueza o el poder.

Acto serio y santo son las nupcias. Y para mostrar esto estuve en una boda, y allí realicé el primer milagro[38]400. Pero, ¡Ay si degeneran en libídine y capricho! El matrimonio, contrato natural entre el hombre y la mujer, que se eleve de ahora en adelante a contrato espiritual por el cual las almas de dos que se amen juren servir al Señor en un amor recíproco ofrecido a El en obediencia a su imperativo de procreación para dar hijos[39]401 al Señor.

10 Otra cosa… Santiago, ¿recuerdas lo que hablamos en el Carmelo[40]402? Desde entonces te he venido hablando. Pero los otros ignoran esto… Visteis a María de Lázaro ungir mis miembros en la cena del sábado en Betania. En esa ocasión os dije[41]403: “Ella me ha preparado para la sepultura”. En verdad lo hizo. No para la sepultura –ella creía que ese dolor estaba aún lejano–, pero sí para purificar mis miembros de todas las impurezas del camino, para ungirlos y así subiera perfumado con óleo balsámico al trono.

La vida del hombre es un camino. La entrada del hombre en la otra vida debería ser la entrada en el Reino. A todo rey se le unge y perfuma antes de subir a su trono y mostrarse a su pueblo. También el cristiano es un hijo de rey, que recorre su camino en dirección al reino a donde el Padre le llama. La muerte del cristiano no es sino la entrada en el Reino para subir al trono que el Padre le ha preparado. La muerte –para aquel que, sabiendo que está en su gracia, no teme a Dios– no infunde espanto. Ahora bien, purifíquese de todo residuo el cuerpo de aquel que deba subir al trono, para que se conserve hermoso para la resurrección; y purifíquesele el espíritu, para que resplandezca en el trono que el Padre le ha preparado para que aparezca con la dignidad que corresponde al hijo de tan gran rey[42]404. Aumento de la Gracia, cancelación de los pecados de que el hombre tenga pleno arrepentimiento, suscitación de ardoroso deseo del Bien, comunicación de fuerza para el combate supremo: esto ha de ser la unción que se dé a los moribundos cristianos; o, dicho más propiamente, a los cristianos que estén para nacer, porque en verdad os digo que el que muere en el Señor nace a la vida eterna.

Repetid el gesto de María en los miembros de los elegidos. Y que ninguno lo considere indigno de él. Yo acepté de manos de una mujer aquel óleo balsámico. Que todo cristiano se sienta honrado considerándolo una gracia suprema que le viene de la Iglesia de la que es hijo, y que lo acepte del sacerdote para quedar limpio de sus últimas manchas. Y que todo sacerdote gustosamente repita en el cuerpo de su hermano moribundo el acto de amor de María para con el Cristo penante. En verdad os digo que aquello que en aquella ocasión no hicisteis conmigo, dejando que una mujer os llevara la delantera –y ahora pensáis en ello con mucho dolor– podéis hacerlo en el futuro, y tantas veces cuantas sean las que os inclinéis con amor hacia un moribundo para prepararle para su encuentro con Dios. Yo estoy en los mendigos y en los moribundos, en los peregrinos, en los huérfanos, en las viudas, en los prisioneros, en los que tienen hambre, sed o frío, en los que están afligidos o cansados. Yo estoy en todos los miembros de mi místico Cuerpo, que es la unión de mis fieles. Amadme en ellos y ofreceréis reparación por vuestro desamor de tantas veces, y me daréis gran alegría a mí, y a vosotros os daréis mucha gloria[43]405.

11 Y considerad que contra vosotros conspiran el mundo, la edad, las enfermedades, el tiempo, las persecuciones. Evitad, pues, el ser avaros de lo que habéis recibido, y evitad la imprudencia. Transmitid, por esto, en mi Nombre, el Sacerdocio[44]406 a los mejores de entre los discípulos, para que la Tierra no se quede sin sacerdotes. Y que sea un carácter sagrado concedido después de un profundo examen, no verbal sino de las acciones de aquel que pide ser sacerdote, o de aquel a quien juzguéis apto para serlo[45]407.

Pensad en lo que es el Sacerdote; en el bien que puede hacer y en el mal que puede hacer. Habéis visto una muestra de lo que puede hacer un sacerdote venido a menos en su carácter sagrado[46]408. En verdad os digo que por las culpas del Templo esta nación será dispersada. Pero también os digo, en verdad, que igualmente será destruida la Tierra cuando el abominio de la desolación[47]409 entre en el nuevo sacerdocio, conduciendo a los hombres a la apostasía para abrazar las doctrinas infernales. Entonces surgirá el hijo de Satanás, y los pueblos, tremendamente horrorizados, gemirán, y pocos permanecerán fieles al Señor; entonces, entre convulsiones de horror, vendrá el final, tras la victoria de Dios y de sus pocos elegidos[48]410, y descenderá la ira de Dios sobre todos los malditos.

¡Desventura, tres veces desventura si para esos pocos ya no hay santos, los últimos pabellones del Templo de Cristo! ¡Desventura, tres veces desventura si para confortar a los últimos cristianos no hay verdaderos Sacerdotes como los habrá para los primeros!

En verdad, la última persecución, no siendo persecución de hombres sino del hijo de Satanás y de sus seguidores, será horrenda. ¿Sacerdotes? Tan feroz será la persecución de las hordas del Anticristo, que los de la última hora deberán ser más que sacerdotes.

Semejantes al hombre vestido de lino (tan santo, que está al lado del Señor; el hombre de la visión de Ezequiel[49]411), deberán, infatigablemente, con su perfección, marcar una Tau en los espíritus de esos pocos fieles, para que llamas de infierno no la cancelen.

¿Sacerdotes? Angeles. Angeles que agiten el turíbulo cargado de los inciensos de sus virtudes para purificar el aire de los miasmas de Satanás. Angeles? Más que ángeles: otros Cristos[50]412, para que los fieles del último tiempo puedan perseverar hasta el final.Esto es lo que deberán ser.

12 Pero el bien y el mal futuros tienen raíz en el presente. Los aludes empiezan con un copo de nieve. Un sacerdote indigno, impuro, hereje, infiel, incrédulo, tibio o frío, apagado, insípido, lujurioso, hace un daño diez veces superior al que provoca un fiel culpable de los mismos pecados; y arrastra a muchos otros al pecado. La relajación en el Sacerdocio, el acoger doctrinas impuras, el egoísmo, la codicia, la concupiscencia en el Sacerdocio, ya sabéis en donde desembocan: en el deicidio. Y en los siglos futuros ya no se podrá matar al Hijo de Dios, pero sí[51]413 se podrá matar la fe en Dios, la idea de Dios. Por lo cual se llevará a cabo un deicidio aún más irreparable, porque carecerá de resurrección. Sí, se podrá llevar a cabo; lo veo… Podrá ser llevado a cabo por los demasiados Judas de Keriot de los siglos futuros. ¡Un horror!…

¡Mi Iglesia removida de sus quicios por sus propios ministros[52]414! ¡Y Yo sosteniéndola con la ayuda de las víctimas! ¡Y ellos, esos Sacerdotes que tendrán únicamente las vestiduras del Sacerdote, pero no su alma, ayudando a intensificar las olas agitadas por la Serpiente infernal contra tu barca, Pedro! ¡En pie! ¡Yérguete! Transmite esta orden a tus sucesores: “Mano al timón, mano dura con los náufragos que han querido naufragar y tratan de hacer naufragar a la barca de Dios”. Descarga tu mano, pero salva y sigue adelante. Sé severo, porque justo es el castigo contra los hombres rapaces. Defiende el tesoro de la fe[53]415. Mantén alta la luz, como un faro por encima de las olas desatadas, para que los que siguen a tu barca vean y no perezcan. Pastor y nauta para los tiempos tremendos, recoge, guía, levanta alto mi Evangelio, porque en él y no en otra ciencia se halla la salvación.

13 Lo mismo que nos ha sucedido a los de Israel, y aún más profundamente, llegarán tiempos en que el Sacerdocio creerá –por saber sólo lo superfluo, desconociendo lo indispensable, o conociendo sólo su forma muerta, esa forma con que ahora conocen los sacerdotes la Ley, o sea, no el espíritu sino el revestimiento, y exageradamente recargado de adornos– creerá, digo, ser una clase superior. Vendrán tiempos en que el Libro[54]416 quedará substituido por todos los demás libros, y aquél será usado sólo como lo usaría uno que debiera utilizar forzadamente un objeto, o sea, mecánicamente; como un agricultor ara, siembra, recoge, sin meditar en la maravillosa providencia que hay en esa nueva multiplicación de semillas que sucede todos los años: una semilla arrojada a la tierra removida, que se hace tallo y espiga, luego harina y luego pan por paterno amor de Dios. ¿Quién, al llevarse a la boca un trozo de pan alza el espíritu hacia Aquel que creó la primera semilla y desde siglos la hace renacer y crecer, distribuyendo con medida las lluvias y el calor para que germine y se alce y madure sin que se ponga lacia o se queme? Así, llegará el tiempo en que será enseñado el Evangelio científicamente bien, pero espiritualmente mal. Ahora bien, ¿qué es la ciencia si falta la sabiduría? Es paja. Paja que se hincha y no nutre[55]417. Y en verdad os digo que llegará un tiempo en que demasiados de entre los Sacerdotes serán semejantes a pajares llenos, soberbios pajares, que se mostrarán arrogantes con su orgullo de estar muy llenos, como si a sí mismos se hubieran proporcionado esas espigas que coronaron las cañas, como si todavía las espigas estuvieran en la cima de las cañas; y creerán ser todo por tener toda esa paja, en vez del puñado de mies, del verdadero alimento que es el espíritu del Evangelio. ¡Un montón! ¡Un montón de paja! Pero ¿puede bastar la paja? Ni siquiera para el vientre del jumento basta, y, si el amo del jumento no vigoriza al animal con cereales y forraje fresco, el jumento nutrido sólo con paja se debilita e incluso muere. Pues bien, os digo que llegará el momento en que los Sacerdotes, olvidando que con pocas espigas instruí a los espíritus en orden a la verdad, y olvidando cuánto le costó a su Señor ese verdadero pan del espíritu (sacado por entero y solamente de la Sabiduría divina, expresado por la divina Palabra, noble en su forma doctrinal, incansable en repetirse, para que no se pierdan las verdades dichas, humilde en su forma, sin atavíos de ciencias humanas, sin complementos históricos y geográficos), no se preocuparán del alma de ese pan del espíritu, sino sólo del revestimiento con que presentarlo, para hacer ver a las multitudes cuántas cosas saben, y el espíritu del Evangelio quedará difuminado en ellos bajo avalanchas de ciencia humana[56]418. Pero, si no lo poseen, ¿cómo pueden transmitirlo? ¿Qué darán a los fieles estos pajares hinchados? Paja. ¿Qué alimento recibirán de ellos los espíritus de los fieles? Pues lo que no da para más que para arrastrar una mortecina vida. ¿Qué fruto producirán de esta enseñanza y de este conocimiento imperfecto del Evangelio? Pues el enfriamiento de los corazones, el que entren doctrinas heréticas, doctrinas e ideas más que heréticas incluso, en vez de la única, verdadera Doctrina; y la preparación del terreno para la Bestia[57]419, para su fugaz reino de hielo, tinieblas y horror.

En verdad os digo que, de la misma manera que el Padre y Creador multiplica las estrellas para que no se despueble el cielo por las que, terminada su vida, perecen, así, igualmente, Yo tendré que evangelizar muchísimas veces a discípulos a los que distribuiré entre los hombres y a lo largo de los siglos. Y también en verdad os digo que el destino de éstos será como el mío; es decir, la sinagoga y los soberbios los perseguirán como me han perseguido a mí[58]420. Pero tanto Yo como ellos tenemos nuestra recompensa: la de hacer la Voluntad de Dios, y la de servirle hasta la muerte de cruz para que su gloria resplandezca y el conocimiento de El no se apague.

14 Pero tú, Pontífice, y vosotros, Pastores, en vosotros y en vuestros sucesores, velad para que no se pierda el espíritu del Evangelio y orad, incansablemente, al Espíritu Santo para que en vosotros se renueve un continuo Pentecostés –no sabéis lo que quiero decir, pero pronto lo sabréis–, de forma que podáis comprender todos los idiomas y discernir mis voces de las del Simio de Dios: Satán, y elegir aquéllas. Y no dejéis caer en el vacío mis voces futuras[59]421. Cada una de ellas es un acto de misericordia mía para ayudaros; y esas voces, cuanto más vea Yo, por razones divinas, que el Cristianismo las necesita para superar las borrascas de los tiempos, más numerosas serán. ¡Pastor y nauta, Pedro! Pastor y nauta. Llegará el día en que no te bastará con ser pastor, si no eres nauta; ni con ser nauta, si no eres pastor. Ambas cosas deberás ser: para mantener congregados a los corderos (esos corderos que tentáculos y garras feroces tratarán de arrebatarte, o falaces músicas de promesas imposibles te seducirán), y para llevar adelante la barca (esa barca que será embestida por todos los vientos, de Septentrión y Meridión, de Oriente y Occidente; azotada y sacudida por las fuerzas del abismo; asaeteada por los arqueros de la Bestia; lamida por el aliento de fuego del dragón, que barrerá sus bordes con su cola[60]422, de forma que los imprudentes sufrirán el fuego y perecerán cayendo a las enfurecidas olas).

Pastor y nauta en los tiempos tremendos… Tu brújula, el Evangelio. En él están la Vida y la Salvación. Y todo está dicho en él. Todos los artículos del Código santo, todas las respuestas para los múltiples casos de las almas están en él. Y haz que de él no se separen ni los Sacerdotes ni los fieles. Haz que no vengan dudas sobre él, ni alteraciones a él, ni substituciones ni sofisticaciones.

El Evangelio… soy Yo mismo el Evangelio. Desde el nacimiento hasta la muerte. En el Evangelio está Dios. Porque en él aparecen manifiestas las obras del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. El Evangelio es amor. Yo he dicho: “Mi Palabra es Vida”. He dicho[61]423: “Dios es caridad”. Que conozcan, pues, los pueblos mi Palabra y tengan en ellos el amor, o sea, a Dios. Para tener el Reino de Dios. Porque el que no está en Dios no tiene en sí la Vida. Porque los que no reciban la Palabra del Padre no podrán ser una sola cosa con el Padre, conmigo y con el Espíritu Santo en el Cielo, y no podrán pertenecer a ese único Redil que es santo como Yo quiero que lo sea. No serán sarmientos unidos a la Vid, porque quien rechaza en su totalidad o parcialmente mi Palabra es un miembro por el que ya no circula la savia de la Vid. Mi Palabra es savia que nutre y hace crecer y fructificar[62]424.

15 Todo esto lo haréis en recuerdo mio, que os lo he enseñado. Mucho más podría deciros sobre estas cosas. Pero me he limitado a echar la semilla. El Espíritu Santo la hará germinar. He querido daros Yo la semilla, porque conozco vuestros corazones y sé cómo titubearíais, a causa del miedo, por indicaciones espirituales, inmateriales. El miedo a caer en engaño paralizaría vuestra voluntad. Por eso os he hablado –Yo primero– de todas las cosas. Luego el Paráclito os recordará mis palabras y os las ampliará detalladamente. Y no temeréis porque recordaréis que la primera semilla os la di Yo.

Dejaos guiar por el Espíritu Santo. Si mi Mano os ha guiado con dulzura, su Luz es dulcísima. El es el Amor de Dios. Así Yo me marcho contento, porque sé que El ocupará mi lugar y os guiará al conocimiento de Dios. Todavía no le conocéis, a pesar de que os haya hablado mucho de El. Pero no es culpa vuestra. Vosotros habéis hecho de todo por comprenderme y por eso estáis justificados, a pesar de que hayáis comprendido poco en tres años. La falta de la Gracia ofuscaba vuestro espíritu. Ahora también comprendéis poco, aunque la Gracia de Dios haya descendido de mi cruz sobre vosotros.

Tenéis necesidad del Fuego[63]425. Un día hablé de esto a uno de vosotros, yendo por los caminos de las orillas del Jordán.

La hora ha llegado. Vuelvo a mi Padre, pero no os dejo solos, porque os dejo la Eucaristía, o sea, a vuestro Jesús hecho alimento para los hombres. Y os dejo al Amigo: al Paráclito. El os guiará. Paso vuestras almas de mi Luz a su Luz y El llevará a cabo vuestra formación».

16 «¿Nos dejas ahora? ¿Aquí? ¿En este monte?». Están todos desolados.

«No. Todavía no. Pero el tiempo vuela y pronto llegará ese momento».

«¡No me dejes en la Tierra sin ti, Señor! Te he querido desde tu Nacimiento hasta tu Muerte, desde tu Muerte hasta tu Resurrección, y siempre. Pero, ¡demasiado triste sería saber que no estuvieras ya entre nosotros! Escuchaste la oración del padre de Eliseo.

Has acogido las peticiones de muchos. ¡Acoge la mía, Señor!» suplica Isaac, de rodillas, tendidas sus manos hacia adelante.

«La vida que todavía podrías tener sería predicación de mí, quizás gloria de martirio. Supiste ser mártir por amor a mí cuando era niño, ¿temes ahora serlo por amor a mí glorioso?».

«Mi gloria consistiría en seguirte, Señor. Soy pobre e ignorante. Todo lo que podría dar lo he dado con buena voluntad. Ahora lo que querría sería seguirte. Pero hágase como Tú quieres, ahora y siempre».

Jesús pone sobre la cabeza de Isaac la mano, y la mantiene haciendo una larga caricia mientras dice a todos los presentes:

«¿No tenéis preguntas que hacerme? Son las últimas lecciones. Hablad a vuestro Maestro… ¿Veis como los pequeños tienen confianza conmigo?».

En efecto, también hoy Margziam apoya la cabeza en el cuerpo de Jesús, pegándose fuertemente a El; e Isaac tampoco ha mostrado reticencia en exponer su deseo.

«La verdad… Sí… Tenemos preguntas que hacerte… » dice Pedro.

«Pues preguntad».

17 «Sí… Ayer, al declinar del día, cuando nos dejaste, estuvimos hablando entre nosotros sobre lo que habías dicho. Ahora otras palabras se acumulan en nosotros por lo que acabas de decir. Ayer, y también hoy, si lo pensamos bien, has hablado como si fueran a surgir herejías y divisiones, y pronto además. Esto nos hace pensar que tendremos que ser muy prudentes con los que quieran incorporarse a nosotros. Porque está claro que en ellos estará la semilla de la herejía y de la división».

«¿Lo crees? ¿Y no está dividido ya Israel respecto a venir a mí? Tú quieres decir que el Israel que me ha querido, nunca será hereje y nunca estará dividido. ¿No? Pero, ¿acaso ha estado unido alguna vez, desde hace siglos?, ¿acaso estuvo unido, incluso, en los momentos de su antigua formación?[64]426 ¿Y ha estado unido en seguirme? En verdad os digo que está en él la raíz de la herejía».

«Pero…».

«Pero es idólatra y vive en la herejía, desde hace siglos, bajo apariencia externa de fidelidad. Ya conocéis sus ídolos y sus herejías. Los gentiles serán mejores. Por eso, Yo no los he excluido, y os digo que hagáis lo que Yo he hecho.

Esta será para vosotros una de las cosas más difíciles. Lo sé. Pero, traed a vuestra memoria a los profetas. Profetizan la vocación de los gentiles[65]427 y la dureza de los judíos[66]428. ¿Qué razón tendríais para cerrar las puertas del Reino a los que me aman y se acercan a la Luz que su alma buscaba? ¿Los creéis más pecadores que vosotros porque hasta el momento no han conocido a Dios; porque han seguido su religión y la seguirán hasta que no se vean atraídos por la nuestra? No debéis hacerlo. Yo os digo que muchas veces son mejores que vosotros porque, teniendo una religión no santa, saben ser justos.

No faltan los justos en ninguna nación ni religión. Dios observa las obras de los hombres, no sus palabras[67]429. Y si ve que un gentil, por justicia de corazón, hace naturalmente lo que la Ley del Sinaí manda, ¿por qué debería considerarle abyecto? ¿No es aún más meritorio el que un hombre que no conoce el mandato de Dios de no hacer esto o aquello porque está mal se imponga por sí mismo un imperativo de no hacer lo que su razón le dice que no es bueno y lo siga fielmente?… ¿no es esto mayor respecto al mérito relativo de aquel que, conociendo a Dios, fin del hombre, y conociendo la Ley, que permite conseguir este fin, haga continuos compromisos y cálculos para adecuar el imperativo perfecto a la voluntad corrompida? ¿Qué os parece? ¿Creéis que Dios aprecia las escapatorias que Israel ha puesto a la obediencia para no tener que sacrificar mucho su concupiscencia? ¿Qué os parece? ¿Creéis que cuando salga de este mundo un gentil, justo ante Dios por haber seguido la recta ley que su conciencia se impuso, Dios le va a juzgar como demonio? Os digo que Dios juzgará las acciones de los hombres, y el Cristo, Juez de todas las gentes, premiará a aquellos en quienes el deseo del alma tuvo voz de íntima ley para llegar al fin último del hombre, que es unirse de nuevo con su Creador, con el Dios desconocido para los paganos[68]430 pero sentido como verdadero y santo más allá del escenario pintado de los falsos Olimpos.

18 Es más, tened mucho cuidado de no ser vosotros escándalo para los gentiles. Ya demasiadas veces ha sido mancillado el nombre de Dios entre los gentiles por las obras de los hijos del pueblo de Dios[69]431. No intentéis creeros tesoreros absolutos de mis dones y méritos. Yo he muerto por judíos y gentiles. Mi Reino será de todas las gentes. No abuséis de la paciencia con que Dios os ha tratado hasta este momento diciéndoos a vosotros mismos: “A nosotros todo nos está permitido”. No. Os lo digo. Ya no existe éste o aquel pueblo. Existe mi Pueblo[70]432. Y en él tienen el mismo valor los vasos que se han gastado en el servicio del Templo y los que ahora se colocan en las mesas de Dios. Es más, muchos vasos gastados en el servicio del Templo, pero no de Dios, serán arrinconados y, en vez de ellos, sobre el altar, serán colocados los que ahora no conocen ni incienso, ni aceite, ni vino, ni bálsamo, pero están deseosos de llenarse de esto y de ser usados para la gloria de Dios.

No exijáis mucho a los gentiles. Basta con que tengan la fe y con que obedezcan a mi Palabra[71]433. Una nueva circuncisión toma el lugar de la antigua. De ahora en adelante, la circuncisión del hombre es la del corazón[72]434; la del espíritu, mejor aún que la del corazón; porque la sangre de los circuncisos, que significa purificación de aquella concupiscencia que excluyó a Adán de la filiación divina, ha quedado substituida por mi Sangre purísima, la cual es válida en el circunciso y en el incircunciso en cuanto al cuerpo, con tal de que tenga mi Bautismo y de que renuncie a Satanás, al mundo y a la carne por amor a mí. No despreciéis a los incircuncisos. Dios no despreció a Abraham, a quien, por su justicia y antes de que la circuncisión mordiera su carne[73]435, eligió como jefe de su Pueblo. Si Dios estableció contacto con Abraham para transmitirle sus preceptos cuando era incircunciso, vosotros podréis establecer contacto con los incircuncisos para instruirlos en la Ley del Señor. Considerad cuántos pecados han cometido y a qué pecado han llegado los circuncisos[74]436. No seáis, pues, intransigentes con los gentiles.»

«¿Pero tenemos que decirles a ellos lo que Tú nos has enseñado? No comprenderán nada, porque no conocen la Ley».

«Vosotros lo decís. Pero, ¿acaso ha comprendido Israel, que conocía la Ley y los Profetas?».

«Es verdad».

«De todas formas, estad atentos. Diréis lo que el Espíritu os sugiera que digáis, con toda exactitud, sin miedos, sin querer obrar por propia iniciativa. 19 Y cuando de entre los fieles, surjan falsos profetas, los cuales manifestarán sus ideas como si fueran ideas inspiradas, y serán los herejes, pues combatid con medios más estables que la palabra sus doctrinas heréticas. Pero no os preocupéis. El Espíritu Santo os guiará. Yo nunca digo nada que no se cumpla».

«¿Y qué vamos a hacer con los herejes?».

«Combatid con todas las fuerzas la herejía en sí misma, pero tratad, con todos los medios, de convertir para el Señor a los herejes. No os canséis de buscar las ovejas descarriadas para conducirlas de nuevo al Redil. Orad, sufrid, incitad a orar y a sufrir, id pidiendo sacrificios y sufrimientos a los puros, a los buenos, a los generosos, porque con estas cosas se convierten los hermanos. La Pasión de Cristo continúa en los cristianos. No os he excluido de esta gran obra que es la Redención del mundo[75]437. Sois todos miembros de un único cuerpo. Ayudaos entre vosotros, y quien esté sano y sea fuerte que trabaje para los más débiles, y quien esté unido que extienda las manos y llame a los hermanos que están lejos[76]438».

«¿Pero los habrá, después de haber sido hermanos bajo un mismo techo?».

«Los habrá».

«¿Y por qué?».

«Por muchas razones. Llevarán todavía mi Nombre. Es más, se gloriarán de él. Trabajarán por extender el conocimiento de mi Nombre. Contribuirán a que Yo sea conocido hasta en los últimos confines de la Tierra. No se lo impidáis, porque os recuerdo que el que no está contra mí está de mi parte[77]439. Pero… ¡pobres hijos! Su trabajo será siempre parcial; sus méritos, siempre imperfectos. No podrán estar en mí si están separados de la Vid. Sus obras serán siempre incompletas. Vosotros –digo “vosotros” y hablo a los que os sucederán– id a donde estén ellos; no digáis farisaicamente: “No voy para no contaminarme, o perezosamente: “No voy porque ya hay quien predica al Señor”, o temerosamente: “No voy para no ser repelido por ellos”. Id. Id, os digo. A todas las gentes. Hasta los confines del mundo. Para que sea conocida toda mi Doctrina y mi Unica Iglesia, y las almas tengan la manera de entrar a formar parte de ella[78]440».

«¿Y diremos o escribiremos todas tus acciones[79]441?».

«Os he dicho que el Espíritu Santo os aconsejará sobre lo que conviene decir o callar según los tiempos. Ya veis que todo lo que he realizado es creído o negado, y que algunas veces, blandido por manos que me odian, se toma como arma contra mí. Me han llamado Belcebú cuando, como Maestro y en presencia de todos, obraba milagros. ¿Qué dirán ahora, cuando sepan que tan sobrenaturalmente he obrado? Seré blasfemado más aún. Y vosotros seríais perseguidos antes de su momento. Por tanto, callad hasta que llegue la hora de hablar».

20 «¿Pero y si esa hora llegara cuando ya nosotros, testigos, hubiéramos muerto?».

«En mi Iglesia habrá siempre sacerdotes, doctores, profetas, exorcistas, confesores, obradores de milagros, inspirados[80]442: todo lo que ella requiere para que las gentes reciban de ella lo necesario. El Cielo, la Iglesia triunfante, no dejará sola a la Iglesia docente, y ésta socorrerá a la Iglesia militante. No son tres cuerpos. Son un solo Cuerpo.

No hay división entre ellas, sino comunión de amor y de fin: amar la Caridad; gozar de la Caridad en el Cielo, su Reino. Por eso, también la Iglesia militante deberá, con amor, aportar sufragios a esa parte suya que, destinada ya a la triunfante, todavía se encuentra excluida de ésta por razón de la satisfactoria reparación de las faltas absueltas pero no expiadas enteramente ante la perfecta divina Justicia. En el Cuerpo místico todo debe hacerse en el amor y por el amor, porque el amor es la sangre que por él circula. Socorred a los hermanos que purgan. De la misma manera que he dicho que las obras de misericordia corporales os conquistan un premio en el Cielo, también he dicho que os lo conquistan las espirituales. Y en verdad os digo que el sufragio para los difuntos, para que entren en la paz, es una gran obra de misericordia, por la cual Dios os bendecirá y os estarán agradecidos[81]443 los beneficiarios del sufragio. Os digo que cuando, en el día de la resurrección de la carne, estéis todos congregados ante Cristo Juez[82]444, entre aquellos a quienes bendeciré estarán los que tuvieron amor por los hermanos purgantes ofreciendo y orando por su paz. Ninguna buena acción quedará sin fruto, y muchos resplandecerán vivamente en el Cielo sin haber predicado ni administrado ni realizado viajes apostólicos, sin haber abrazado especiales estados, sino solamente por haber orado y sufrido por dar paz a los purgantes, por llevar a la conversión a los mortales. También estas personas, sacerdotes a quienes el mundo desconoce, apóstoles desconocidos, víctimas[83]445 que sólo Dios ve, recibirán el premio de los jornaleros del Señor, pues habrán hecho de su vida un perpetuo sacrificio de amor por los hermanos y por la gloria de Dios. En verdad os digo que a la vida eterna se llega por muchos caminos, y uno de ellos es éste, y muy apreciado por mi Corazón. 21 ¿Tenéis alguna otra cosa que preguntar? Hablad».

«Señor ayer, y no sólo ayer, pensábamos que habías dicho: “Os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel”. Pero ahora somos once…».

«Elegid al duodécimo. Es tarea tuya, Pedro».

«¿Mía? ¡Mía no, Señor! Indícalo Tú».

«Yo elegí a mis Doce una vez, y los formé. Luego elegí a su cabeza[84]446. Luego les di la Gracia e infundí en ellos el Espíritu Santo. Ahora es tarea suya andar, porque ya no son lactantes incapaces de caminar».

«Pero dinos, al menos, dónde debemos poner nuestros ojos…».

«Mirad, ésta es la parte selecta del rebaño» dice Jesús, señalando en círculo a los que, de los setenta y dos, están presentes.

«Nosotros no, Señor. Nosotros no. El puesto del traidor nos da miedo» suplican éstos.

«Tomamos a Lázaro. ¿Quieres, Señor?».

Jesús calla.

«¿José de Arimatea? ¿Nicodemo?…».

Jesús calla.

«¡Claro, Lázaro!».

«¿Y al amigo perfecto queréis darle el lugar que vosotros no queréis?» dice Jesús.

«Señor, quisiera decir algo» dice el Zelote.

«Habla».

«Lázaro, por amor a ti, estoy seguro de ello, tomaría incluso ese lugar, y lo ocuparía de una manera tan perfecta, que haría olvidar de quién fue ese puesto. Pero, por otros motivos, no me parece conveniente hacerlo. Las virtudes espirituales de Lázaro están en muchos de entre los humildes de tu rebaño. Y creo que sería mejor dar a éstos la prioridad, para que los fieles no digan que se buscó sólo el poder y las riquezas –cosa de fariseos–, en vez de la virtud a secas».

«Bien has hablado, Simón; y más aún considerando que has hablado con justicia sin que la amistad con Lázaro te pusiera cortapisas».

«Pues le hacemos a Margziam el apóstol duodécimo. Es ya un jovencito».

«Yo, para borrar ese vacío horrendo, aceptaría; pero no soy digno. ¿Cómo podría hablar yo, siendo sólo un jovencito, a un adulto? Señor, di si no tengo razón».

«Tienes razón. De todas formas, no tengáis prisa. Llegará el momento, y os asombraréis entonces de tener todos un pensamiento común. Orad, mientras tanto. Yo me marcho. Retiraos en oración. Me despido de vosotros por ahora. Y esmeraos en estar todos, para el decimocuarto de Ziv en Betania».

Se levanta. Y todos se arrodillan, se postran, rostro en tierra, entre la hierba. Los bendice. Entonces la luz –servidora suya que le anuncia y precede cuando viene y le envuelve cuando se marcha– le abraza y oculta, absorbiéndole una vez más.

637. El adiós a la Madre antes de subir al Padre. Todo lo tenemos por María.

22 de febrero de 1944.

1       Veo otra vez la habitación habitada por María. Las señales de la Pasión han desaparecido.

La Virgen está sentada y lee. Deben ser libros sagrados. No, ciertamente no está leyendo otra cosa en ese rollo que tiene entre sus manos. Ya no se la ve torturada. Su rostro resulta ahora más grave que antes de la Pasión. Sin ser aquel rostro trágico, aparece más maduro. Ahora tiene aspecto majestuoso, aunque sereno.

La hora parece matutina. Efectivamente, ya luce un bonito Sol, que, por la ventana abierta, entra en la tranquila habitación, pero se ve que el jardín (un jardín cercado por altas tapias, al cual da la ventana) está todavía lleno del frescor del rocío.

2       Entra Jesús, todavía con su espléndida vestidura de la mañana de la Resurrección. Su Rostro emana fulgor. Sus heridas son pequeños soles. María se arrodilla sonriendo. Luego se alza y le besa en la Mano derecha. Jesús la estrecha contra su Corazón y la besa en la frente, sonriendo, y le pide un beso, que María da, también en la Frente.

«Mamá. Mi tiempo de permanencia en la Tierra ha terminado. Subo al Padre. He venido para una especial despedida de ti, y para mostrarme a ti, una vez más, con el aspecto que tendré en el Cielo. No he podido mostrarme a los hombres con esta figura de esplendor: no habrían podido soportar la belleza de mi Cuerpo glorificado, una belleza que supera demasiado sus posibilidades. Pero a ti, Mamá, sí. Y vengo a inundarte de alegría otra vez con ella. Besa mis Heridas. Que Yo sienta en el Cielo el perfume de tus labios y que a ti te quede en los labios la dulzura de mi Sangre.

3 Pero estáte segura, Mamá, de que nunca te dejaré. Saldré de tu corazón durante esos pocos instantes requeridos por la consagración del Pan y del Vino, para volver luego, después de esa fatigosa separación de ti, con un ansia de amor pareja a la tuya, ¡Oh Cielo mío vivo cuyo Cielo soy Yo! No habremos estado nunca tan unidos como de ahora en adelante. Al principio, mi incapacidad embrional; luego, mi infancia; luego, la lucha de la vida y del trabajo; luego, la misión; en fin, la Cruz y el Sepulcro: estas cosas me interponían distancia, y obstáculo para decirte cuánto te amo. Pero ahora estaré en ti no ya como una criatura en formación; estaré a tu lado no ya en medio de los obstáculos del mundo que veda la fusión de dos que se aman: ahora estaré en ti como Dios; y nada, nada, ni en la Tierra ni en el Cielo, podrá separarnos a mí de ti ni a ti de mí, Madre Santa. Te diré palabras de inefable amor, te haré caricias de indescriptible dulzura. Y tú me amarás por quien no me ama.

¡Oh, tú colmas la medida del amor, que el mundo no dará a Cristo, con tu amor perfecto, Mamá! Por eso, más que un adiós, mi despedida es como la de uno que saliera un momento a este jardín florido a coger rosas y azucenas. Pero Yo te traeré del Cielo otras rosas y otras azucenas más hermosas que éstas que aquí han florecido. Te llenaré de ellas el corazón, Mamá, para hacerte olvidar el hedor de la Tierra, que no quiere ser santa, y anticiparte la brisa del bienaventurado Paraíso donde con tanto amor se te espera.

Y el Amor, que no sabe esperar, vendrá a ti dentro de diez días. Adórnate con tu más hermosa alegría, Oh Madre Virgen, que tu Esposo viene. El invierno ha pasado… Las viñas florecidas emanan su perfume, y El canta[85]451: “¡Alzate, Oh llena de hermosura! ¡Ven, Esposa mía, que serás coronada!”. Con su Fuego te coronará, ¡Oh Santa!, y te hará feliz con su Espíritu, que se infundirá en ti con todos sus esplendores, ¡Oh Reina de la Sabiduría!, Reina suya, que has sabido comprenderle desde la aurora de tu vida y amarle como ninguna criatura en el mundo, jamás amó.

4 Madre, subo al Padre nuestro. A ti, Bendita, la bendición de tu Hijo».

María resplandece en su éxtasis, en esta habitación resplandeciente por la luz de Cristo.

5 Dice Jesús:

«No hagáis, hombres, objeto de polémica el hecho de si era o no posible que Yo cambiara de figura. Ya no era el Hombre vinculado a las necesidades del hombre. Tenía al Universo como escabel de mis pies y todas las potencias como siervas obedientes. Y si, mientras era el Evangelizador, había podido transfigurarme en el Tabor, ¿no iba a poder transfigurarme para mi Madre siendo ya el Cristo glorioso? O mejor: ¿no iba a poder cambiar de figura para los hombres y aparecerme a Ella como ya era: divino, glorioso, transfigurado en Aquel que en realidad era, en vez de con esa figura de Hombre con que me mostraba a todos? Ella, además, me había visto –¡pobre Mamá!– transfigurado por los padecimientos; era justo que me viera transfigurado por la Gloria.

6 No hagáis objeto de polémica el si Yo podía estar realmente en María. Si decís que Dios está en el Cielo y en la Tierra y en todas partes, ¿por qué sois capaces de dudar el que Yo pudiera estar contemporáneamente en el Cielo y en el Corazón de María, que era un vivo Cielo? Si creéis que estoy en el Sacramento y cerrado dentro de vuestros ciborios, ¿por qué podéis dudar que Yo estuviera en este purísimo y ardentísimo Ciborio que era el Corazón de mi Madre?

¿Qué es la Eucaristía? Es mi Cuerpo y mi Sangre unidos a mi Alma y a mi Divinidad. Pues bien, cuando Ella me concibió, ¿acaso tenía algo distinto en su seno? ¿No tenía al Hijo de Dios, al Verbo del Padre con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad? Si vosotros me tenéis, ¿no es, acaso, porque María me tuvo y me dio a vosotros, después de haberme llevado nueve meses? Pues bien, de la misma manera que dejé el Cielo para morar en el seno de María, ahora, que dejaba la Tierra, elegía el seno de María como Ciborio para mí. ¿Y qué ciborio, en qué catedral, es más hermoso y santo que éste?

La Comunión es un milagro de amor que hice por vosotros, hombres. Pero en la cima de mi pensamiento de amor, resplandecía el pensamiento de infinito amor de poder vivir con mi Madre y hacer que viviera Ella conmigo hasta que nos reuniéramos en el Cielo.

7 El primer milagro lo hice para alegría de María, en Caná de Galilea. El último milagro –es más: los últimos milagros–, para el consuelo de María, en Jerusalén. La Eucaristía y el velo de la Verónica: éste, para poner una gota de miel en la amargura de la Desolada; aquél, para que no sintiera que Jesús ya no estuviera en la Tierra. ¡Todo, todo, todo –comprendedlo de una vez por todas– lo tenéis por María! Deberíais amarla y bendecirla cada vez que respirarais.

El velo de la Verónica es también un aguijón para vuestra alma escéptica. Comparad –vosotros, racionalistas, tibios, inseguros en la fe, vosotros que os conducís por secos exámenes– el Rostro del Sudario y el de la Sábana: uno es el Rostro de un vivo, el otro es el de un muerto; pero la altura, la anchura, los caracteres somáticos, la forma, las características son iguales. Superponed las imágenes. Veréis que corresponden la una a la otra. Soy Yo. Yo que quise recordaros cómo era y en qué me convertí por amor a vosotros. Si no estuvierais definitivamente extraviados, si no fuerais ciegos, deberían bastar esos dos Rostros para llevaros al amor, al arrepentimiento, a Dios. El Hijo de Dios os deja, bendiciéndoos con el Padre y con el Espíritu Santo».

[1] 363 Expresión muy significativa para dar a entender los siete sacramentos, que tienen su eficacia de la cruz de Jesús.

[2] 364 Es decir a los justos que han vivido hasta mi Muerte, distintos de los próximos (para los cuales se requiere un medio). Cfr. 1 Cor. 10, 1–13; 1 Pe. 3, 18–22, etc.

[3] 365 Cfr. Heb. 3, 1 – 10, 18.

[4] 366 Cfr. Rom. 6, 1–11; Hebr. 7, 26–28; 9, 1 – 10, 18; 1 Pe. 3, 18.

[5] 367 Cfr. Ju. 20, 17.

[6] 368 son María por obra de Dios y Jesús por naturaleza divina. Concepto corroborado en 642.3.

[7] 369 Cfr. 1 Cor. 11, 23–34.

[8] 370 Cfr. Ez. 9.

[9] 371 He aquí algunos textos referentes al bautismo: Mt. 3, 1 – 4, 11 y lugares paral. 10, 35–40, etc. Ju. 1, 19–34; Ef. 4, 1–6;Col. 2, 9–15, etc.

[10] 372 como en el ritual prescrito en Números 19, 17-22

[11] 373 Para entender en qué sentido se llame “necesaria” cfr. S. Thom. Sum. Theol. pars III, qu. I art. II.

[12] 374 Cfr. Ez. 47, 1-12; Zac. 14, 1–11; Ju. 4, 1–42; 7, 37–39.

[13] 375 Cfr. Gén. 1, 27; 2, 7.

[14] 376 Esta explicación, además de original es muy exacta.

[15] 377 Una exposición sobre la Eucaristía.

[16] 378 Cfr. Lc. 24, 44–49; Ju. 7, 37–39; Hech. 1, 6–8.

[17] 379 Cfr. Hech. 2, 1–13.

[18] 380 Aquí trata del Sacramento de la Confirmación. Cfr. Hech. 8, 14–17, y cfr. también Pontificale Romanum, De officio in feria quinta in Coena Domini, cum banedicitur Oleum cathecumenorum et Infirmorum et conficitur Chrisma, oración que proviene del siglo VII.

[19] 381 como las prescritas en: Exodo 29, 1-35; 30, 22–33; Levítico 8.

[20] 382 Cfr. 1 Pe. 2, 4–10.

[21] 383 Cfr. 1 Cor. 3, 16–17; 2 Cor. 6, 11–18. Y en cuanto a la razón por la que nos hacemos templos de Dios, cfr. Rom. 5, 5; 8, 14–17; Gal. 4, 4–7.

[22] 384 Cfr. por ej. Ju. 4, 21–24; Rom. 12, 1–15; Flp. 3, 1–3; 4, 10–20, etc

[23] 385 Aquí se empieza a hablar del Sacramento de la Penitencia. Cfr. Mt. 16, 13–20; 18, 18; Ju. 20, 19–23.

[24] 386 En el N. Testamento no se habla jamás de una “espontánea confesión” de los pecados que hubieran hecho los pecadores a Jesús, Apóstoles y Presbíteros, pero es admisible, porque psicológicamente es imposible que un pecador –especialmente enfermo y sobre todo hebreo– se encuentre en contacto con un Médico espiritual, taumaturgo o no, y bajo la presión del temor o amor, fruto del dolor, no le abra el corazón con el fin de obtener el perdón de Dios por un siervo suyo.

[25]

387 He aquí algunos textos referentes al perdón de Dios: Mt. 1, 18–21; 16, 13–20 y lugares paralelos. Ju. 8, 1–11; 20, 19–23; Hech. 3, 11–26; Rom. 11, 25–36; 1 Tim. 5, 17–24; Hebr. 1, 1–4; 5, 1–10, etc.

[26] 388 como las enunciadas y explicadas en 126.2/8.

[27] 389 Cfr. Ju. 20, 19–23.

[28] 390 Cfr. Mt. 16, 13–20; 18, 15–18.

[29] 391 Cfr. Deut. 10, 12–22; Gal. 2, 1–10.

[30] 392 Cfr. Eccli. 15, 11–21; Rom. 5, 1–5.

[31] 393 Cfr. Hebr. 6, 4–8; 10, 26–31.

[32] 394 Cfr. Mt. 18; también Didascalia et constitutiones Apostolorum, edit. F. X. Funk, Paderbornae, 1906, p. 46-154, passim.

[33] 395 Aquí empieza a hablar del Sacramento del matrimonio. Cfr. como en Tobías 7, 1-4

[34] 396 Cfr. Ef. 5, 21–33; 1 Tim. 2, 9–15.

[35] 397 Cfr. Mt. 5, 27–32; 19, 1–9; Mc. 10, 1–12; Lc. 16, 18; 1 Cor. 7; Rom. 7, 1–3.

[36] 398 399 Cfr. Mt. 14, 3–12 y lugares paralelos.con el divorcio prescrito en Deuteronomio 24, 1-4; Mt. 19, 1–11..

[37]

[38] 400 Cfr. Ju. 2, 1–12.

[39] 401 La Escritora afirma, pues, los dos elementos del matrimonio: el amor mutuo entre los dos cónyuges, y la procreación. Cfr. para ilustración Con. Ecum. Vaticano II, Constitución pastoral “Gaudium et Spes” acerca de la Iglesia en el mundo contemporáneo, parte II, cap. I n. 47–52.

[40] 402 Aquí empieza a hablar sobre el Sacramento de la Unción de los enfermos, para esto cfr. lo que dice el Conc. Vaticano II, en su Constitución sobre la Sagra Liturgia, cap. 3, n. 73. Además, en el capítulo 258; en la cena del sábado en Betania, en 586.6/8.

[41] 403 Cfr. Mt. 26, 6–13; Mc. 14, 3–9; Ju. 12, 1–11.

[42] 404 Cfr. por ej. Rom. 8, 14–30; Gal. 4, 1–7; 1 Ju. 3, 1 – 5, 13.

[43] 405 Cfr. Mt. 10, 40–42; 18, 1–11; 25, 31–46; Mc. 9, 33–41; Lc. 9, 46–48; Ju. 13, 20. Estas palabras de Jesús han creado héroes de la caridad, por e j.: S. Camilo de Lellis, S. Juan de Dios, S. Vicente de Paul, etc

[44] 406 Aquí se empieza a hablar del sacramento del Orden Sagrado al sumo del cual hay el Sacerdocio.

[45] 407 Cfr. Mt. 10; Mc. 6, 6–13; Lc. 9, 1–6; 10, 1–12; Ju. 13–17; 1 Tim. 3, 1–16; 2 tim. 2, 22–26; Tit. 1, 5–9; Heb. 5, 1–4; 8, 1–5; 1 Pe. 5, 1–4.

[46] 408 Alusión a Judas de Keriot.

[47] 409 Cfr. Dan. 9–12; Mt. 24, 15–25.

[48] 410 En el sentido de Mt. 22, 1–14; Lc. 12, 22–34; Ju. 10, 1–21.    

[49] 411 Cfr. Ez. 9–10.

[50] 412 Cfr. Gal. 2, 15–21; Col. 3, 1–4

[51] 413 Cfr. Mt. 24, 12.

[52] 414 No cabe duda alguna que en la Iglesia de Dios hubo, hay y habrá sacerdotes y religiosos indignos de este nombre, pero también los habrá que lo lleven con honor, cfr. Mt. 16, 18; 24, 15–22; Mc. 13, 14–23.

[53] 415 Muchos son los lugares en que se habla en el N.T. de la fe, de la sana doctrina que debe conservarse, divulgarse, de la incredulidad y falsas doctrinas que deben evitarse. He aquí algunos ejemplos: Mt. 5, 13–16; 7, 15–27 y lugares; Rom. 4; 1 Cor.1, 10 – 4, 21; Gal. 2, 15 – 3, 29; 2 Ped. 5, 1–4; Jdt. 5–7, etc

[54] 416 En realidad en varios siglos ha habido la propensión de sustituir el evangelio por obras paganas, digamos por ej. Los siglos IX, XIV y XV. Sin embargo en la iglesi de Dios jamás se han apagado las voces, entre las que está la del Segundo Con. Vat. en su Constitución Dogmática “Dei verbum”.

[55] 417 Cfr. 1 Cor. 1, 17 – 4, 21; 8, 1–4; 13.

[56] 418 El mejor medio de estudiar la Biblia es tratarla no sólo como un libro humano, sino como lo es, un libro divino. El Conc.Vat. II, resumiendo y adaptando las normas escritas en las Encíclicas de León XIII, Benedicto XV, Pío XII y en otros documentos, ha sintetizado el método del estudio. Cfr. Constitución dogmática “Dei Verbum”, cap. III, n. 12.

[57] 419 Cfr. Dan. 7; Ap. 12–13.

[58] 420 Cfr. Mt. 5, 11–12; 23, 33–39; Lc. 11, 49–51; Ju. 15, 18 – 16, 4; Rom. 12, 14–21.

[59] 421 Cfr. Rom. 12, 3–8; 1 Cor. 12. Conc. Vat. II Constitución Dogmática “Lumen gentium” cap. II. El Pueblo de Dios, n. 12.

[60] 422 Acerca de la Bestia cfr. Dan. 7, y especialmente Ap. 12–13.

[61] 423 Cfr. 1 Ju. 4, 7 – 5, 4.

[62] 424 Cfr. Conc. Vat. II, Constitución dogmática “Lumen gentium”, cap. 1, El misterio de la Iglesia nn. 6–7.

[63] 425 Cfr. Mt. 3, 1–12; Lc. 3, 15–18; Hech. 2, 1–13; Hebr. 12, 29.

[64] 426 Cfr. por ej. 3 Rey. 12.

[65] 427 por ejemplo en: Is. 2, 1–15; 45, 14-17; 49, 5-6; 55, 5; 60; Jer. 12, 14–16; 16, 19-21; todo el libro de Jon.; Miqueas 4, 1-2; Sofonías 3,9-10; Zacarías 8, 20-23. Y profetizan la dureza de los judíos; por ejemplo, en: Exodo 32, 7-14; 33, 5; 34, 8; Deuteronomio 9, 1-14; 31, 24-27; 2 Crónicas 30 7-8; 36, 14-16; Jeremías 3, 6-25,; 4, 1-4; 7, 21-28; Ezequiel 2, 3-8; 3, 4-9; 6, 11-14; 7, 15-27; 8; 11, 2-12; 20; 22.

[66] 428 Cfr. por ej. Ex. 32, 7–14; Deut. 9, 1–14; Mt.23; Lc. 11, 37–54.

[67] 429 Cfr. por ej. Is. 29, 13–14; Mt. 7, 21–23.

[68] 430 Cfr. Hech. 17, 16–34.

[69] 431 Cfr. Ez. 36, 16–32; Rom. 2, 17–24.

[70] 432 Cfr. Conc. Ecum. Vat. II. Constitución dogmática sobre la Iglesia, cap. II, el Pueblo de Dios, n. 9–17.

[71] 433 Cfr. Hech. 10–11; Gál. 2.

[72] 434 Cfr. Lev. 26, 41–42; Ez. 44, 4–9; Hech. 7, 51–54; Flp. 3, 1–7.

[73] 435 Cfr. Gén. 12, 1–25, 11; Hech. 7, 1–8; Rom. 4.

[74] 436 Cfr. Mt. 5, 11–20; Lc. 11, 49–51; Ju. 15, 18 – 16, 4; Rom. 12, 14–21.

[75] 437 Esta asociación y cooperación se manifiesta en el sacrificio eucarístico, en los sacramentos, en la predicación de la Palabra de Dios, en el múltiple ejercicio de la caridad. En cuanto a la asociación de los cristianos con el sacrificio de Cristo, cfr. 2 Cor. 1, 3–11; Col. 1, 24–29.

[76] 438 Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto sobre el Ecumenismo; Constitución dogmática “Lumen gentium” sobre la Iglesia, cap. I, nn. 13–17.

[77] 439 Cfr. Mc. 9, 38–40; Lc. 9, 49–50

[78] 440 Cfr. Mt. 28, 16–20; Mc. 16, 14–20. Cfr. también conc. Ecum. Vat. II, Decreto “Ad gentes” sobre la actividad misionaria de la Iglesia.

[79] 441 Cfr. Ju. 21, 24–25.

[80] 442 Cfr. Hech. 13, 1–3; 1 Cor. 12, 27 – 13, 13.

[81] 443 Cfr. 2 Mac. 12, 38–46, y los ritos que la iglesia observa en las exequias.

[82] 444 He aquí algunos lugares explícitos en la Biblia acerca de la resurrección de los cuerpos: 2 Mac. 7, 38–46; Dan. 12, 1–4;Mt. 22, 23–33; Hech. 17, 22–34; Rom. 6, 1–11; 1 Cor. 6, 12–20; 15; 1 Tes. 4, 13–18; 2 Tim. 2, 1–19.

[83] 445 En esta Obra se alaban las almas “víctima”. La misma Escritora, Valtorta, desde su juventud se ofreció a la Justicia divina para que no triunfase el ateismo, y para la unión de todos los cristianos en una sola única Iglesia.

[84] 446 Cfr. Mt. 16, 13–20; Lc. 22, 31–32; Ju. 21, 15–18; La figura de Pedro aparece en las listas como el primero cfr. Mt. 10, 1–4; Mc. 3, 13–19; Lc. 6, 12–16; Hech. 1, 12–14, etc.; en sus intervenciones: Mt. 16, 13–20; 18, 21–22; Ju. 6, 67–71; Hech. 2, 14 – 5, 33, etc.

[85] 451 como en Cantar de los cantares 2, 11–13.

Ahondando en el misterio de la Santísima Trinidad

María Valtorta extractos

Vol 3 cap 160 Jesús ante el sepulcro del justo Hillel junto al rabí Gamaliel Pag 9-10

Dice Jesus

«Dios y su Verbo. Porque el Verbo conoce al Pensamiento y el Pensamiento conoce al Verbo, y le ama, comunicándose a El con sus tesoros para hacerle partícipe de sí. El Amor estrecha los lazos y hace de Ellos una sola Perfección. Es la Trinidad que se ama y que divinamente se forma, se genera, procede y completa3. Todo pensamiento santo ha nacido en la Mente perfecta y se refleja en la mente del justo. ¿Puede, entonces, el Verbo ignorar los pensamientos de los justos, que son los pensamientos del Pensamiento?».

Vol 3 Segundo Año Cap 165 verso 4 La elección de los doce apóstoles pág. 27-28, después del retiro espiritual de una semana en las cuevas del monte hacia el oeste del lago de Tiberíades.

Dice Juan de Zebedeo

4 «¿Qué otras cosas sabes más que los otros?».

«Lo que me ha dicho el Señor en esta gruta. Jesús, no he ido ninguna vez a tu cueva, lo cual creo que habrá sido interpretado por los compañeros como indiferencia y soberbia, pero no me importa lo que piensen. Sé que sabes la verdad. No iba donde Jesucristo, Hijo de Dios encarnado, pero lo que Tú eres en el seno del Fuego que es el Amor eterno de la Trinidad Santísima, su Naturaleza, su Esencia, su verdadera Esencia –¡la verdad es que no sé expresar todo lo que he comprendido en esta tétrica cueva oscura que de tantas luces se ha llenado para mí; en esta fría caverna en que he ardido en un fuego que no tenía forma sensible pero que ha entrado a mis adentros encendiéndolos con llama de dulce martirio; en este antro silencioso, que me ha cantado verdades celestiales!–, lo que Tú eres, Segunda Persona del inefable Misterio que es Dios y que yo penetro porque Dios me ha aspirado hacia sí, eso, lo he tenido siempre conmigo8. Todos mis deseos, lágrimas, preguntas se han derramado sobre tu pecho divino, Verbo de Dios. Y ninguna de las palabras, entre las tantas que te he escuchado, ha tenido la amplitud de la que aquí me has dicho, Tú, Dios Hijo, Tú, Dios como el Padre, Tú, Dios como el Espíritu Santo, Tú, Tú que eres el perno de la Tríada… ¡Oh, quizás es una blasfemia, pero me parece que es así, porque sin ti, amor del Padre y al Padre, faltaría el Amor, el Divino Amor, y la Divinidad ya no seria Trina, y le faltaría el atributo más propio de Dios: su amor! ¡Oh, mucho tengo aquí dentro, pero es como agua que gorgotea contra un dique sin poder salir… y me da la impresión de que fuera a morir por lo violento y sublime de la convulsión que ha penetrado mi corazón desde que te he comprendido… Y por nada del mundo querría verme despojado de ello… ¡Haz que muera de este amor, mi dulce Dios!».

Volumen 3 Segundo Año Cap 171 verso 1 Tercer discurso en la montaña, refiriéndose a los 10 mandamientos

…No modifico ni siquiera una jota de la Ley. ¿Quién la dio entre los rayos del Sinaí?38: el Altísimo. ¿Quién es el Altísimo?: el Dios uno y trino. ¿De dónde la ha tomado?: de su Pensamiento. ¿Cómo la ha dado?: con su Palabra. ¿Por qué la ha dado?: por su Amor.

Ved, pues, que la Trinidad estaba presente. Y el Verbo, obediente39 como siempre al Pensamiento y al Amor, habló por el Pensamiento y el Amor….

Vol 3 Segundo Año Cap 196 verso 7 Pág. 234 Jesús les habla a los apóstoles de María

A Alfeo, que había superado ya los ocho años y que la quería mucho, le impresionó esta respuesta, y, al día siguiente, habiéndola encontrado junto a su pequeña gruta buscando flores, le preguntó: “María, cuando seas mujer, ¿me querrías por esposo?” (todavía le duraba la emoción de la fiesta nupcial a la que había asistido). Ella respondió: “Yo te quiero mucho, pero no te veo como hombre. Te diré un secreto: yo veo sólo las almas de los seres vivientes, y las amo mucho, con todo mi corazón. Y veo sólo a Dios como ‘verdadero Ser viviente’ a quien ofrecerme”. Bien, éste es un episodio».

«¡¡¡”Verdadero Ser viviente”!!! ¡Sabes que es profunda esa palabra?» exclama Bartolomé.

Y Jesús, humildemente y con una sonrisa: «Era la Madre de la Sabiduría».

«¡Era?… ¡Pero no tenía tres años?».

«Era. Yo vivía ya en Ella, siendo Dios en Ella, desde su concepción, en la Unidad y Trinidad perfectísima».

Vol 3 Segundo Año Cap 207 verso 9 Pág. 314 En la gruta de Belén con Maria

 «¿Qué somos ahora nosotros?» pregunta Jesús.

«¿Nosotros? ¡Hombre, pues Jesús, María y Simón!».

«De acuerdo, pero ¿cuántos somos?».

«Tres, Maestro».

«Entonces somos una trinidad. Un día, en el Cielo, la divina Trinidad pensó: “Es el momento de que el Verbo vaya a la tierra”. En un latido de amor, el Verbo vino a la tierra. Se separó por ello del Padre y del Espíritu Santo156. Vino a actuar en la tierra. En el Cielo, los otros Dos contemplaron las obras del Verbo, permaneciendo más unidos que nunca para fundir Pensamiento y Amor en ayuda de la Palabra, operante en la tierra157. Llegará un día en que vendrá del Cielo esta orden: “Es el momento de que vuelvas, porque todo está cumplido”. Entonces el Verbo volverá al Cielo, así… (y Jesús se retira un paso hacia atrás dejando a Pedro y a María donde estaban), y desde lo alto del Cielo contemplará las obras de los otros dos de la tierra, los cuales, por santo impulso, se unirán más que nunca, para fundir Poder y amor y hacer de ello un medio para cumplir el deseo del Verbo: la redención del mundo a través de la perpetua enseñanza de su Iglesia. Y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo harán con sus rayos una cadena para estrechar, estrechar cada vez más a los dos que estarán todavía en esta tierra: mi Madre, el amor; tú, el poder. Por tanto, ciertamente tendrás que tratar a María como a una reina, pero no como esclavo. ¿No te parece?».

Vol 3 Segundo Año Cap 255 Verso 8 pag 429 en la piscina de Betsaida

…Sabed que si separáis al Padre del Hijo, o al Hijo del Padre, y no os acordáis del Amor, no amáis a Dios como se le debe amar, con verdad y sabiduría, antes bien cometéis herejía porque dais culto a uno sólo mientras que son una admirable Trinidad.

Por tanto, el que no honra al Hijo es como si no honrase al Padre, porque el Padre, Dios, no acepta adoración a una sola parte198 de sí sino que quiere que se adore su Todo. Quien no honra al Hijo no honra tampoco al Padre, que le ha enviado por pensamiento perfecto de amor; niega, por tanto, que Dios sepa hacer obras justas….

Vol 6 Tercer Año Cap 397 Verso 1 pag 225 Despedida de los fieles de Yutta

… Está repitiendo, mientras yo escribo, una vez más la necesidad de obedecer al Decálogo, perfeccionado en su aplicación en los corazones por su doctrina de amor

«para edificar en los espíritus la morada donde el Señor vivirá hasta el día en que aquellos que hayan vivido fieles a la Ley vayan a vivir en El al Reino de los Cielos»

esto dice. Y prosigue:

«Porque es así. El modo con que vive Dios en los hombres y ellos en El se lleva a cabo con la obediencia a su Ley, que empieza con un precepto de amor y que es toda ella amor desde el primero al último precepto del Decálogo. Esta es la verdadera casa que Dios quiere, donde Dios habita; y el premio del Cielo, premio por la obediencia a la Ley, es la verdadera Casa en que habitaréis con Dios, eternamente.

Porque –tened presente el capítulo 66 de Isaías– Dios no tiene morada en la Tierra, que es escabel, sólo escabel para su inmensidad Dios tiene por trono el cielo, que es en todo caso pequeño, una nada, para contener al Infinito, pero la tiene en el corazón de los hombres.

Sólo la perfectísima bondad del Padre de todo amor puede conceder a sus hijos recibirle; y el hecho de poder estar el Dios uno y trino, el purísimo triniforme105 Espíritu, en el corazón de los hombres es ya un infinito misterio que cada vez más se perfecciona. ¡Oh, ¿cuándo, cuándo, Padre santo, me vas a otorgar hacer, de estos que te aman, no sólo, no ya sólo un templo a nuestro Espíritu, sino, por tu perfección de amor y de perdón, un tabernáculo, y hacer de cada uno de los corazones fieles el arca donde esté el verdadero Pan del Cielo, como estuvo en el seno de la Bendita entre todas las mujeres?! …

Vol 7 Tercer Año Cap 474 Verso 2 a 7 pag 302 a 305. Una visión que se pierde en un arrobo de amor. (Canto de Maria Valtorta)

2 ¿Qué serán esos recogimientos suyos? Yo pienso –y estoy segura de que no me equivoco, porque basta con observar su cara para ver lo que son–, yo pienso que son mucho más que nuestros éxtasis, en los cuales la criatura ya vive en el Cielo. Son el “encuentro sensible de Dios con Dios”. Siempre presente y unida la Divinidad a Cristo, que era Dios como el Padre. En la Tierra como en el Cielo, el Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre, que se aman y amándose generan a la Tercera Persona. La potencia del Padre es la generación del Hijo, y el acto de generar y de ser generado crea el Fuego, o sea, el Espíritu del Espíritu de Dios. La Potencia se vuelve hacia la Sabiduría a la que ha generado, y ésta se vuelve hacia la Potencia en el júbilo de ser el Uno para el Otro y de conocerse por lo que son. Y, dado que todo buen conocimiento recíproco crea amor –pasa también con nuestros imperfectos conocimientos–, henos al Espíritu Santo… Aquel que, si fuera posible poner una perfección en las perfecciones divinas, habría de llamarse la Perfección de la Perfección. ¡El Espíritu Santo! Aquel que con sólo pensar en El ya llena de luz, alegría, paz…

En los éxtasis de Cristo, cuando el incomprensible misterio de la Unidad y Trinidad de Dios se renovaba en el Corazón de Jesús, ¡qué producción de amor completa, perfecta, incandescente, santificante, jubilosa, pacífica debía generarse y difundirse, como de horno ardiente el calor, como de ardiente turíbulo el incienso, para besar con el beso de Dios las cosas creadas por el Padre, hechas por medio del Hijo–Verbo, hechas por el amor, sólo por el Amor, pues que todas las operaciones de Dios son Amor! Y ésta es la mirada del Hombre–Dios cuando, como Hombre y como Dios, alza los ojos –que han contemplado dentro del Cristo al Padre, a El mismo y al Amor– para mirar el Universo: admirando la potencia creadora de Dios, como Hombre; exultando por poder salvarla en las criaturas regias de esa creación, los hombres, como Dios.

3 No, no se puede, nadie podrá, ni poeta ni artista ni pintor, hacer visible a las gentes esa mirada de Jesús saliendo del abrazo, del encuentro sensible con la Divinidad, unida hipostáticamente al Hombre siempre, pero no siempre tan profundamente sensible para el Hombre que era Redentor y que, por tanto, a sus muchos dolores, a sus muchos anonadamientos, debía añadir éste, grandísimo, de no poder estar siempre en el Padre, en el gran torbellino del Amor como estaba en el Cielo: omnipotente… libre… jubiloso. Espléndida la potencia de su mirada de milagro, dulcísima la expresión de su mirada de hombre, tristísimo el brillo de dolor en las horas de dolor… Pero son miradas aún humanas, aunque de expresión perfecta. Esta, ésta mirada de Dios que se ha contemplado y amado en la Triniforme Unidad no es susceptible de parangón, no hay adjetivo para ella…

Y el alma se postra delante de El, adorando, anonadada en el conocimiento de Dios, beatificada por la contemplación de su infinito amor. Los torrentes de delicias inundan mi alma… ¡Estoy feliz! ¡Todo dolor, todo recuerdo, quedan anulados bajo las olas del amor de Jesús Dios… y estas olas me suben al Cielo, a Ti!…

4 ¡Gracias, mi adorable Amor!… ¡Gracias!… Ahora sigo sirviéndote… La criatura es otra vez mujer, es otra vez “el portavoz” tras haber sido un instante “serafín”. Vuelve a ser mujer, vuelve a ser criatura–mártir, quizás otro tormento está ya a sus espaldas… Pero en mi espíritu brilla la luz que me has dado, la beatífica luz de haberte contemplado; y no podrán apagarla ni torrentes de lágrimas ni crueles torturas. ¡Gracias, mi Bendito! ¡Sólo Tú me amas!

¡Comprendo a Pablo160 como nunca hasta ahora! “¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?…

En todo esto salimos vencedores en virtud de Aquel que nos ha amado… Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las virtudes, ni las cosas presentes ni las futuras, ni la potencia, ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna otra cosa creada podrán separarnos de la caridad de Dios que está en Jesucristo Señor nuestro“. Es el peán victorioso, exultante, cantado por el conjunto de los victoriosos, de los amantes, de los salvados por el amor, porque ésta es la santidad: la salvación recibida por haber sido amados y por haber amado. ¡Y ya se oye! Y el espíritu, todavía aquí, prisionero en la Tierra, lo oye y canta su alegría, su confianza, su certidumbre… Y luz, más luz aún viene, y las palabras luminosas del Apóstol se iluminan más aún, aún más… “…la caridad de Dios que está en Jesucristo Señor nuestro”.

Ahora comprendo también las palabras de Azarías, de este invierno: “Jesús es el compendio del amor de los Tres”. ¡Eso es! Todo el Amor está en El. Nosotros podemos encontrar este amor de Dios, nosotros hombres, sin esperar al regreso de Dios, sin esperar al Cielo, amando a Jesús. ¡Eso es! A quien cree le brotan dentro fuentes de agua viva, fuentes de luz, fuentes de amor, porque el que cree va a Jesús; porque quien cree, cree que Jesús está en la Eucaristía con su Cuerpo, Sangre, Alma, Divinidad, como estaba en la Tierra, como está en el Cielo, con su Corazón. Y en el Corazón de Jesús está la caridad de Dios. Y cuando el hombre recibe el Cuerpo de Jesús acoge en sí al Corazón de Jesús. Tiene, por tanto, en sí, no sólo a Jesús; sino que tiene la Caridad de Dios, o sea, tiene a Dios Padre, Hijo, Espíritu Santo, porque la Caridad de Dios es la Santísima Trinidad, que es una única cosa: el Amor. El Amor que se divide en tres llamas para hacernos ternariamente felices. Felices de tener un Padre, un Hermano, un Amigo. Felices de tener a quien provee, a quien enseña, a quien ama. ¡Felices de tener a Dios!

6 ¡Oh, no puedo más!… ¡Señor, demasiado grande es tu don! ¿Quién me lo alcanza desde los Cielos? ¿Eres tú, Beatísima Madre, contemplada en tu fulgor de Asunta Reina del Cielo? ¿Eres tú, el enamorado de Cristo, dulce Juan de Betsaida, amigo mío? ¿Eres tú, Patriarca digno de amor, protector de los perseguidos, solícito provisor de consuelos, José veneradísimo? ¿Eres tú, mi gran hermanita Teresa del N. J., la que me alcanza lo que desde hace 21 años pido: que rebosen en mi alma las olas del Amor? ¡Oh, si eres tú, cumple la obra! Alcánzame el que muera no en uno de estos asaltos de amor –yo también soy una pequeña alma y no deseo cosas extraordinarias–, sino después, cuando soy otra vez “pequeña alma pequeñísima”, empequeñecida aún más por el conocimiento de lo que es el Infinito Amor, después de uno de estos asaltos, porque después estamos como bautizados de nuevo por el amor y no quedan sombras de manchas en nosotros. El amor quema… ¿O eres tu, Azarías, buen amigo, el que, por todas las lágrimas que has recogido de mis pestañas y llevado al Cielo, me has alcanzado esta hora de felicidad?

Pero a ti, a Teresa, a José, a Juan y María, no os pido que este éxtasis vuelva, para llenarme de gozo y fuego. Lo que os pido, os suplico, es que vaya a otros corazones, y especialmente a los que vosotros sabéis, a esos corazones que torturan el mío y desagradan a Dios, que no saben escuchar ni obedecer. Si esos corazones tienen un solo instante de estos asaltos de amor, se convertirán al Amor, al verdadero Amor. Amarán. Con todo su ser. Con el intelecto, sobre todo, del cual caerán los muros

del racionalismo, de la ciencia humana, que niegan y obstaculizan la fe sencilla y buena y ponen fronteras al poder de Dios. Y con el corazón, donde se fundirán, como cera al fuego, las costras del egoísmo, de la envidia, del odio…

Hacedlo, amadísimos míos. Yo acepto el no volver a poner jamás mis labios en el cáliz confortador del amor; acepto el beber siempre, hasta el regreso a Dios, del cáliz amargo de todas las renuncias; pero que ellos vuelvan al sendero radioso, que se santifiquen en todas sus acciones para merecer la mirada de Jesús–Dios, de la misma forma que hoy me fue concedido gozarla. Merecerla aquí, poseerla para siempre en el Cielo, de la misma forma que, esperando en mi Señor, confío poseerla yo también…

A las 12 del mismo día.

6 Lo leo. Pienso en los teólogos que lean estas páginas. Quizás encuentren errores en cómo hablo del éxtasis, de los recogimientos de Jesús. Recuerden que soy una pobre ignorante que no sabe de teología ni de términos teológicos, y que me esfuerzo en decir como puedo lo que veo, y con las frases que mi pobre mente puede formar…

16 de agosto de 1946.

7 Digo a Jesús: «Señor, ayer me has arrollado y todo se ha perdido en ti. La visión…».

Sonríe con dulce y divina alegría y, acariciándome, responde: «En vez de narrar, has cantado. Has cantado. Todo el Paraíso cantaba ayer las glorias de mi Madre, y tú has cantado junto con el Paraíso, y el Paraíso en un determinado momento ha escuchado tu “solo”. ¿Sabes cuándo? Cuando has pedido no gozar, sino que el amor los invadiera a “ellos” para ser salvados. El Cielo amante te ha escuchado, porque renunciar a la felicidad para que otros tengan la Vida sólo le es concedido a quien vive en la Tierra siendo ya ciudadano de los Cielos. Los Santos por tu canto han recordado cuando eran cantores en la Tierra; los Angeles han escuchado mirando con fraterna complacencia a tu Azarías. María ha sonreído ofreciendo tu canto al Amor. Y el Amor, ¡Oh, mi María!, y el Amor te ha besado… y vuelve a besarte. Exulta. Tú has comprendido al Amor.

Yo estoy en ti, y en mí está Dios Uno y Trino como has comprendido. Recorre hoy los caminos de la alegría sobrenatural, en vez de los caminos de Palestina al encuentro del dolor de Jesús… María, ¿no te sientes feliz de estar en las mismas condiciones del último año mío? También esto es un don, y una luz para comprenderme. Sin una experiencia propia, y proporcionada, la criatura no podría comprender lo que fue mi larga Pasión. Pero hoy, como ayer, recorre los caminos de la alegría celeste. Dios está contigo. Queda en paz».

 

 

160 en el texto de Romanos 8, 35–39; comprendo… las palabras de Azarías, escritas el 20 de enero de 1946 y reseñadas en el volumen “Los cuadernos. Del 1945 al 1950”.

 

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24/5/2015 Evangelio según San Juan 15,26-27.16,12-15.

Solemnidad de Pentecostés
Santo(s) del día : San Vicente de Lerin,  María Auxiliadora,  Beato Luis Zeferino Moreau
Lecturas

Este domingo de Pentecostés comparto con ustedes la profecía de la beata Ana Catalina Emmerick sobre el Nuevo Pentecostés
3.14 El Nuevo Pentecostés

He visto Pentecostés, en tanto que fiesta en la Iglesia, la comunicación del Espíritu Santo, a través del mundo entero, me ha sido mostrada en diversas escenas, tal y como me ha ocurrido a menudo. He visto también a los doce nuevos apóstoles y su relación con la Iglesia.. He visto todavía una iglesia espiritual formarse con muchas parroquias reunidas y estas recibir el Espíritu Santo. Era un nuevo despertar de la Iglesia católica. He visto un gran número de personas recibir el Espíritu Santo. (AA.III.144

http://bibliaytradicion.wordpress.com/tradicion/profecias-de-la-beata-ana-catalina-emmerich/#3.14

Glorificación de Jesús y María

640. La venida del Espíritu Santo[1]521. Fin del ciclo mesiánico.

27 de abril de 1947.

PENTECOSTES11       No hay voces ni ruidos en la casa del Cenáculo. No hay tampoco discípulos (al menos, no oigo nada que me autorice a decir que en otros cuartos de la casa estén reunidas personas). Sólo se constatan la presencia y la voz de los Doce y de María (recogidos en la sala de la Cena).

La habitación parece más grande porque los muebles y enseres están colocados de forma distinta y dejan libre todo el centro de la habitación, como también dos de las paredes. A la tercera ha sido arrimada la mesa grande que fue usada para la Cena. Entre la mesa y la pared, y también a los dos lados más estrechos de la mesa, están los triclinios usados en la Cena y el taburete usado por Jesús para el lavatorio de los pies.

Pero estos triclinios no están colocados verticalmente respecto a la mesa, como para la Cena, sino paralelamente, de forma que los apóstoles pueden estar sentados sin ocuparlos todos, aun dejando libre uno, el único vertical respecto a la mesa, sólo para la Virgen bendita, que está en el centro, en el lugar que Jesús ocupaba en la Cena.

No hay en la mesa mantelería ni vajilla; está desnuda, y desnudos están los aparadores y las paredes. La lámpara sí, la lámpara luce en el centro, aunque sólo con la llama central encendida, porque la vuelta de llamitas que hacen de corola a esta pintoresca lámpara está apagada.

Las ventanas están cerradas y trancadas con la robusta barra de hierro que las cruza. Pero un rayo de sol se filtra ardido por un agujerito y desciende como una aguja larga y delgada hasta el suelo, donde pone un arito de sol.

2       La Virgen, sentada sola en su asiento, tiene a sus lados, en los triclinios, a Pedro y a Juan (a la derecha, a Pedro; a la izquierda, a Juan). Matías, el nuevo apóstol, está entre Santiago de Alfeo y Judas Tadeo. La Virgen tiene delante una arca ancha y baja de madera obscura, cerrada. María está vestida de azul obscuro. Cubre sus cabellos un velo blanco, cubierto a su vez por el extremo de su manto. Todos los demás tienen la cabeza descubierta.

María lee atentamente en voz alta. Pero, por la poca luz que le llega, creo que más que leer repite de memoria las palabras escritas en el rollo que tiene abierto. Los demás la siguen en silencio, meditando. De vez en cuando responden, si es el caso de hacerlo.

El rostro de María aparece transfigurado por una sonrisa extática. ¡¿Qué estará viendo, que tiene la capacidad de encender sus ojos como dos estrellas claras, y de sonrojarle las mejillas de marfil, como si se reflejara en Ella una llama rosada?!: es, verdaderamente, la Rosa Mística…

Los apóstoles se echan algo hacia adelante, y permanecen levemente al sesgo, para ver el rostro de María mientras tan dulcemente sonríe y lee (y parece su voz un canto de ángel). A Pedro le causa tanta emoción, que dos lagrimones le caen de los ojos y, por un sendero de arrugas excavadas a los lados de su nariz, descienden para perderse en la mata de su barba entrecana. Pero Juan refleja la sonrisa virginal y se enciende como Ella de amor, mientras sigue con su mirada a lo que la Virgen lee, y, cuando le acerca un nuevo rollo, la mira y le sonríe.

La lectura ha terminado. Cesa la voz de María. Cesa el frufrú que produce el desenrollar o enrollar los pergaminos. María se recoge en una secreta oración, uniendo las manos sobre el pecho y apoyando la cabeza sobre el arca. Los apóstoles la imitan…

PENTECOSTES23       Un ruido fortísimo y armónico, con sonido de viento y arpa, con sonido de canto humano y de voz de un órgano perfecto, resuena de improviso en el silencio de la mañana. Se acerca, cada vez más armónico y fuerte, y llena con sus vibraciones la Tierra, las propaga a la casa y las imprime en ésta, en las paredes, en los muebles, en los objetos. La llama de la lámpara, hasta ahora inmóvil en la paz de la habitación cerrada, vibra como chocada por el viento, y las delgadas cadenas de la lámpara tintinean vibrando con la onda de sobrenatural sonido que las choca.

Los apóstoles alzan, asustados, la cabeza; y, como ese fragor hermosísimo, que contiene las más hermosas notas de los Cielos y la Tierra salidas de la mano de Dios, se acerca cada vez más, algunos se levantan, preparados para huir; otros se acurrucan en el suelo cubriéndose la cabeza con las manos y el manto, o dándose golpes de pecho pidiendo perdón al Señor; otros, demasiado asustados como para conservar ese comedimiento que siempre tienen respecto a la Purísima, se arriman a María.

El único que no se asusta es Juan, y es porque ve la paz luminosa de alegría que se acentúa en el rostro de María, la cual alza la cabeza y sonríe frente a algo que sólo Ella conoce y luego se arrodilla abriendo los brazos, y las dos alas azules de su manto así abierto se extienden sobre Pedro y Juan, que, como Ella, se han arrodillado.

Pero, todo lo que he tardado minutos en describir se ha verificado en menos de un minuto.

4       Y luego entra la Luz, el Fuego, el Espíritu Santo, con un último fragor melódico, en forma de globo lucentísimo, ardentísimo; entra en esta habitación cerrada, sin que puerta o ventana alguna se mueva[2]522; y permanece suspendido un momento sobre la cabeza de Maria, a unos tres palmos de su cabeza (que ahora está descubierta, porque María, al ver al Fuego Paráclito, ha alzado los brazos como para invocarle y ha echado hacia atrás la cabeza emitiendo un grito de alegría, con una sonrisa de amor sin límites).

Y, pasado ese momento en que todo el Fuego del Espíritu Santo, todo el Amor, está recogido sobre su Esposa[3]523, el Globo Santísimo. se escinde en trece llamas cantarinas y lucentísimas –su luz no puede ser descrita con parangón terreno alguno–, y desciende y besa la frente de cada uno de los apóstoles.

Pero la llama que desciende sobre María no es lengua de llama vertical sobre besadas frentes: es corona que abraza y nimba la cabeza virginal, coronando Reina a la Hija, a la Madre, a la Esposa de Dios, a la incorruptible Virgen, a la Llena de Hermosura, a la eterna Amada y a la eterna Niña; pues que nada puede mancillar, y en nada, a Aquella a quien el dolor había envejecido, pero que ha resucitado en la alegría de la Resurrección y tiene en común con su Hijo una acentuación de hermosura y de frescura de su cuerpo, de sus miradas, de su vitalidad… gozando ya de una anticipación de la belleza de su glorioso Cuerpo elevado al Cielo para ser la flor del Paraíso.

El Espíritu Santo rutila sus llamas en torno a la cabeza de la Amada. ¿Qué palabras le dirá? ¡Misterio! El bendito rostro aparece transfigurado de sobrenatural alegría y sonríe con la sonrisa de los serafines, mientras ruedan por las mejillas de la Bendita lágrimas beatíficas que, incidiendo en ellas la Luz del Espíritu Santo, parecen diamantes.

El Fuego permanece así un tiempo… Luego se disipa… De su venida queda, como recuerdo, una fragancia que ninguna flor terrenal puede emanar… es el perfume del Paraíso…

5       Los apóstoles vuelven en sí… María permanece en su éxtasis. Recoge sus brazos sobre el pecho, cierra los ojos, baja la cabeza… nada más… continúa su diálogo con Dios… insensible a todo… Y ninguno osa interrumpirla.

Juan, señalándola, dice:

«Es el altar, y sobre su gloria se ha posado la Gloria del Señor…».

«Sí, no perturbemos su alegría. Vamos, más bien, a predicar al Señor para que se pongan de manifiesto sus obras y palabras en medio de los pueblos» dice Pedro con sobrenatural impulsividad.

«¡Vamos! ¡Vamos! El Espíritu de Dios arde en mí» dice Santiago de Alfeo.

«Y nos impulsa a actuar. A todos. Vamos a evangelizar a las gentes[4]524».

Salen como empujados por una onda de viento o como atraídos por una vigorosa fuerza.

6 Dice Jesús:

«Aquí termina esta Obra que mi amor por vosotros ha dictado, y que vosotros habéis recibido por el amor que una criatura ha tenido hacia mí y hacia vosotros[5]525.

Ha terminado hoy, conmemoración de Santa Zita de Luca, humilde sirviente que sirvió a su Señor en la caridad en esta Iglesia de Luca[6]526, ciudad a la que Yo, desde lugares lejanos llevé a mi pequeño Juan[7]527 para que me sirviera en la caridad y con el mismo amor de Santa Zita hacia todos los infelices. Zita daba pan a los menesterosos, recordando que en cada uno de ellos estoy Yo, y que vivirán felices a mi lado aquellos que hayan dado pan y bebida a los que tienen sed y hambre.

María–Juan ha dado mis palabras a los que flaquean envueltos en la ignorancia, en la tibieza o en la duda sobre la Fe, recordando que la Sabiduría dijo que brillarían como estrellas en la eternidad[8]528 aquellos que con fatiga se esforzaran en dar a conocer a Dios, dando gloria a su Amor dándole a conocer a muchos y haciendo que muchos le amen.

Y ha terminado hoy, día en que la Iglesia eleva a los altares a María Teresa Goretti[9]529, pura azucena de los campos que vio su tallo quebrado cuando todavía era capullo su corola –¿por quién quebrado, sino por Satanás, ínvido ante ese candor más esplendoroso que su antiguo aspecto de ángel?–, quebrado por ser flor consagrada al Amador divino. Virgen y mártir, María, de este siglo de infamias en que se mancilla incluso el honor de la Mujer, escupiendo baba de reptiles negadora del poder de Dios de dar una morada inviolada a su Verbo, que, por obra del Espíritu Santo, se encarnaba para salvar a los que en El creyeran. También María–Juan es mártir del Odio, que no quiere que mis maravillas sean celebradas con esta Obra, arma que tiene poder para arrebatarle muchas presas. Pero también María–Juan sabe, como sabía María–Teresa, que el martirio –fueren cuales fueren su nombre y su aspecto– es llave para abrir sin dilación el Reino de los Cielos para aquellos que lo padecen como continuación de mi Pasión[10]530.

7 La Obra ha terminado. Y, con su fin, con la venida del Espíritu Santo, se concluye el ciclo mesiánico, que mi Sabiduría ha iluminado desde sus albores (la Concepción inmaculada de María) hasta su terminación (la venida del Espíritu Santo). Todo el ciclo mesiánico es obra del Espíritu de Amor, para quien sabe ver bien. Cabal, pues, el haberlo empezado con el misterio de la inmaculada Concepción de la Esposa del Amor, y el haberlo concluido con el sello de Fuego Paráclito puesto en la Iglesia de Cristo.

Las obras manifiestas de Dios, del Amor de Dios, terminan con Pentecostés. Desde entonces, continúa ese misterioso obrar de Dios en sus fieles, unidos en el Nombre de Jesús en la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica, Romana[11]531; y la Iglesia –o sea, la asamblea de los fieles– pastores, ovejas y corderos[12]532 –puede continuar su camino sin errar, por la continua, espiritual operación del Amor[13]533 en sus fieles. El Amor, Teólogo de los teólogos, Aquel que forma a los verdaderos teólogos[14]534, que viven abismados en Dios y tienen a Dios dentro de sí –la vida de Dios dentro de sí por la dirección del Espíritu de Dios que los guía–, los verdaderos “hijos de Dios” según el concepto de Pablo[15]535.

8 Y al término de la Obra debo poner una vez más el lamento que he colocado al final de cada uno de los años evangélicos[16]536. Y en mi dolor de ver despreciado mi don os digo: “No recibiréis más, porque no habéis sabido acoger esto que os he dado”. Y digo también las palabras que os hice llegar el pasado verano[17]537 para llamaros de nuevo al camino recto[18]538: “No me veréis hasta que no llegue el día en que digáis: ‘Bendito el que viene en nombre del Señor’ “».

Hoy a 27 de abril de 1947 fue terminada la obra.

Viareggio – Via Fratti 113 – Maria Valtorta[19]539

Personajes

Matías apodo Tobías (Belén) Pastor de la Natividad discípulo y apóstol

Retrato de Hendrik Goltzius, el museo de Auckland

MATIASIInformación general

Pastor de la Natividad se convirtió en el pastor Líbano. Su verdadero nombre es Toby. Toma el nombre de su padre muerto en la masacre de inocentes. Un discípulo de Juan el Bautista como Juan y Simeón, También los pastores de la Natividad. “En ellos, especialmente por Mathias, la Sabiduría está realmente presente “(3.8 – P. 34)

Gracias a la intervención de Manaén Sirvió las cocinas del castillo Maqueronte donde el Bautista estaba cerrada con llave. Algunos detalles de su muerte, se informará de Selma siervo de Herodías. Como tal, es uno de los que vienen anunciar su muerte a Jesús y, junto con Simeón y Juan han recogido su cuerpo (4.133). Libre compromiso, para que pudiera dedicarse exclusivamente a seguir a Jesús.

Personalidad y aspecto físico
Dotado de un natural ascendente: tiene la mayor autoridad   entre los pastores por su sabiduría y justicia (7.235).

Curso Apostólica
Testigo de la Natividad (1.49) – La Crucifixión (9.29) – La resurrección (10.12) De la Ascensión (10.23) Y Pentecostés (10.25)

Es parte de los 72 discípulos. Será   posteriormente elegido apóstol para reemplazar a Judas (Hechos 1.23-26)   presenta junto José acaba de (10.24).

Su nombre: סמתיא (Matías)
Alfabeto hebreo en croixsens.net 
Matatías – Matías – Mateo vienen   del hebreo “mattityah”Regalo del Señor   – Referencia cultural: el padre de los hermanos Macabeos, libertadores de Israel (1Maccabées 2,1 a 5)

¿Dónde se habla en la obra?
Matías es   parte de las cifras básicas, citado 50 veces en el trabajo
 El   ciclo de la Natividad: 1.49

 De viajes   Apostólica Judea 2.392.452.46 – Elección de los apóstoles como postreros 2.54 – Lecciones   Los Diez Mandamientos: 2.862.94

 El   Samaritano: 3.8 – El segundo viaje   Semana Santa: 3.59 (p. 341)

 La conversión de María Magdalena: 4.113 – Email apóstoles y discípulos   misión: 4.1234.1334.1344.1354.1364.1374.1394.1404.144 – Perea, Gilead Traconite : 4.145

 Fenicia y de la Alta Galilea 5.22 – La Transfiguración y el Pan del Cielo: 5.365.375.38 – La penúltima   Pascua 5.66

 Despedida en Judea: 6.77 – Llanura de Sharon: 6.936.94 – Verano en Nazaret: 6.138

 En los Siro-Fenicia 7.1597.160 – El   Fiesta de los Tabernáculos: 7.1817.1837.184 – En   Moab y Judá: – 7.2027.2067.2167.223 – La fiesta de   Dedicación: 7.235

 8.35

 Semana Santa: 9.15 – La Pasión 9.289.29

 El domingo de Resurrección 10.910.1010.12 – la Resurrección   Ascensión 10.2210.23 – Veces   apostólico 10.2410.2510.26

Aprenda más sobre este personaje
La tradición registrada por menologios   Griego (Libro de los Mártires) da la predicación del Evangelio a Capadocia y   La costa del Mar Caspio, añaden que fue martirizado (crucificado) en   Cólquida (Etiopía). Otras fuentes le dan apedreado en Jerusalén, pero   puede ser un homónimo.

 Sus reliquias son reclamados por el   Basílica de San Matías de Tréveris y la de Santa María la Mayor en   Roma. Pero de acuerdo con Bollandists, los de Santa María la Mayor se   asignado a otro San Matías, Obispo de Jerusalén alrededor del año 120.

Clemente de Alejandría informes que en su evangelismo, insistió   principalmente en la necesidad de mortificar la carne por la supresión de deseos   de la sensualidad; importante lección que había recibido de Jesucristo, y que   se puso en la práctica.

http://www.maria-valtorta.org/Personnages/MatthiasBethleem.htm

[1] 521 Cfr. Hech. 2, 1–13.

[2] 522 Como Jesús en su resurrección, así el Espíritu Santo entra en el Cenáculo con las puertas y ventanas cerradas

[3] 523 La interpretación teológica de MV es muy digna de tenerse en cuenta. Así como a través de María, el linaje humano recibió a Jesús, así a través de Ella, el mismo linaje humano y sobre todos, en el día de Pentecostés, los apóstoles, recibe y recibieron el Espíritu Santo (N.T.).

[4] 524 Cfr. Not. 502, pág. 362.

[5] 525 Sin embargo, para satisfacer el vivo deseo expresado por el director espiritual de la escritora, P. Romualdo M. Migliorini, esta obra se prolongó hasta la Asunción de Nuestra Señora, con algunos trozos preparados antes (1943, 1944), y con otros compuestos a propósito y para tal fin (1951).

[6] 526 Santa Zita, virgen luquense del siglo XIII, criada y patrona de las criadas, muy venerada en Luca, que celebra su fiesta el 27 de abril. Cfr. Clemente Schmitt, Zita (Cita), santa, en Enciclopedia Católica, vol. 12, Ciudad del Vaticano, 1954, col.1805.

[7] 527 MV, escritora de la presente obra, llamada también “pequeño Juan”.

[8] 528 Cfr. Dan. 12, 1–4. Cfr. también: Sab. 3, 1–9; Mt. 13, 36–43; 1 Cor. 15, 35–58.

[9] 529 María Teresa Goretti, más conocida como María Goretti, mártir de la pureza (1890–1902), beatificada el 27 de abril de 1947 y canonizada en 1950.

[10] 530 Cfr. Col. 1, 24–29.

[11] 531 La Iglesia, que es llamada “romana”, sin duda alguna porque el supremo Pastor visible es el Romano Pontífice, sucesor del bienaventurado Pedro, apóstol y cabeza de los apóstoles, en la sede de Roma. Cfr. Concilio Ecuménico Vaticano I, Constitucion dogmatica I “Pastor aeternus” Denzinger–Schommetzer, Enchiridion symbollorum…, núm. 3050–3075, passim; Concilio EcumenicoVaticano II, Constitución dogmática “Lumen gentium”, cap. 3, n. 18–29, pasim.

[12] 532 Esto trae a colación lo que se lee en la Constitución “Lumen gentium” (cfr. not. 11), cap.2, n. 12; “…todo el pueblo…“desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos”…”

[13] 533 Pio XII, en la Constitución dogmática Munificentissimus Deus y en documentos similares, afirma que la infalibilidad de la Iglesia mana del hecho que Cristo está inseparablemente unido a ella y la empapa y dirige con su Espíritu de Verdad (cfr. Acta Apostolicae Sedis, tom. 42 (1950), pág. 769–755). El Concilio Ecuménico Vaticano II, en su Constitución dogmática Lumen gentium, cap. 2, n. 12, atribuye igualmente al Espíritu Santo la infabilidad de la universalidad de los fieles.

[14] 534 Vuelvánse a leer las notas que se refieren a los textos bíblicos sobre el Espíritu Santo, que se hallan en la pág. 325, not. 378. Cfr. también: C.M. Berti, O.S.M., Methodologiae theologicae elementa, Ramae, Desclée, 1955, especialmente p. 13–17, 54–73, 123–133, 145–207. En la pág. 129–130, explícitamente afirmo que el Divino Amor, y por lo tanto el Espíritu Santo, es la fuente, aún más, la razón y el fin de todas las operaciones teológicas realizadas por la Iglesia universal y por cada uno de sus miembros, bien sea el Papa, el Colegio episcopal, un teólogo, o un simple cristiano.

[15] 535 Cfr. Rom. 8, 14–17.

[16] 536 es decir, en 140.7, 312.14, 540.13.

[17] 537 exactamente el 21–5–46, fecha que en este lugar MV anota y que se refiere a un “dictado” recogido en el volumen “Los cuadernos del 1945 al 1950”.

[18] 538 Cfr. Mt. 23, 37–39; Lc. 13, 34–35.

[19] 539 Sigue la despedida de la obra, con que se pone término a este y último volumen.

17/5/2015 Evangelio según San Marcos 16,15-20.

Solemnidad de la Ascensión del Señor

Santo(s) del día : San Pascual Bailón
Lecturas

El evangelio de San Marcos cita algunas de las palabras que nuestro Señor dio a sus discípulos durante esos 40 días luego de la Resurrección, en particular en el capitulo 631 y 634

(638) Mar 16:15 Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.
Mar 16:16 El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.
(631) Mar 16:17 Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas,
Mar 16:18 agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»
(638) Mar 16:19 Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
(640 Después de Pentecostés) Mar 16:20 Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

Glorificación de Jesús y María

638. Ultimas enseñanzas en el Getsemaní, despedida y ascensión al Padre.

24 de abril de 1947.

ascension1       Un naciente rosicler de aurora en Oriente. Jesús pasea con su Madre por los escalones de la ladera del Getsemaní. No median palabras, sólo miradas de inefable amor. Quizás ya han sido dichas las palabras, quizás no; han hablado las dos almas: la de Cristo y la de la Madre de Cristo. Ahora lo que hay es contemplación de amor, recíproca contemplación; la conoce la naturaleza asperjada de rocío, y la pura luz matutina; la conocen esas delicadas criaturas de Dios que son las hierbas y las flores, los pájaros y las mariposas. Los hombres están ausentes.

2        Yo incluso me siento como incómoda de estar presente en esta despedida. «¡Señor, no soy digna!» exclamo entre las lágrimas que me caen, mirando la última hora de unión terrena entre la Madre y el Hijo, y pensando que hemos llegado al final de la amorosa fatiga, tanto Jesús como María como el pequeño, indigno niño que Jesús ha querido que fuera testigo de todo el tiempo mesiánico y que se llama María[1]452 (aunque a Jesús le gusta llamarla “el pequeño Juan, o también “la violeta de la Cruz”).

Sí. Pequeño Juan. Pequeño, porque no soy nada. Juan, porque soy verdaderamente aquella a quien Dios ha conferido grandes gracias, y porque, en medida infinitesimal –pero es todo lo que poseo, y, dando todo lo que poseo sé que doy en la medida perfecta que satisface a Jesús, porque es el “todo” de mi nada–, en medida infinitesimal, yo, como el gran Juan predilecto, he dado todo mi amor a Jesús y a María, compartiendo con ellos lágrimas y sonrisas, siguiéndolos angustiada de verlos afligidos y de no poder defenderlos del livor del mundo a costa de mi propia vida, palpitando ahora mi corazón al ritmo de los suyos por lo que termina para siempre… Violeta. Sí. Una violeta que ha tratado de estar escondida entre la hierba para que Jesús no la esquivara –El que amaba todas las cosas creadas por ser obra del Padre suyo–, sino que la calcara con su pie divino, y yo pudiera morir emanando mi tenue perfume en el esfuerzo de suavizarle el contacto con la tierra áspera y dura. Violeta de la Cruz, sí. Y su Sangre ha llenado mi cáliz hasta hacerle plegarse y tocar el suelo…

¡Oh, mi Amado, que, antes, de tu Sangre me has colmado, dándome a contemplar tus pies heridos, clavados al madero “…y al pie de la cruz era yo una plantita de violetas ya abiertas, y caían las gotas de la sangre divina sobre esa plantita de violetas florecidas…”! ¡Recuerdo lejano [2]453, y siempre tan cercano presente! Preparación para lo que después fui: ese portavoz tuyo que ahora está del todo rociado de tu Sangre, de tus sudores y lágrimas, del llanto de María tu Madre; pero que también conoce tus palabras, tus sonrisas, todo, todo acerca de ti; y que ya no emana perfume de violetas, sino el perfume de ti, Amor mío único y solo, ese perfume divino que acunó ayer noche mi dolor y que desciende a mí, delicado como un beso, consolador como el propio Cielo, y me hace olvidar todo para vivir sólo de ti…

3        Tengo tu promesa. Sé que no te perderé. Me lo has prometido y tu promesa es sincera: es de Dios. Te seguiré teniendo. Siempre. Sólo si pecara de soberbia, mentira, desobediencia, te perdería; Tú lo has dicho, pero sabes que, sosteniendo tu Gracia mi voluntad, no quiero pecar, y espero no pecar porque Tú me sostendrás. Sé que no soy una encina. Soy una violeta. Un tallito frágil, que se puede plegar bajo la patita de un pajarillo o por el peso de un escarabajo. Pero Tú eres mi fuerza, Señor. Y el amor por ti es mi ala. No te perderé. Me lo has prometido. Vendrás del todo para mí para traer alegría a tu agonizante violeta. Pero no soy egoísta, Señor. Tú lo sabes. Tú sabes que quisiera dejar de verte yo, con tal de que te vieran muchos otros, y creyeran en ti. A mí ya mucho me has dado, y no soy digna de ello. Verdaderamente me has amado como Tú sólo sabes amar a tus hijos especialmente amados.

4        Pienso en lo dulce que era verte “vivir” como Hombre entre los hombres. Y pienso que dejaré de verte así. Todo ha sido visto y dicho. Sé también que no se borrarán de mi pensamiento tus acciones de Hombre entre los hombres, y que no necesitaré libros para recordarte como realmente fuiste: bastará con que mire dentro de mí, donde toda tu vida está impresa con caracteres indelebles. Pero era dulce, era dulce…

Ahora asciendes… La Tierra te pierde. María de la Cruz te pierde, Maestro Salvador. Te tendrá como Dios dulcísimo, y ya no verterás Sangre, sino celestial miel, en el cáliz violáceo de tu violeta… Lloro… He sido discípula tuya junto a las otras por los caminos montanos, frondosos, o áridos, polvorientos de la llanura, en el lago y en las orillas del bello río, de tu Patria. Ahora te marchas, y sólo en el recuerdo veré Belén y Nazaret sobre sus colinas, verdes por los olivos; y Jericó ardiente de sol, susurradora con sus palmeras; y Betania amiga; y Engadí, perla perdida en medio de los desiertos; y la Samaria hermosa; y las opimas llanuras de Sarón y Esdrelón; y la caprichosa llanura elevada de Transjordania; y la pesadilla del mar Muerto; y las ciudades llenas de sol de la costa mediterránea; y Jerusalén, la ciudad de tu dolor, con sus subidas y bajadas, sus espacios abovedados, sus plazas, sus barrios, pozos y cisternas, colinas e… incluso el triste valle de los leprosos donde tanta misericordia tuya ha sido prodigada… Y la casa del Cenáculo… la fuente que cerca de ella llora… el puentecito sobre el Cedrón, el lugar de tu sudor sanguíneo… el patio del Pretorio…

¡Ah, no! Lo que fue tu dolor está aquí, y aquí permanecerá siempre… Deberé buscar todos los recuerdos para encontrarlos, pero tu oración en el Getsemaní, tu flagelación, tu subida al Gólgota, tu agonía y muerte, y el dolor de tu Madre, no, no habré de buscarlos: están presentes siempre. Quizás los olvide en el Paraíso… y me parece imposible el poder olvidarlos incluso allí… Recuerdo todo lo de esas atroces horas. Recuerdo hasta la forma de la piedra sobre la que caíste, y hasta el capullo de rosa roja que chocaba –y parecía una gota de sangre– contra el granito, contra el cierre de tu sepulcro…

Amor mío divinísimo, tu Pasión vive en mi pensamiento… y a mí se me parte el corazón…

5       La aurora ha surgido completamente. Ya el Sol está alto y los apóstoles hacen oír sus voces. Es una señal para Jesús y María. Se paran. Se miran, el Uno enfrente de la Otra, y luego Jesús abre los brazos y recibe en su pecho a su Madre… ¡Oh, vaya que si era un Hombre, un Hijo de Mujer! ¡Para creerlo basta mirar este adiós! El amor rebosa en una lluvia de besos a su Madre amadísima. El amor cubre de besos al Hijo amadísimo. Parece que no puedan separarse. Cuando ya parece que vayan a hacerlo, otro abrazo los une de nuevo, y, entre los besos, palabras de recíproca bendición… ¡Oh, verdaderamente es el Hijo del Hombre despidiéndose de la Mujer que le generó! ¡Verdaderamente es la Madre que da el adiós –para restituirle al Padre– a su Hijo, la Prenda del Amor a la Purísima!… ¡Dios besando a la Madre de Dios!…

En fin, la Mujer, como criatura, se arrodilla a los pies de su Dios, que es, de todas formas, su Hijo; y el Hijo, que es Dios, impone las manos sobre la cabeza de la Madre Virgen, de la eterna Amada, y la bendice en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y luego se inclina y la alza; en fin, deposita un último beso en la blanca frente como pétalo de azucena bajo el oro de los cabellos (¿tan juveniles todavía!)…

Regresan hacia la casa, y ninguno, viendo con qué serenidad caminan el Uno al lado de la Otra, pensaría en la onda de amor que poco antes los ha desbordado. ¡Pero qué diferencia también, en este adiós, respecto a la tristeza de otras despedidas ya superadas, y respecto a la desgarradora congoja del adiós de la Madre a su Hijo al que habían dado muerte y había que dejarle solo en el Sepulcro!… En esta despedida –aunque los ojos brillen con ese llanto que es natural en quien está para separarse de su Amado– los labios sonríen con la alegría de saber que este Amado va a la Morada que en razón de su Gloria le corresponde…

6 «¡Señor! Afuera están, entre el monte y Betania, todos los que, como habías dicho a tu Madre, querías bendecir hoy» dice Pedro.

«Bien. Ahora vamos donde ellos. Pero antes venid. Quiero compartir con vosotros una vez más el pan».

Entran en la habitación donde diez días antes estaban las mujeres para la cena del decimocuarto día del mes. María acompaña a Jesús hasta allí; luego se retira. Se quedan Jesús y los once.

En la mesa hay carne asada, pequeños quesos y aceitunas pequeñas y negras, un ánfora de vino y otra, más grande, de agua, y panes anchos. Una mesa sencilla, no aparejada para una ceremonia de lujo, sino sólo por la necesidad de nutrirse.

Jesús ofrece y divide. Está en el centro, entre Pedro y Santiago de Alfeo. Los ha llamado El a estos lugares. Juan, Judas de Alfeo y Santiago están frente a El; Tomás, Felipe y Mateo, a un lado; Andrés, Bartolomé y el Zelote, al otro lado. Así, todos pueden ver a su Jesús… Una comida de breve duración, y silenciosa. Los apóstoles, llegado el último día de cercanía de Jesús, y a pesar de las sucesivas apariciones, colectivas o individuales, desde la Resurrección, apariciones llenas de amor, no han perdido ni un momento esa devotísima compostura que ha caracterizado sus encuentros con Jesús Resucitado. La comida ha terminado.

7       Jesús abre las manos por encima de la mesa, con su gesto habitual ante un hecho ineluctable, y dice:

«Bien… Ha llegado la hora en que debo dejaros para volver al Padre mío. Escuchad las últimas palabras de vuestro Maestro[3]454. No os alejéis de Jerusalén en estos días. Lázaro[4], con el cual he hablado, se ha preocupado una vez más de hacer realidad los deseos de su Maestro, y os cede la casa de la última Cena[5]455, para que dispongáis de una casa donde recoger a la asamblea y recogeros en oración. Estad dentro de esta casa en estos días y orad asiduamente para prepararos a la venida del Espíritu Santo, que os completará para vuestra misión.

Recordad que Yo –y era Dios– me preparé con una severa penitencia a mi ministerio evangelizador. Vuestra preparación será siempre más fácil y más breve. Pero no exijo más de vosotros. Me basta con que oréis con asiduidad, en unión con los setenta y dos y bajo la guía de mi Madre, la cual os confío con solicitud filial. Ella será para vosotros Madre y Maestra[6]456, de amor y sabiduría perfectos.

Habría podido enviaros a otro lugar para prepararos a recibir al Espíritu Santo. Pero no. Quiero que permanezcáis aquí. Porque es Jerusalén, la que negó, es Jerusalén la que debe admirarse por la continuación de los prodigios divinos, dados en respuesta a sus negaciones. Después el Espíritu Santo os hará comprender la necesidad de que la Iglesia surja justamente en esta ciudad, la cual, juzgando humanamente, es la más indigna de tener a la Iglesia. Pero Jerusalén sigue siendo Jerusalén, a pesar de estar henchida de pecado y a pesar de que aquí se haya verificado el deicidio[7]457. Nada la beneficiará, Está condenada. Pero, aunque ella esté condenada, no todos sus habitantes lo están[8]458.

Permaneced aquí por los pocos justos que tiene en su seno[9]459; permaneced aquí porque ésta es la ciudad regia y la ciudad del Templo, y porque, como predijeron los profetas, aquí, donde ha sido ungido, aclamado y exaltado el Rey Mesías, aquí debe comenzar su soberanía en el mundo, y aquí, y aquí, en este lugar en que Dios ha dado libelo de repudio a la sinagoga a causa de sus demasiado horrendos delitos, debe surgir el Templo nuevo al que acudirán gentes de todas las naciones.

Leed a los profetas. Todo está en ellos predicho[10]460. Primero mi Madre, después el Espíritu Paráclito, os harán comprender las palabras que los profetas dijeron para este tiempo.

8 Permaneced aquí hasta que Jerusalén os repudie a vosotros como me ha repudiado a mí, hasta que odie a mi Iglesia como me ha odiado a mí y maquine planes para exterminarla. Entonces llevad la sede de esta amada Iglesia mía a otro lugar, porque no debe perecer[11]461. Os digo que ni siquiera el infierno prevalecerá contra ella[12]462. Mas si Dios os asegura su protección, no por ello tentéis al Cielo exigiendo todo del Cielo. Id a Efraín, como fue vuestro Maestro porque no era la hora de que fuera capturado[13]463 por los enemigos. Os digo Efraín para deciros tierra de ídolos y paganos. Pero no será la Efraín de Palestina la que deberéis elegir como sede de mi Iglesia. Recordad cuántas veces –a vosotros congregados o a uno de vosotros individualmente– os he hablado de esto, prediciéndoos que ibais a tener que pisar los caminos de la Tierra para llegar al corazón de ella[14]464 y enclavar allí mi Iglesia. Desde el corazón del hombre, la sangre se propaga a todos los miembros. Desde el corazón del mundo, el cristianismo se debe propagar a toda la Tierra.

Por ahora mi Iglesia es como una criatura ya concebida pero que todavía se está formando en la matriz. Jerusalén es su matriz, y en su interior el corazón, aún pequeño, en torno al cual se congregan los pocos miembros de la Iglesia naciente, envía sus pequeñas ondas de sangre a estos miembros. Pero, cuando llegue la hora señalada por Dios, la matriz madrastra expelerá a la criatura que se habrá formado en su seno y ésta irá a una tierra nueva, donde crecerá y se hará un Cuerpo grande extendido por toda la Tierra, y los latidos del fuerte corazón de la Iglesia se propagarán por todo su gran Cuerpo. Los latidos del corazón de la Iglesia, rotos todos los vínculos de ésta con el Templo, eterna ella y victoriosa sobre las ruinas del Templo finado y destruido, de la Iglesia que vivirá en el corazón del mundo, diciendo a hebreos y gentiles que sólo Dios triunfa y quiere lo que quiere, y que ni el livor de los hombres ni ejércitos de ídolos detienen su voluntad…

Pero esto vendrá después, y cuando llegue sabréis cómo actuar. El Espíritu de Dios os guiará. No temáis. Por ahora congregad en Jerusalén la primera asamblea de los fieles. Luego otras asambleas, a medida que vaya creciendo[15]465 el número de los fieles, se formarán. En verdad os digo que los ciudadanos de mi Reino aumentarán rápidamente como semillas echadas en óptima tierra. Mi pueblo se propagará por toda la Tierra. El Señor dice[16]466 al Señor: “Por haber hecho esto y no haber eludido tu entrega por mí, te bendeciré y multiplicaré tu estirpe como las estrellas del cielo y como las arenas que hay en la playa del mar. Tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos y en ella serán bendecidas todas las naciones de la Tierra”. Bendición es mi Nombre, mi Signo[17]467 y mi Ley, donde son reconocidos como soberanos.

9 Está para venir el Espíritu Santo, el Santificador, y vosotros quedaréis henchidos[18]468 de El. Mirad que estéis puros, como todo lo que debe acercarse al Señor. Yo también era el Señor como El. Pero había revestido mi Divinidad con un velo para poder estar entre vosotros, y no sólo para adoctrinaros y redimiros con los órganos y la sangre de este velo, sino también para que el Santo de los Santos estuviera entre los hombres, eliminando la barrera, para todos los hombres, incluso para los impuros, de no poder depositar la mirada en Aquel al que temen mirar los serafines. Pero el Espíritu Santo vendrá sin velo de carne y se posará sobre vosotros y descenderá a vosotros con sus siete dones y os aconsejará[19]469. Ahora bien, el consejo de Dios es una cosa tan sublime, que es necesario prepararse para él con la voluntad heroica de una perfección que os haga semejantes al Padre vuestro y a vuestro Jesús, y a vuestro Jesús en su relación con el Padre y con el Espíritu Santo. Así pues, caridad y pureza perfectas para poder comprender al Amor y recibirlo en el trono del corazón[20]470.

10 Sumíos en el vórtice de la contemplación. Esforzaos en olvidar que sois hombres y en transformaros en serafines. Lanzaos al horno, a las llamas de la contemplación. La contemplación de Dios es semejante a chispa que salta del choque de la piedra contra el eslabón y produce fuego y luz. Es purificación el fuego que consume la materia opaca y siempre impura y la transforma en llama luminosa y pura.

No tendréis el Reino de Dios en vosotros si no tenéis el amor. Porque el Reino de Dios es el Amor, y aparece con el Amor, y por el Amor se instaura en vuestros corazones en medio de los resplandores de una luz inmensa que penetra y fecunda, disuelve la ignorancia, comunica la sabiduría, devora al hombre y crea al dios, al hijo de Dios, a mi hermano, al rey del trono que Dios ha preparado para aquellos que se dan a Dios para tener a Dios, a Dios, a Dios, a Dios sólo. Sed, pues, puros y santos por la oración ardiente que santifica al hombre porque le sumerge en el fuego de Dios, que es la caridad.

Vosotros debéis ser santos. No en el sentido relativo que esta palabra ha tenido hasta ahora, sino en el sentido absoluto que Yo le he dado proponiéndoos la santidad del Señor como ejemplo y límite, o sea, la santidad perfecta[21]471. Nosotros llamamos santo al Templo, santo al lugar donde está el altar, Santo de los Santos al lugar velado donde está el arca y el propiciatorio. Pero, en verdad os digo que los que poseen la Gracia y viven en santidad por amor al Señor son más santos que el Santo de los Santos, porque Dios no se limita a colocarse sobre ellos –como sobre el propiciatorio del Templo, para dar sus órdenes– sino que mora en ellos, para darles sus amores.

11 ¿Os acordáis de mis palabras de la última Cena? Os prometí el Espíritu Santo. Pues bien[22]472, está para llegar, para bautizaros no ya con agua, como hizo con vosotros Juan preparándoos para mí, sino con el fuego, para prepararos a que sirváis al Señor tal y como El quiere que vosotros le sirváis. Mirad, El estará aquí dentro de no muchos días. Después de su venida vuestras capacidades aumentarán sin medida, y seréis capaces de comprender las palabras de vuestro Rey y hacer la obras que El ha dicho que se hagan, para extender su Reino sobre la Tierra».

«¿Entonces vas a reconstruir, después de la venida del Espíritu Santo, el Reino de Israel?» le preguntan interrumpiéndole.

«Ya no existirá el Reino de Israel, sino mi Reino, que se verá cumplido cuando el Padre ha dicho. No os corresponde a vosotros conocer los tiempos ni los momentos que el Padre se ha reservado en su poder. Pero vosotros, entretanto, recibiréis la virtud del Espíritu Santo, que vendrá a vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en Judea y en Samaria y hasta los confines de la Tierra, fundando las asambleas en los lugares en que estén reunidas personas en mi Nombre; bautizando a las gentes en el Nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, como os he dicho, para que tengan la Gracia y vivan en el Señor; predicando el Evangelio a todas las criaturas; enseñando lo que os he enseñado; haciendo lo que os he mandado hacer. Y Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

12 Otra cosa quiero. Que la asamblea de Jerusalén la presida Santiago[23]473, mi hermano[24]474. Pedro, como jefe de toda la Iglesia, deberá emprender a menudo viajes apostólicos, porque todos los neófitos desearán conocer al Pontífice jefe supremo de la Iglesia. Pero grande será el predicamento que, ante los fieles de la naciente Iglesia, tendrá mi hermano. Los hombres son siempre hombres y ven las cosas como hombres. A ellos les parecerá que Santiago sea una continuación de mí, por el simple hecho de ser hermano mío. En verdad digo que es más grande y más semejante al Cristo por la sabiduría que por el parentesco. Pero, así es; los hombres, que no me buscaban mientras estaba en medio de ellos, ahora me buscarán en aquel que es pariente mío. Tú, Simón Pedro… tú estás destinado a otros honores[25]475…».

«Que no merezco, Señor. Te lo dije cuando te me apareciste, y te lo digo, en presencia de todos, una vez más. Tú eres bueno, divinamente bueno, además de sabio, y cabal ha sido tu juicio sobre mí. Yo renegué de ti en esta ciudad. Cabalmente has juzgado que no reúno las condiciones para ser su jefe espiritual. Quieres evitarme muchos vituperios justos…» .

«Todos fuimos iguales, menos dos, Simón. Yo también huí. No es por esto, sino por las razones que he expresado, por lo que el Señor me ha destinado a mí a este puesto; pero tú eres mi Jefe, Simón de Jonás, y como tal te reconozco. En la presencia del Señor y de todos los compañeros, te profeso obediencia. Te daré lo que pueda para ayudarte en tu ministerio, pero, te lo ruego, dame tus órdenes, porque tú eres el Jefe y yo el súbdito[26]476. Cuando el Señor me ha recordado una conversación ya lejana, he agachado la cabeza diciendo: “Hágase lo que Tú quieres”. Esto mismo lo diré a ti a partir del momento en que, habiéndonos dejado el Señor, tú seas su Representante en la Tierra. Y nos querremos ayudándonos en el ministerio sacerdotal» dice Santiago, inclinándose desde su sitio para rendir homenaje a Pedro.

«Sí. Quereos unos a otros, ayudándoos recíprocamente, porque éste es el mandamiento nuevo y la señal de que sois verdaderamente de Cristo[27]477.

13 No os turbéis por ninguna razón. Dios está con vosotros. Podéis hacer lo que quiero de vosotros. No os impondría cosas que no pudierais hacer, porque no quiero vuestra perdición sino vuestra gloria. Mirad, voy a preparar vuestro lugar junto a mi trono. Estad unidos a mí y al Padre en el amor. Perdonad al mundo que os odia.

Llamad hijos y hermanos a los que se acerquen a vosotros, o a los que ya están con vosotros por amor a mí.

Tened la paz de saber que siempre estoy preparado para ayudaros a llevar vuestra cruz. Yo estaré con vosotros[28]478 en las fatigas de vuestro ministerio y en la hora de las persecuciones; y no pereceréis, no sucumbiréis, aunque lo parezca a los que ven las cosas con los ojos del mundo. Sentiréis peso, aflicción, cansancio, seréis torturados, pero mi gozo estará en vosotros, porque os ayudaré en todo[29]479. En verdad os digo que, cuando tengáis como Amigo al Amor, comprenderéis que todas las cosas sufridas y vividas por amor a mí se hacen ligeras, aun las duras torturas del mundo. Porque para aquel que reviste todas sus acciones –voluntarias o impuestas– de amor, el yugo de la vida y del mundo se le transforman en yugo recibido de Dios, recibido de mí. Y os repito que mi carga está siempre proporcionada a vuestras fuerzas y que mi yugo es ligero[30]480, porque Yo os ayudo a llevarlo.

14 Sabéis que el mundo no sabe amar. Pero vosotros, de ahora en adelante, amad al mundo con amor sobrenatural, para enseñarle a amar. Y si os dicen, al veros perseguidos: “¿Así os ama Dios?, ¿haciéndoos sufrir?, ¿dándoos dolor? Entonces no merece la pena ser de Dios”, responded: “El dolor no viene de Dios. Pero Dios lo permite. Nosotros sabemos el motivo de ello y nos gloriamos de tener la parte que tuvo Jesús Salvador, Hijo de Dios”. Responded: “Nos gloriamos si nos clavan en la cruz[31]481, nos gloriamos de continuar la Pasión de nuestro Jesús”[32]482. Responded con las palabras de la Sabiduría[33]483: “La muerte y el dolor entraron en el mundo por envidia del demonio. Pero Dios no es autor de la muerte ni del dolor, ni se goza del dolor de los vivientes. Todas sus cosas son vida y todas son salutíferas”. Responded[34]484: “Al presente parecemos perseguidos y vencidos, pero en el día de Dios, cambiadas las tornas, nosotros, justos, perseguidos en la Tierra, estaremos gloriosos frente a los que nos vejaron y despreciaron”. Pero decidles[35]485 también: “¡Venid a nosotros! Venid a la Vida y a la Paz. Nuestro Señor no quiere vuestra perdición, sino vuestra salvación. Por esto ha entregado a su Hijo predilecto, para la salvación de todos vosotros”.

15 Y alegraos de participar en mis padecimientos para poder estar después conmigo en la gloria[36]486. “Yo seré vuestra desmesurada recompensa”[37]487 promete en Abraham el Señor a todos sus siervos fieles. Sabéis cómo se conquista el Reino de los Cielos: con la fuerza; y a él se llega a través de muchas tribulaciones[38]488. Pero el que persevere como Yo he perseverado estará donde estoy Yo[39]489.

Ya os he dicho cuál es el camino y la puerta[40]490 que llevan al Reino de los Cielos, y Yo he sido el primero en caminar por ese camino y en volver al Padre por esa puerta. Si existieran otros os los habría mostrado, porque siento compasión de vuestra debilidad de hombres. Pero no existen otros… Al señalároslos como único camino y única puerta, también os digo, os repito, cuál es la medicina que da fuerza para recorrerlo y entrar. Es el amor. Siempre el amor. Todo se hace posible cuando en nosotros está el amor[41]491. Y el Amor, que os ama, os dará todo el amor, si pedís en mi Nombre tanto amor como para haceros atletas en la santidad.

16 Ahora vamos a darnos el beso de despedida[42]492, amigos míos queridísimos».

Se pone en pie para abrazarlos[43]493. Todos hacen lo mismo. Pero, mientras que Jesús tiene una sonrisa pacífica de una hermosura verdaderamente divina, ellos lloran, llenos de turbación, y Juan, echándose sobre el pecho de Jesús, en medio de los fuertes espasmos a causa de los sollozos que le rompen el pecho de tan lacerantes como son, solicita, por todos, intuyendo el deseo de todos: «¡Danos al menos tu Pan! ¡Que nos fortalezca en este momento!».

«¡Así sea!» le responde Jesús. Entonces toma un pan, lo parte después de haberlo ofrecido y bendecido, y repite las palabras rituales. Y lo mismo hace con el vino, repitiendo después: «Haced esto en memoria mía», añadiendo: «De mí que os he dejado esta arra de mi amor para seguir estando y estar siempre con vosotros hasta que vosotros estéis conmigo en el Cielo».

Los bendice y dice: «Y ahora vamos».

17 Salen de la habitación, de la casa… Jonás[44], María[45] y Marco[46] están afuera. Se arrodillan y adoran a Jesús.

«La paz permanezca con vosotros, y el Señor os compense de todo lo que me habéis dado» dice Jesús bendiciéndolos al pasar.

Marco se alza y dice: «Señor, los olivares que hay a lo largo del camino de Betania están llenos de discípulos que te esperan».

«Ve a decirles que se dirijan al Campo de los Galileos».

Marco se echa a correr con toda la velocidad de sus jóvenes piernas.

«Entonces, han venido todos» dicen entre sí los apóstoles.

18     Más allá, sentada entre Margziam[47] y María Cleofás[48], está la Madre del Señor. Y, viéndole acercarse, se levanta, y le adora con todo el impulso de su corazón de Madre y de fiel.

«Ven, Madre, y también tú, María…» invita Jesús al verlas paradas, paralizadas por la majestad que, resplandeciente, emana como en la mañana de la Resurrección. Jesús no quiere apabullar con esta majestad suya, así que, afablemente, pregunta a María de Alfeo: «¿Estás sola?» .

«Las otras… las otras están adelante… con los pastores y… con Lázaro y toda su familia… Pero nos han dejado a nosotras aquí, porque… ¡Oh, Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!… ¿Cómo soportaré el no verte, Jesús bendito, Dios mío, yo que te quise incluso antes de que nacieras y que tanto lloré por ti cuando no sabía dónde estabas después de la matanza… yo que tenía mi sol, y todo, todo mi bien en tu sonrisa desde que volviste?… ¡Oh, cuánto bien! ¡Cuánto bien me has dado!… ¡Ahora sí que voy a ser verdaderamente pobre, viuda, ahora sí que voy a estar verdaderamente sola!… ¡Estando Tú, teníamos todo!… Aquella tarde creí conocer todo el dolor… Pero el propio dolor, todo aquel dolor de aquel día, me había ofuscado y… sí, era menos fuerte que ahora… Y además… estaba el hecho de que ibas a resucitar. Me parecía no creerlo, pero ahora me doy cuenta de que sí lo creía, porque no sentía lo que siento ahora…», llora, y, tanto la ahoga el llanto, que jadea.

«María buena, verdaderamente te afliges como un niño que crea que su madre ya no le quiere y que le haya abandonado por haber ido a la ciudad (a comprarle regalos que le harán feliz, y pronto volverá a él para cubrirle de caricias y regalos). ¿No es esto, acaso, lo que Yo hago contigo? ¿No voy a prepararte la alegría? ¿No voy para volver y decirte: “Ven, pariente y discípula mía amada, madre de mis amados discípulos”? ¿No te dejo mi amor? ¡Te doy mi amor, María! ¡Bien sabes que te quiero! No llores así. Exulta, más bien, porque ya no me verás vilipendiado y fatigado, ni perseguido, ni sólo, rico del amor de pocos. Y con mi amor te dejo a mi Madre. Juan será para Ella hijo. Tú sé para Ella buena hermana, como siempre. ¿Lo ves? Mi Madre no llora. Sabe que, si bien la nostalgia de mí será la lima que consumirá su corazón, la espera será en todo caso breve respecto a la gran alegría de una eternidad de unión, y sabe también que esta separación nuestra no será tan absoluta que le haga exclamar: “Ya no tengo Hijo”. Ese fue el grito de dolor del día del dolor. Ahora en su corazón canta la esperanza: “Sé que mi Hijo sube al Padre, pero no me dejará sin sus espirituales amores”. Créelo así también tú, y todos…

19 Ahí están los otros y las otras. Ahí están mis pastores».

Las caras de Lázaro y sus hermanas, en medio de todos los domésticos de Betania, y la cara de Juana, semejante a una rosa bajo un velo de lluvia, y las de Elisa y Nique, ya marcadas por la edad (y ahora las arrugas se hacen más profundas a causa del dolor: dolor, de cualquier modo, para la criatura humana, aunque el alma se alegre por el triunfo del Señor), y la cara de Anastásica, y las caras de azucena de las primeras vírgenes, y el ascético rostro de Isaac, y el inspirado de Matías, y el rostro viril de Manahén, y los austeros de José y Nicodemo… Caras, caras, caras…

Jesús llama a los pastores, a Lázaro, a José, a Nicodemo, a Manahén, a Maximino y a los otros de los setenta y dos discípulos. Les dice que se acerquen, pero quiere tener especialmente cerca a los pastores. Dice a éstos:

«Venid aquí. Vosotros, que estuvisteis junto al Señor cuando vino del Cielo, y que os inclinasteis ante su anonadamiento, estad ahora cerca del Señor cuando vuelve al Cielo, exultando en vuestro espíritu por su glorificación. Habéis merecido este puesto porque habéis sabido creer contra toda circunstancia desfavorable y habéis sabido sufrir por vuestra fe. Os doy las gracias por vuestro amor fiel.

A todos os doy las gracias. A ti, Lázaro amigo. A ti, José, y a ti, Nicodemo, compasivos con el Cristo cuando serlo podía significar un gran peligro. A ti, Manahén, que por ir por mi camino has sabido despreciar los sucios favores de un inmundo. A ti, Esteban, florida corona de justicia[49]494, que has dejado lo imperfecto por lo perfecto y serás coronado con una corona que todavía no conoces pero que te será anunciada por los ángeles. A ti, Juan, por breve tiempo hermano mío[50]495 en el pecho purísimo, y venido a la Luz más que a la vista. A ti, Nicolái, que, siendo prosélito[51]496, has sabido consolarme por el dolor de los hijos de esta nación. Y a vosotras, discípulas buenas, y más fuertes que Judit, sin por ello dejar de ser dulces.

20 Y a ti, Margziam, niño mío, que tomarás a partir de ahora el nombre de Marcial[52]497, para memoria del niño romano[53]498 matado en el camino y puesto delante de la cancilla de Lázaro con el rótulo de desafío: “Y ahora di al Galileo que te resucite, si es el Cristo y si ha resucitado, último de los inocentes que en Palestina perdieron la vida por servirme a mí aun inconscientemente[54]499, y primero de los inocentes de todas las naciones, de los inocentes que, por haberse acercado a Cristo, serán odiados y recibirán prematura muerte, como capullos de flores arrancados de su tallo antes de abrirse. Que este nombre, Marcial, te señale tu destino futuro: sé apóstol en tierras bárbaras y conquístalas para tu Señor, como mi amor conquistó al niño romano para el Cielo.

21 A todos, a todos os bendigo en este adiós, invocando al Padre, invocando para vosotros la recompensa de los que han consolado el doloroso camino del Hijo del hombre.

Bendita sea la Humanidad en esa porción selecta suya, que está en los judíos y está en los gentiles, y que se ha manifestado en el amor que ha tenido hacia mí.

Bendita sea la Tierra[55]500 con sus hierbas y sus flores; benditos sus frutos, que me procuraron delicia y alimento muchas veces. Bendita sea la Tierra con sus aguas y con su calor, por las aves y los animales, que muchas veces superaron al hombre en confortar al Hijo del hombre. Bendito seas tú, Sol, bendito seas tú, mar, benditos seáis vosotros, montes, colinas, llanuras; benditas vosotras, estrellas que me habéis acompañado en la nocturna oración y en el dolor. Y tú, Luna, que has sido luz para mis pasos durante mi peregrinaje de Evangelizador.

Benditas seáis todas, todas vosotras, criaturas, obras del Padre mío, compañeras mías en este tiempo mortal, amigas de Aquel que había dejado el Cielo para quitar a la atribulada Humanidad las espinas de la Culpa que separa de Dios.

¡Benditos seáis también vosotros[56]501, instrumentos inocentes de mi tortura: espinas, metales, madera, cuerdas trenzadas, porque me habéis ayudado a cumplir la Voluntad del Padre mío!».

¡Qué voz tan resonante tiene Jesús! Se expande por el aire templado y sereno como voz de bronce golpeado; se propaga en ondas sobre el mar de rostros que le miran desde todas las direcciones.

22     Yo digo que constituyen centenares las personas que rodean a Jesús, que sube con aquellos a quienes más quiere hacia la cima del Monte de los Olivos. Pero Jesús, al llegar al principio del Campo de los Galileos, despoblado de tiendas en este período situado entre las dos fiestas, ordena a los discípulos:

«Detened a la gente donde está. Luego seguidme».

Sigue subiendo, hasta el lugar más alto del monte, el lugar más próximo a Betania, a la que domina –no a Jerusalén– desde arriba. Arrimados a El, su Madre, los apóstoles, Lázaro, los pastores y Margziam. Más allá, en semicírculo, manteniendo a distancia a la muchedumbre de los fieles, los otros discípulos.

23     Jesús está en pie sobre una ancha piedra un poco prominente y albeante entre la hierba verde de un claro. El Sol incide en El, haciendo blanquear, cual si fuera nieve, su túnica; relucir, cual si fueran de oro, sus cabellos. Sus ojos centellean con luz divina.

Abre los brazos en ademán de abrazar: parece querer estrechar contra su pecho a todas las multitudes de la Tierra, que su espíritu ve representadas en esa muchedumbre. Su inolvidable, inimitable voz da la última orden:

«¡Id! Id en mi Nombre, a evangelizar a las gentes hasta los extremos confines de la Tierra[57]502. Dios esté con vosotros. Que su amor os conforte, su luz os guíe, su paz more en vosotros hasta la vida eterna».

Se transfigura en belleza. ¡Hermoso! Tanto y más hermoso que en el Tabor. Caen todos de rodillas, adorando. El, elevándose ya de la piedra en que se apoyaba, busca una vez más el rostro de su Madre, y su sonrisa alcanza una potencia que nadie podrá jamás representar… Es su último adiós a su Madre.

Sube, sube… El Sol, aún más libre para besarle –ahora que no hay frondas, ni siquiera sutiles, que intercepten el camino de sus rayos–, incide con sus resplandores sobre el Dios–Hombre que asciende con su Cuerpo santísimo al Cielo, y evidencia sus Llagas gloriosas, que resplandecen como rubíes vivos. El resto es un perlado sonreír de luces. Es verdaderamente la Luz que se manifiesta en lo que es, en este último instante como en la noche natalicia. Centellea la Creación con la luz del Cristo que asciende. Una luz que supera a la del Sol. Una luz sobrehumana y beatísima. Una luz que desciende del Cielo al encuentro de la Luz que asciende… Y Jesucristo, el Verbo de Dios, desaparece para la vista de los hombres en este océano de esplendores…

En la tierra, dos únicos ruidos en el silencio profundo de la muchedumbre extática: el grito de María cuando El desaparece: «¡Jesús!», y el llanto de Isaac. Los demás están enmudecidos por religioso estupor, y permanecen allí, como en espera de algo, hasta que dos luces angélicas candidísimas, en forma mortal, aparecen y dicen las palabras[58]503 recogidas en el primer capítulo de los Hechos Apostólicos.

Apendice

Testigos de la Ascención: Dice MV que eran cientos de personas

María Virgen, Los Apóstoles, los pastores, Lazaro, Margziam desde este día llamado Marcial

los 72 discipulos, y las discipulas mujeres

Marta y María Magdalena y todos sus domésticos

María de Alfeo tía de Jesús, madre de Santiago y Judas Tadeo

Jonás el guardián de Getsemaní, su esposa y su hijo Marco

Esteban

Juana Cusa, Nique, Elisa y Anastasica

Isaac el pastor, Matías el discipulo que sería apóstol, Jose de Arimatea, Nicodemo, Mahahen

Nicolái y Maximino

PADRE MELVIN DOUCETTE  “La Ascensión de Jesús.” Domingo 16 de mayo de 2010

A continuación encontraréis el mensaje de Nuestro Señor y Redentor entregado a Joseph.  Jesús le habló con estas palabras:

“Me aparecí a los Apóstoles y a otros durante cuarenta días después de  Mi resurrección.  Esto fue necesario para que su fe en Mí estuviera  firme y creyeran sin dudar que había resucitado de entre los muertos y  que soy el Mesías, el Salvador, prometido por el Padre después del  pecado de Adán y Eva.  Al cabo de los cuarenta días, los llevé al  Monte de los Olivos y allí, delante de sus ojos, ascendí a los  cielos.  Ascendí hacia el cielo y una nube Me envolvió y me tapó de su  vista.  Regresaré de la misma manera al final de los tiempos para  juzgar a los vivos y a los muertos.

Mi Ascensión demostró que había llegado Mi tiempo de desaparecer de la  vista, regresar al cielo y sentarme a la derecha del Padre.  Les di a  los Apóstoles la instrucción de ir por todo el mundo predicando el  Evangelio y para establecer Mi Iglesia.  Sin embargo, antes tenían que  esperar la venida del Espíritu Santo.  De hecho Pentecostés llegó al  décimo día después de Mi Ascensión.  Estoy ahora entronizado como  vuestro Rey y trabajo en todo momento en Mi Iglesia por el poder del  Espíritu Santo.  Os exhorto a todos a seguirme.”

Padre Melvin

Personajes

LAZARO DE BETANIA

Información general

Hijo de Teófilo Un gobernador de Siria prosélito (d.   allí 3 años) y de Euchère Su esposa (que murió allí siete años). Por lo tanto,   que esté protegido de los romanos. Es el hermano de Martha y María Magdalena. Lázaro   por lo general a Betania, donde se había retirado, dejando a su Palacio de Sión tras el escándalo público de su hermana.   Pierde todos sus amigos, excepto José Arimatea, Nicodemo y Simon Zelote (el fanático), su   vecino (8.42).

Ese vecino que se convirtió en un discípulo de   Jesús después de haber sido curado de su lepra, le lleva a Jesús. Es una   familia de los estados poderosos como el mundo que durante su visita   mortal enfermedad: “La casa de Lázaro es una casa grande, y nuestro   usos incluyen los que damos honor de un hombre poderoso que muere (8.5).

“Lázaro es inmensamente rica. Buena   parte de la ciudad le pertenece a él y muchas tierras   Palestina. “El hombre, por lo tanto, la alta sociedad, incluidos los amigos de José de Arimatea   amigo que no abandona su compañía después de que el oprobio arrojado por la mala conducta   Su hermana María de Magdala. rico terrateniente, también tiene   Getsemaní, la “Belle-Eau”, el club, un palacio en la ciudad, mantiene   Levi, una propiedad en Jerusalén fuera de los muros, cerca del Cedrón (2.83 – P.470), un   Propiedad de Antioquía de Siria, donde Sintica y Jean   Endor refugiarse, huertos cerca de Gaza (8.47).

Forma parte del grupo   “Strong” (con ChouzéNicodemo,   José de Arimatea) imagina a Jesús a evangelizar a Judea poderosa   (2.83 – P.471) Por sus sufrimientos y mortificaciones   salvó a su hermana por Alégrate a ti, contra ti desgarrado Lázaro   el diablo … (5.66). El sufrimiento de una enfermedad grave en las piernas, él   disminución de la terrible agonía hasta la muerte, con las piernas de la putrefacción   su vida (8.4). “Señor, se siente” Al principio, horrorizado por la idea de morir,   llegado a comprender el significado del sacrificio y el deseo. (6.104). Fue resucitado por Jesús antes de la   Todos corrieron a Jerusalén a su funeral. Así que un cuerpo en descomposición   Jesús resucita (8.8). Al parecer, en todas partes y   “Para Siria” donde todavía tiene los bienes a declarar   poder de Jesús. A donde quiera que despierta la curiosidad y el temor a   un hombre más allá de los ingresos. Se aspira por tanto a la paz (8.27).

Personalidad y aspecto físico

Retrato moral y espiritual Lázaro (2.84 – P.480) – Pequeña   años treinta. 1,65 m (4.143, P.378) – “cortés, distinguida y completa   Seguro, como todos los hombres de alta cuna “(8.27) “Siempre   delgada y pálida, de pelo corto, delgado y sin asas, se afeitó   barbilla para arriba solamente vestido de lino muy blanco, camina con dificultad   como alguien que sufre de las piernas (piernas son enormes) “-   Criado en una cultura helenística, que se cultiva mucho y lee mucho.

Su enfermedad imperio Lázaro es muy fina, de color amarillo, ojos hundidos. Lo   es, obviamente, muy enfermo y muy débil. Él llora como un niño   mostrando sus piernas hinchadas, azulado, con las heridas que requieren   varicosas abierto en varios lugares. (5.55) Esta enfermedad   finalmente llega a la fase final: se caracteriza por una descomposición   carne acompañado de un olor fétido (7.216) “No me   No, no me resiste “, dijo María Valtorta, ambos son aterradoras y   llagas repugnantes que se han formado a lo largo de las venas varicosas de la   las piernas “.

Curso Apostólica

Testigo de la Resurrección y resucitado   a sí mismo después de cuatro días. Testigo de la Ascensión, donde se llama a la   cerca de Jesús: “Tú, Lázaro, amigo mío. Tú, José, y tú, Nicodemo,   lleno de piedad por Cristo cuando podría ser un gran peligro ”   (10.23)

“Lo que yo digo (cerca de los pobres)   Lázaro en esta propiedad, mi amigo y el amigo de Dios que es tan rico,   Puede parecer extraño. Pero Lázaro es una excepción entre los ricos. Lázaro   vino a esta virtud es muy difícil de encontrar en el suelo y   aún más difícil de practicar para enseñar a otros. La virtud de la libertad a contra la riqueza. (3.68 – P. 400) “

El significado de su resurrección, en breve   antes de la Pasión de Jesús, se da: “Tú que eres recién nacido,   porque en su antiguo poder del motor carne es nuevo, sin pasado,   pura, sin rastro de lo que fuiste tú quien vino a servir a mí, nada   Para ello, debe ser como soy, la mayor parte de todos. Mírame   así. Mire usted en mí, y pienso en mí mismo. Usted es un hombre y tú eres un   infantil. Usted es un hombre de la edad, usted es un niño por la pureza de corazón. Usted   sobre los niños tienen la ventaja de conocer el bien y el mal, y tienen   ya sabe cómo elegir el bien. Usted ha estado inmerso en las llamas encendidas por   el amor. Usted tiene que ser “amor”, y nunca encontrar otro   cosa que el abrazo amoroso de Dios. “-” Y al hacerlo,   Voy a cumplir la misión para la que has subido? “-” En   Haciendo esto, usted logrará el. “(8.11)

El aumento de la persecución, la familia   Betania decidió emigrar: “Ciertamente no se puede decir   Lázaro, María y Martha eran criaturas terribles. Ves   Sin embargo, que, aunque con dolor extremo, se han ido lejos de aquí   también para llevar la Palabra de Dios que aquí habría sido sofocado por   Judios “(10.34). Esto corrobora la tradición de su exilio   en la Galia (véase más adelante).

Su nombre

forma griega de Eleazar [El’azar]   que significa “Dios rescató. Notas históricas: el hijo   Aaron se convirtió en un sumo sacerdote como él a su muerte.

¿Dónde se habla en la obra?

Lazare   Los caracteres fundamentales de la citada más de 50 veces en el trabajo

  1. De viajes Apostólica Judea 2.33 – 2.35 – 2.47 – 2.49 – Elección de los apóstoles como postreros 2.55 – Los últimos pastores   : 2.70 – 2.76 (P.424)   – 2.79 – 2.80 – 2.81 – 2.83 (P.469/70) – 2.84 (P.480)   – 2.88 (P.506)   – 2.100 (P.591) –  102 – 2.103
  2. El Sermón de la Montaña: 3.32 – 3.34 – El segundo viaje pascal: 3.59 – 3.60 – 3.61 – Apostolado en Judea: 3.65 – 3.66 – 3.67 – 3.68 – 3.72 – 3.73
  3. La conversión de María Magdalena: 4.88 – 4.96 – 4.106 – 4.110 – Envío y apóstoles discípulos la misión 4.132 – 4.133 – 4.143 – Perea,   Galaad Traconite : 4.145 – 4.146 – 4.147 – 4.149 – 4.168 – El día de fiesta   años en Nazaret 4.177
  4. El camino de los discípulos en Antioquía: 5.1 – 5.7 – 5.10 – 5.11 – Fenicia y de la Alta Galilea22 – 5.26 – La penúltima Pascua 5.55 – 5.62 – 5.65 – 5.66 – 5.68
  5. Despedidas en Judea 6.83 – Pentecostés Decápolis y Llano de lasEsdrelón : 6.104 – 6.118
  6. 156 – 7.176 – La Fiesta de los Tabernáculos: 7.180 – 7.183 – Moab y Judá: 7.216 – La fiesta de Dedicación: 7.224 – 7.233 – 7.237
  7. La resurrección de Lázaro: 8.1 – 8.2 – 8.3 – 8.4 – 8.5 – 8.6 – 8.7 – 8.8 – 8.9 – 8.10 – 8.11 – Exilio Samaria: 8.12 – 8.15 – 8.20 – 8.21 – 8.23 – 8.27 – 8.33 – El   regresar a Jerusalén: 8.39 – 8.42 – 8.43 – 8.45 – 8.46 – 8.47
  8. 6 – Semana Santa: 9.9 – 9.11 – 9.12 – 9.13 – 9.15 – 9.17
  9. El domingo de Resurrección 10.1 – 10.7 – de Resurrección Ascensión 10.14 – 10.16 – 10.17 – 10.20 – 10.21 – 10.22 – 10.23 – 10.26 – 10.27 – 10.29 – 10.32 – 10.34 – 10.35

Aprenda más sobre este personaje

  Lázaro Galia : Por   tradiciónLázaro emigró Narbona en las Galias (Provenza) con todas las   Betania familia tan pronto como las persecuciones contra los cristianos   comenzará en Jerusalén bajo el reinado de Herodes Agripa 1 hermano   Herodías. Lo que ascenderá a Massilia (Marsella). Lo   morir allí alrededor del año 60 a la edad de 65 años.

JONAS El guardián de Getsemaní

Presentación   General – Curso Apostólica – Su nombre – Donde   ¿Habla en el trabajo? – Más

Información general

Guardián de Getsemaní, el criado de Lázaro Teófilo. Marido María y el padre Marc(Tal vez Evangelista).

Con frecuencia recibe la banda Apostólica en   sus visitas a Jerusalén. Pero cuando fue atacado por una pandilla,   en el 3º La Pascua, se vuelve menos propensa a la valentía, que   le valió la burla de la banda apostólica (5.64). Jesús, lejos   considerar que, personalmente, decidió no quedarse con él, pero para ocupar el jardín   de vez en cuando.

Curso Apostólica

Testigo de la Ascensión (10.23) ¿Cuál es, en parte en Getsemaní. “Eso   La paz con vosotros, y que el Señor te recompensará por todo lo   que me diste “Jesús dijo al despedirse. ‘s la vivienda, cerrada   instrucciones de Lázaro después de la Ascensión del Señor, será propuesto como   Vivienda María. Para satisfacer su necesidad de soledad, Jonas y María   se trasladará a Betania (10.27).

Su nombre

Jonás significa “paloma”.   referencia histórica del profeta Jonás.

¿Dónde se habla en la obra?

2.17 – 2.33              3.57         5.48 – 5.55 – 5.62 – 5.64          10.23 – 10.27 –

MARÍA esposa de Jonás guardián de Getsemaní

Presentación     General

Mujer de Jonas, el guardián del olivar de Getsemaní. Así que uno de los muchos criadas Lázaro Teófilo. Madre Marc, Tal vez el evangelista. De hecho, la frase siguiente: “Cuando que entendía la situación, fue a la casa de María, la madre de Juan Marcos. Muchas personas se habían reunido allí para rezar. “(Hechos 12:2) y el contexto, puede hacer esta suposición.

Lo     Jesús recibe la totalidad de sus pasajes: “Eres tan bueno conmigo, tú, María, quei merecen eso y más “

Ruta     apostólico

Testigo     la Resurrección (10.23 ). “¿Qué     La paz con vosotros, y que el Señor te recompensará por todo lo     que me diste “Jesús dijo en el día de su Ascensión.

Su     nombre

En hebreo Miryam (Miriam – Miriam). Nombre común     podrá designar a la amargura o “lo que es alto”, “profetisa”     o el femenino de “Señor” – una referencia cultural: la hermana     Aaron

Donde     ¿El hablar acerca de él en el trabajo?

2.18 – 2.33              3.57         5.62         10.23 – 10.27

MARCO hijo de Jonás de Getsemaní

Información general

Ilustración de los contras   http://www.santiebeati.it

Él es el hijo de los guardianes de esta propiedad Lázaro cuando Jesús vino a menudo y donde pasó su noche de agonía. Nombre los padres, María y Jonás Y esta propiedad, cerca de Jerusalén, pregunte acerca de la similitud no tienen entre Mark y el evangelista.

“Cuando se dio cuenta de la situación, fue a la casa de María, la madre de Juan sobrenombre Marcos. Muchos hubo personas se reunieron para orar. “(Hechos 12,12) –   “Como Bernabé y Saúl, después de completar su misión a Jerusalén, que regresó y tomó consigo a Juan llamado Mark. “(Hechos 12,25)

Algunos detalles son inquietantes, en particular Getsemaní que era de hecho una propiedad segura en la hostilidad prevaleciente en vista de la protección de que gozaban por su propietario de la Autoridades romanas.

El joven que, fuera de la cama por el ruido detención, huyeron casi desnuda, es probable que él. “Un joven el hombre que le seguía, vestida sólo con una sábana. Lo agarraron, pero él dejó caer el paño y huyó desnudo. “(Marcos 14.51-52). Detalles creíble, puesto que la detención se llevó a cabo precisamente en Getsemaní.

La desventaja de esta tesis, sostenemos que la texto de los Hechos de los Apóstoles, dice Juan, por sobrenombre Marcos no, Marcos, hijo de Jonás (Juan).

Curso Apostólica

Testigo de la Resurrección (10.22) Y Ascensión (10.23) Debido a que es parte en Getsemaní es   suceder. Se incorporó a las filas de discípulos.

Su nombre

Nombre o apodo en lugar de origen latino. Lo significa “pequeño martillo”.

¿Dónde se habla en la obra?

2.18 – 2.33              3.57         5.48 – 5.62              9.9          10.11 – 10.22 – 10.23 – 10.27

Aprenda más sobre este personaje

Sabemos, desde el Escrituras, su madre, María, era pariente de Bernabé. (Collossiens 4,10).

En el resto de la persecución cristiana   que se estableció en Jerusalén con la llegada de Herodes Agripa 1 (41 después de   JC) Marc sigue Pedro en Roma después acompañó a su tío Bernabé y   Pablo en su viaje misionero. Se convierte en el intérprete de San América   Pedro y participa en la Sede Apostólica de la misma. Él predica y   convertir a los paganos de Roma, explica la cultura judía, se traduce   Arameo bíblico y los escritos en hebreo al latín.

Ireneo, obispo de Lyon, a unos 180, dice   (En Prólogo antimarcionite) Que   El Evangelio de Marcos fue escrito (en latín) en Roma, según el testimonio   En vivo desde Pedro lo que es el momento de escribir todo el   64/65 años.

En el prólogo mismo antimarcionite,   Marc es apodado “el dedo roto”, en referencia a la mutilación que impuestas a no entrar en el sacerdocio que él propuso y que indigno sentía.

Sin embargo, se convierte en obispo (patriarca) de Alejandría Egipto como se evidencia por Eusebio, Jerónimo y Filón Alejandría. Pedro Damián le dice: “Él tiene una gran influencia en Alejandría, que todos los que llegaron en masa para ser educado en la fe, que pronto llegó a la cumbre de la perfección, la práctica de la abstinencia, y toda clase de buenas obras, por lo que parecía que una comunidad de monjes. Había menos a este resultado milagros extraordinarios de San Marcos y la elocuencia de sus sermones a sus excepcionales ejemplos. “

Fue capturado y cruelmente torturado por idólatras irritaba a su número de conversiones y muere como un mártir en el 67. Sus reliquias se guardaban en una pequeña capilla del pequeño puerto Pesca Vukol cerca de Alejandría, donde el martirio sufrido.

En 828, la ciudad de Venecia en Italia buscando un nuevo protector celestial de gran alcance para protegerla de San Teodoro sustituir y competir con Roma y su santo patrono Peter. Dos mercaderes venecianos logran robar sus reliquias sagradas en la pequeña capilla donde se encuentra desde su muerte. La basílica San Marcos Venecia es especialmente construida para la ocasión y se convirtió en el santo patrón de Venecia el león como símbolo de la ciudad. Marc llegaron a evangelizar la región barco se había hundido en la laguna que daría a luz 452 a Venecia. Un ángel se le apareció y le dijo estas palabras:   “La paz sea sobre ti mi Marcos evangelista, usted encontrará aquí el resto.

El San Marcos es celebra cada año el 25 de abril.

MARGZIAM Yabes y Marcial,   joven prodigio discípulo

Información general

(Marjiam – Maarhgziam). pequeño hijo de uno de   Doras Doras de los campesinos (3.52)   que se esconde en el bosque y le dice a Jesús. Un huérfano, sus padres se   (Juan y María) y sus hermanos murieron en un deslizamiento de tierra cerca de   Emaús (3.59) En   diciembre anterior. De su nombre original Jabe (Jabes), recibe   de la Virgen María, el nuevo nombre de Margziam (3.59) ¿Cuál es el nombre   Mariam escribió en el antiguo lenguaje (3.60). Hijo adoptivo   Pedro y Porfiria.

Personalidad y aspecto físico

Doce años, durante su encuentro con Jesús (3.52) Pero al parecer,   insignificante. Margziam sea conocido por todos. Es una virtud difícil y si   necesarias para su futura misión. Voluntario, que es el medio de su   decisión. Es entonces cuando decide obtener una gracia rápida (4.176) O cuando   decide rescatar a su abuelo, un agricultor operados Giocana: Porphyrée   me dijo que hacían sacrificios de todo tipo para poder   dinero a un lado. Trabajó en el campo, que hizo haces   para hornos, ha sido la pesca, que se privó de quesos a la venta, la   la miel para la venta … (6.135)

Curso Apostólica
Testigo de la Resurrección y la Ascensión, pero   no la pasión que Jesús evita (8.27)

En compañía de su padre adoptivo y   José de Arimatea, su padrino, es recibido como el hijo de   Ley (3.62). De ello se deduce   Ahora los discípulos que pertenece. En la primera generación de   panes, es el primero en tomar una cesta y ver el milagro.   Educado con esmero y cariño por Juan de Endor lo   y también ama a Jesús. Él hizo su primera predicción y obtuvo   su primer milagro en Caná (4.175)   A pesar de su corta edad, es un predicador y un sacerdote futuro asegurado   poner en práctica sin dudarlo, las enseñanzas de Jesús. Tras el exilio   Juan de Endor, su tutor, señaló a él las enseñanzas de Jesús.   Sobre todo por el dolor experimentado (sus padres, su abuelo) y   separaciones (Juan de Endor), se le asigna (7.158), Pero mantiene   coraje.

Se elimina de la Pascua, que desempeñará   Pasión y Jesús no aparece como los otros discípulos. Él   la impresión de haber entrado en desgracia. Así conoció a Jesús resucitado   en el Tabor, está obligado a la consola: “Pero, mi amado entre todos los   los discípulos, no creo que fui el fin de reforzar   vacilante. ¿Qué necesidad había de venir a ti, niño, cuya fe,   esperanza, caridad, cuya voluntad y la obediencia son conocidos por mí   ? (10.20)

Por último, tomó el nombre en memoria de Marcial   una Pequeñas romana martirizado: “Y ese nombre, oh Marcial le dice que su   el futuro destino: ser apóstol en las tierras bárbaras y conquistar a tu   Señor como mi amor ha conquistado el joven romano al cielo. “(10.23). Se convertirá en un mártir: Un día, Simon   Peter se regocijan al saber encarcelados, golpeados, azotados, poner en peligro   Margziam su muerte, y donde tendría el coraje de extender su mano en el   tener en la horca por la púrpura del cielo y la tierra para fertilizar   sangre de un mártir, envidiando a su destino y el sufrimiento por una razón:   no estar en el lugar de su hijo (5.35). Margziam, ahora   Marcial, de hecho va a Pedro en Roma (10.35)

Su nombre
Yabes: “que causa el dolor”   – Margziam es un origen, cerca de Miriam dijo: “viejo   lenguaje “y Marcial está relacionado con Marte, el dios de la guerra.

¿Dónde se habla en la obra?
Margziam hecho   parte de las cifras básicas citados más de 50 veces en el trabajo
El   segundo viaje pascal: 3.523.533.543.553.563.573.583.593.603.613.623.633.64 – Apostolado en Judea: 3.663.673.683.693.703.713.723.743.753.76 – Apostolado   Filistea: 3.86

4.87 – La conversión de María Magdalena: 4.894.1034.113 – Envío y apóstoles   discípulos la misión 4.1254.1344.1354.1364.1374.1434.144 – Perea, Gilead y Traconite: 4.1454.1464.1474.1494.1504.1514.1534.1544.1554.1564.1574.1584.1604.1654.168 – El día de fiesta   años en Nazaret 4.1694.1704.1714.1724.1734.1744.1754.1764.1774.178

El camino de los discípulos en Antioquía: 5.15.2 – Fenicia y de la Alta Galilea 5.245.265.35 – La Transfiguración   Pan del Cielo 5.365.385.405.525.53 – La Pascua penúltima 5.545.555.565.575.655.68

Pentecostés   Decápolis y Esdrelón Llanura: 6.124 – Verano en Nazaret: 6.126 6.1276.1326.1336.1356.1366.1376.1406.141

7.158 – En los Siro-Fenicia 7.1597.160 – El festival   Tabernáculos: 7.1807.188 – En   Moab y Judá: 7.1927.1937.1957.2017.2027.2047.2067.2077.2087.218

Exiliado en Samaria 8.27 – El   regresar a Jerusalén: 8.388.45

de   Resurrección Ascensión 10.1910.2010.2110.2210.23

Aprenda más sobre este personaje
La vida y el martirio a menudo interfiere San Marcial   con la de su homónimo del siglo III, el apóstol de Aquitania y   Limousin en Francia. En esta confusión, es para los suyos   imposible con el apóstol Pedro. Ella se convirtió en legendario. Lo   se explica aquí.

Esteban el primer mártir

discípulo de Gamaliel, un discípulo, diácono y   protomártir

Información general
Ilustración de acuerdo http://www.santibeati.it

Jóvenes estudiantes como Gamaliel, lo que explica   la calidad de su dialéctica y su retórica (Actas 6,8 a 10).   Pronto Jesús será uno de los 72 discípulos. Convertido en uno de   primeros diáconos de la Iglesia primitiva, será el primer mártir. El   apedreado poner sus ropas a los pies del futuro Pablo (historia por debajo de y 10.30). Su   el cuerpo es abandonado bajo el montón de piedras (probablemente en un barrio   al norte de Jerusalén). La Virgen María y un apóstoles pocos vienen por la noche   encontrar el cuerpo de Esteban para darle un entierro, pero decente   cerca de lo desconocido, a Betania en el camino a Jericó (10.32).

Personalidad y aspecto físico
“Un hombre joven de unos veinticinco   buscar años, moreno, fuerte, inteligente y cuya apariencia es menos plebeya   que la mayoría de los presentes. “(3.26 –   p.116).

“Su cara es tan clara. Usted es un   los que se quedan muy pequeños … “-” ¿Y cuál es en mi   rostro, Señor? “-” La caridad, la fe, la pureza, la generosidad,   la sabiduría, y todo lo que es Dios quien lo dio a usted y usted ha crecido y   hará más. Finalmente, después de que su nombre, tiene la corona de oro puro y con   una joya que brilla mucho en la frente. Por el oro y las piedras son   grabadas dos palabras: “predestinación” y “Orígenes”. Ser   digno de su lote, Stephen. Vete en paz con mi bendición. “(5.44)

Curso Apostólica
Testigo de la Ascensión, donde se le llama en   familiares: “Tú, Stephen, flor corona de justicia que han dejado   imperfecto a lo perfecto y se verá coronada con una tiara que haces   No sé todavía, pero decirte que los ángeles “(10.23)

Conoció a Jesús al comienzo de la   segundo año de la vida pública. Con su compañera Hermas, Estudiante   Gamaliel como él, decidió seguir a Jesús y ahora es parte de   grupo de setenta y dos (4.142)

Su nombre
Stephen significa “corona” en griego.

¿Dónde se habla en la obra?
Stephen es   parte de las cifras básicas, citado o mencionado más de 50 veces

 En Galilea, la elección de los apóstoles: 3.26 – El Sermón de la   Montaña: 3.303.313.323.333.36

 4.87 – Conversión   María Magdalena: 4.113 – Envío   apóstoles y discípulos en misión: 4.1394.1404.1414.142 – Perea, Gilead Traconite : 4.1454.146

 Fenicia y de la Alta Galilea 5.225.35 – La Transfiguración y el Pan del Cielo   : 5.365.375.385.405.44 – La penúltima   Pascua 5.545.605.615.66

 Llanura de Sharon: 6.936.96 – Verano en Nazaret: 6.1326.138

 En los Siro-Fenicia 7.1597.1727.173 – El   Fiesta de los Tabernáculos: 7.1837.191 – Moab   y Judea 7.2097.2117.2127.2137.214

 Exiliado en Samaria 8.268.27 – El   regresar a Jerusalén: 8.398.45

 Semana Santa: 9.119.17

 10.2010.2310.2610.30 – 10.3110.32

Aprenda más sobre este personaje
La narración del martirio   Hechos de los Apóstoles enEsto nos dice que María de Agreda – Fecha del martirio y entierro de.
 La narración del martirio en los Hechos de   Apóstoles
Su martirio, la primera, es narrado por María Valtorta (10.30) Más adelante, en el siguiente pasaje de los Hechos de los Apóstoles   (De 6,9 a 7,58):

 Llena de gracia y poder, Stephen   maravillas operadas y signos entre la gente notable. Pero el   Mientras tanto, la gente del sinagoga llamado GoodfellasCon Cirene   y los alejandrinos, la gente de Cilicia y Asia, fue objeto de debate   con Esteban y, como no pudieron resistir la sabiduría y   el Espíritu que marcó sus palabras, sobornaron a los hombres a decir:   “Hemos escuchado las palabras blasfemas contra Moisés   y contra Dios. “

Ellos incitaron a la gente, el antiguo   y los escribas, se apoderaron de Esteban y de forma inesperada condujo a   Sanedrín. Allí se pusieron testigos falsos: “El hombre aquí,   dijeron, es hostil a la intervención constante del Lugar Santo y la Ley;   de hecho, le hemos oído decir que Jesús Nazareno destruir este lugar y cambiar las reglas que Moisés ha   de transmisión. “

Todos los que estaban sentados en el Sanedrín   tenían los ojos fijos en él y vieron su rostro como el rostro de un   ángel. El sumo sacerdote le preguntó: “¿Es eso correcto?”

Stephen épondit:   “Hermanos y padres, escuchad. El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abrahán cuando estaba en Mesopotamia, antes de vivir en Charan.   Y él dijo: Sal de tu tierra y su familia y entra en la tierra que yo   espectáculo. Abraham dejó la tierra de los caldeos, para vivir en Charan. Por lo tanto, después de la muerte de su padre, Dios hizo   suceder en este país que vive ahora. Se le dio ninguna   la propiedad en este país, ni siquiera lo suficiente como para poner un pie, pero prometió   dar posesión y su descendencia después de él, aunque Abraham   no tuvo hijos. Y habló Dios: Su descendencia será visitar la tierra   extranjeros, deben llevarlos a la esclavitud y es por maltratar a cuatro   cien años. Pero la nación que sirven como esclavos, voy a juzgar,   Le dije a Dios, y después vienen y me adorarán en   lugar. Se le dio el pacto de la circuncisión y, por tanto haber   engendró a Isaac, Abraham circuncidado al octavo día.

Isaac hizo lo mismo para   Jacob y Jacob para los doce patriarcas. Celoso de José,   los patriarcas que se vendieron en Egipto. Pero Dios estaba con él;   sacó de todos sus problemas y le dio gracia y sabiduría ante el   Faraón rey de Egipto, que establece el gobernador de Egipto y en todo   su casa. Pero llegó una hambruna en todo Egipto y Canaán, la   angustia era grande, y nuestros padres ya no pueden abastecerse de combustible.

Al enterarse de que había alimentos   Egipto, Jacob envió a nuestros padres la primera vez, la segunda vez,   José se dio a conocer a sus hermanos, y su origen fue revelado a   Faraón. José, pues, envió a buscar a su padre Jacob ya toda su parentela en   los setenta y cinco personas. Jacob bajó a Egipto, y allí   y nuestros padres murieron. Ellos fueron trasladados a Siquem y se colocaron en   el sepulcro que compró Abraham con el dinero del hijo deHemor, Padre de Siquem. Como el tiempo se acercó a   se llevó a cabo la solemne promesa que Dios hizo a Abraham,   la gente crecía y se multiplicaba en Egipto hasta el surgimiento de otro rey   Egipto, que no conocía a José. Traición, el rey atacaron nuestra   GP: su malicia contra los padres fue tan lejos como echaron a cabo sus   los recién nacidos para evitar que se viven.

En ese momento, nació Moisés;   era hermosa a los ojos de Dios. Durante tres meses, fue criado en el   casa de su padre y cuando él se exponen, la hija de Faraón   recogen y lo crió como su propio hijo. Moisés fue iniciado en todos   la sabiduría de los egipcios y era poderoso en sus palabras y sus acciones.   Cuando él había terminado de cuarenta años, la idea se le ocurrió ir entre sus   hermanos, los israelitas. Al ver uno de ellos se vean mermados, que asumió la defensa   y, para vengar al hermano abusó, hirió a los egipcios. Él cree que   comprender sus hermanos que Dios por su mano, les trajo la hola, pero   ellos no entienden. Al día siguiente lo vio envuelto en una pelea   para tratar de reconciliar a los adversarios: Amigos-dijo-, usted   hermanos, ¿por qué castigar? Entonces el que su compañero   Moisés rechazó en estos términos: ¿Quién te hizo príncipe y juez sobre nosotros? ¿Le   matarme como mataste ayer al egipcio? Al oír estas palabras, Moisés huyó y   refugio en el extranjero en el país Madián, ¿Dónde   hijo tenía dos. Después de cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto   Monte Sinaí en la llama de una zarza ardiente. Moisés se asombró por la presente   visión, quería mirar más de cerca, la voz del Señor se oyó   Yo soy el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Todos   temblando, Moisés no podía mirar. Entonces el Señor dijo: Quitad la   las sandalias de tus pies, porque el lugar que pisas es tierra santa. Sí   Yo vi la miseria de mi pueblo en Egipto y he oído su gemido, me   am hasta gratis. Y ahora, quiero que usted envíe a   Egipto.

A este Moisés, a quien rechazó estas   Las palabras: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? Es que Dios lo envió como jefe   y liberador, a través del ángel que había aparecido en el   arbusto. Fue él quien los sacó de Egipto, trabajando maravillas y   milagros en la tierra de Egipto, el Mar Rojo y el desierto durante cuarenta   años. El es el Moisés que dijo a los israelitas, Dios levantará a los   tus hermanos un profeta como yo. Fue él quien, durante la reunión en la   desierto, se interponía entre nuestros padres y el ángel que hablaba en el monte   Sinaí es el que había recibido palabras de vida para darnos. Sin embargo, nuestra   padres no le obedecían, rechazaron y reenviado por el   pensamiento en Egipto.

Dijeron en efecto Aaron :   Haznos dioses que vayan a la cabeza, porque a ese Moisés que nos sacó   de la tierra de Egipto, no sabemos qué fue de él. Ellos   y en forma de un becerro en aquellos días, ofreció un sacrificio al ídolo y   gozosamente celebramos eltrabajo sus manos. En   A cambio, Dios los entregó que sirviesen al ejército del cielo, como está escrito en   el libro de los profetas: ¿Tuvo ofrecer a las víctimas y sacrificios durante   cuarenta años en el desierto, oh casa de Israel? ¿Trajiste la tienda de Moloc   y la estrella de vuestro dios RephânEstas imágenes   hicisteis para adorarlas. Yo también te deportan allá   Babilonia. Nuestros padres tenían la tienda en el desierto del testimonio: el hablante   Moisés había mandado a hacer en función del modelo que había visto.

Nuestros padres, tras haber recibido   lo introdujo, bajo la dirección de JosuéEn los países conquistados   naciones que Dios expulsó delante de ellos, fue hasta los días de David.   Él hallado gracia delante de Dios y le pidió el favor de tener un   residencia para el Dios de Jacob. Pero fue Salomón le construyó una   casa. Sin embargo, el Altísimo no habita en casas construidas por el   manos de los hombres. Como dice el profeta: “El cielo es mi trono y la tierra una   taburete bajo mis pies. ¿En qué casa te a construir, dice el Señor,   y ¿cuál será el lugar de mi reposo? ¿No es mi mano la que ha creado todas las   estas cosas?

Hombre de dura cerviz, incircuncisos   corazón y de oídos, siempre resistís al Espíritu Santo, se le   como vuestros padres. ¿Cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres no es así? Ellos   mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, el mismo   ahora te han traicionado y asesinado. Ha recibido la Ley   promulgada por los ángeles, y no has visto “.

Estas palabras enfurecieron y   rechinaban sus dientes contra Esteban. “

A raíz de la narrativa 10.30

 El juicio y el martirio de Esteban, en el   visión de María Valtorta 07 de agosto 1944

Esta visiónMaría Valtorta reproduce el texto de   “El Evangelio según lo revelado a mí” y se hacen algunas   Gamaliel y los detalles del altercado con su alumno Saúl.

 Esto nos dice que María de Agreda
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San Esteban murió nueve meses después de la pasión y muerte de nuestro   Salvador Jesucristo, 26 de diciembre, el mismo día de la santa   Iglesia celebra su martirio, y ese día terminó el trigésimo cuarto   año de su edad, ya que fue también el año treinta y cuatro del nacimiento de   Salvador, e incluso alguna vez ha tenido un día del año treinta y cinco. Así   San Esteban que también nació el día que viene después del nacimiento   nuestro Salvador fue de más de nueve meses que transcurrieron   desde la muerte de Jesucristo a la suya, y el día de su martirio   respondió a su nacimiento, todo lo cual se me dijo. La oración de la   muy puro María y St. Etienne ganó por la conversión de Saulo,   como veremos más adelante. Y para que esta conversión fue más   gloria, el Señor permitió que desde ese día el mismo Saúl se comprometió   perseguir a la Iglesia y destruirla, señalando todos los Judios   en la persecución que surgió después de la muerte de San Esteban, el odio   que tuvieran contra los nuevos creyentes, como digo en el   capítulo. Los discípulos tomaron el cuerpo de la mártir ilustres (Hechos   8,2), y le dio la tumba, llorando y gimiendo sobre lo que   fueron privados de un hombre tan sabio y tan celoso de la ley de gracia. Tengo un   solo extiendo mi historia, porque he tenido la gran santidad de los primeros   mártir, porque era un ferviente devoto de la Santísima Virgen, que   ha cubierto la ladera de una protección muy especial.

(La Mística Ciudad de Dios – Libro   7, Capítulo 11, § 198, páginas 20 y 21)

 El   que data de la muerte de Esteban y su entierro
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Las fuentes difieren en la datación   martirio:

La Iglesia celebra el martirio de San   Stephen 26 de diciembre. Su entierro (no localizado por las leyes de   apóstoles) se han descubierto, de acuerdo con las instrucciones Wikipedia, “en diciembre de 415 por un   Lucien Kfar Gimal en   Ruta deEleutheropolis (Ahora Beit Guvrin) En Palestina, con   las de Gamaliel, Nicodemo yAbibosEl   hijo de Gamaliel. Este es el tema de una carta que el sacerdote Lucien dirección   Avito un diácono algunos de paso a Palestina. Esta carta, muy   generalizada, existe principalmente en dos recensiones América“. Eleutheropolis (Apuesta Guvrin) ¿Se encuentra a unos 53 kilometros al sur-suroeste   Jerusalén en medio de las montañas de Judea, y 39 km al este de Ascalon   (Ashkelon).

El Leyenda   Dorado Jacques de Vorágine es el martirio   (Página 89) “el año en que Jesucristo ascendió   Cielo, a principios de agosto, la mañana del tercer día. San   Gamaliel y Nicodemo, que del lado de los cristianos en todos los consejos   Judios, lo enterraron en un campo de que Gamaliel, y realizó su   funeral de luto“Es para tener un referente   común, 03 de agosto 30.

De acuerdo con María de Agreda (véase más arriba) La   lapidación se llevó a cabo 26 de diciembre en el año 30 (reducido a una datación   base común), nueve meses después de la muerte del Señor, por lo tanto al final   De marzo. No especifica el lugar de entierro.

María Valtorta no fecha de la muerte   de Esteban, pero Juan AulagnierSu intérprete, cree   que tuvo lugar a principios del año 32 (“Con Jesús, día a día”   – Ediciones Résiac, Página 345). María Valtorta (10.32) ¿Es el lugar de entierro, realizado por el final   Nicodemo y Lázaro, de Betania, cerca de la carretera a Jericó. Contradice   Así que la ubicación deEleutheropolis y   reliquias fueron encontradas allí.

Biblias diferentes dan   distintas fechas: 31 de la Biblia Osty, A 33   para la Biblia, 34 a 36 por la Biblia Chouraqui,   a 35 de la Biblia Maredsous.

 Nicolai (Antioquía) Prosélito diácono

Información general
Nicolai es la familia de Ptolmaï,   Lázaro en el intendente de Antioquía de Siria. Se trata de un prosélito, es decir,   un gentil convertido al judaísmo. Se dedica a la nazarí, una forma de consagración   Dios. Se convirtió en uno de los primeros siete diáconos: “La propuesta   satisfacción a toda la asamblea, y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y   el Espíritu Santo, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás,   prosélito de Antioquía. “(Hechos 6,5)

Fue él quien, entre otras cosas, apoya   Sabea, la profetisa de Jericó, Aera (7.232)

Personalidad y aspecto físico
Un hombre robusto en la flor (8.39)

Curso Apostólica
Testigo de la Ascensión, donde es conocido entre los   parientes de Jesús: “Tú, Nicolai, que prosélito, han sido capaces de consolarme   el dolor del hijo de esta nación. “(10.23)

Convertido por Juan de Endor exiliado en Antioquía   viene al encuentro de Jesús en Galilea, que se realiza en Capernaum   cuando el discurso sobre el pan de vida que se verá el gran cisma en el   discípulos: “Te amo, Señor, porque tú eres santo y dulce. I   creo en ti. Tus acciones, tus palabras, yo ya el tuyo. Sin embargo, su   Misericordia de hace un momento, para los culpables, me decidí. Dios   la bienvenida a mí al lugar de los que te abandones! Yo voy a ti con   todo lo que tengo: la vida y bienes, todo. “

Su nombre
Nicolas significa “el Victorioso   las personas “.

¿Dónde se habla en la obra?

 5.115.445.455.66

 6.936.946.115 6.138

 7.159 – 7.1867.2067.232

 Regreso a Jerusalén : 8.39 – 8.45

 10.2010.23

Maximino El gerente de Lázaro en Betania

Información general
(Foto  las reliquias de San Maximino Maximin – Var – Francia)
Steward Teófilo Lázaro en Betania.   “Siento que debe ser uno de los padres en las que los ricos   hijo de Teófilo dar hospitalidad, o un comisionado de su   propiedades importantes, pero se hizo amigo de por sus cualidades y largo   tiempo de servicio en la casa. ¿O es el hijo de un mayordomo de   padre que le sucedió en ese cargo con el hijo de Teófilo. ”   (2.84).

Garantizar Lázaro, que viene a anunciar   entrada en agonía (8.3). Lo   testigos de su agonía y su muerte (8.4).   Fue él quien organizó el funeral grandes en la que Jesús   suceder.

Personalidad y aspecto físico
Es un poco mayor que Lázaro, el   treinta y cinco años, un poco más.

Curso Apostólica
Testigo de la Ascensión, donde será uno de los   cerca de Jesús (10.23)

Su nombre
Origen no identificado. Probablemente   en comparación con el latín “Maximus”La mayoría de   grandes.

¿Dónde se habla en la obra?
Maximino es   Parte de los personajes principales, que se menciona 10 veces en el trabajo
 2.832.842.1022.103

 3.593.653.68

 4.874.143

 5.655.68

 7.180

 8.18.38.48.68.88.118.428.438.47

 9.6

 10.710.2210.23

Aprenda más sobre este personaje
Emigró con su familia de Betania Galia   (Provenza) durante la primera persecución contra los cristianos desencadenada por   Herodes Agripa 1. Se procederá a la última comunión de María   Magdalena, un ermitaño en la Sainte-Baume, cerca de la ciudad actual   Saint-Maximin. Él mismo es a la edad de 80 años.

[1] 452 es decir, Maria Valtorta, llamada también “pequeño Juan”, “violeta de la Cruz” y, como dirá más adelante, “María de la Cruz”.

[2] 453 el de la “visión” del 22 de abril de 1943 –reseñada en “Los cuadernos del 1943″– que le develaba a Maria Valtorta su misión y la introducía en ella. Al día siguiente, Viernes Santo, tuvo lugar el primer “dictado”. La promesa, de que habla más adelante, es del 14 de marzo de 1947 y está reseñada en la fecha del 16 de marzo: se encuentra en el volumen “Los cuadernos del 1945 al 1950”.

[3] 454 Para la Ascensión de Jesús y su discurso inmediato antes de subir a su Padre, cfr. Mt. 28, 16–20; Mc. 16, 14–20; Lc. 24, 44–53; Hech. 1, 1–4.

[4] Lázaro (Betania) El discípulo Resucitado ver Apéndice al final

[5] 455 Según esta obra, Lázaro tenía grandes posesiones tanto, dentro como fuera de Jerusalén.

[6] 456 Hermoso título de “Madre y Maestra” que se da a la Virgen.

[7] 457 Jerusalén es deicida en el sentido de que el Dios hecho hombre padeció y murió en cuanto a su naturaleza humana.

[8] 458 Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Declaración sobre las “relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas”, n. 4.

[9] 459 Cfr. Gén. 18, 16–33; Jer. 5, 1; Ez. 14, 12–23; 22.

[10] 460 Cfr. por ej.: Is. 2, 1–5; 42, 1–9; 45, 14–25; 49, 5–6; 55, 4–5; 60; Jer. 16, 19–21; Jon.; Miq. 4, 1–5; Zac. 8, 20–23.

[11] 461 Cfr. Hech. 8, 1–5.

[12] 462 Cfr. Mt. 16, 13–20.

[13] 463 Cfr. Ju. 11, 45–54.

[14] 464 Esto es Roma.

[15] 465 Cfr. Hech. 1, 12–14; 2, 42–47; 4, 32–35; 5, 12–16.

[16] 466 como para Abraham en Génesis 22, 15–18.

[17] 467 Cfr. Ez. 9.

[18] 468 Cfr. Hech. 2, 1–13.

[19] 469 Cfr. Is. 11, 1–4, y el rito de la Confirmación, según el Pontifical Romano.

[20] 470 Cfr. 1 Cor. 12, 31 – 13, 13.

[21] 471 Cfr. Mt. 5, 43–48 (Sant. 1, 2–4); 1 Pe. 1, 13–16; 1 Ju. 2, 3–11, etc

[22] 472 Cfr. Hech. 1, 4–8, y también Mt. 28, 16–20; Mc. 16, 14–20; Lc. 24, 49–53.

[23] 473 Así se lee en el fascículo intitulado: La Santa Misa en rito siroantioqueño, Iglesia de S. María del campo de Marte, Roma, 1942, p. 5: “La liturgia de Santiago es la más antigua de las liturgias que actualmente se usan. Su texto definitivo es del siglo V, tiempo en que dichas iglesias se separaron… Lleva el nombre de Santiago “hermano del Señor” y primer obispo de Jerusalén, porque ciertamente fue compuesta bajo la influencia de la iglesia de Jerusalén, de quien se hace mención en los dípticos o mementos”.

[24] 474 Cfr. Mt. 13, 55; Mc. 6, 3; Gál. 1, 19.

[25] 475 Esto es, a la sede romana.

[26] 476 Cfr. Mt. 16, 18–19.

[27] 477 Cfr. Ju. 13, 34–35.

[28] 478 Cfr. Mt. 28, 20.

[29] 479 Semejante a Ju. 16, 16–33.

[30] 480 Semejante a Mt. 11, 28–30.

[31] 481 Cfr. Gál. 2, 19–21; 6, 11–18.

[32] 482 Cfr. Col. 1, 24–29.

[33] 483 484 Iguales expresiones en Sab. 4, 20 – 5, 23.Cfr. Sab. 2, 21–24.

[34] 483 484 Iguales expresiones en Sab. 4, 20 – 5, 23.Cfr. Sab. 2, 21–24.

[35] 485 Cfr. ej.: Is. 55, 1–3; Ju. 3, 16–18.

[36] 486 Cfr. Por ej.: Mt. 5, 11; Rom. 1, 14–17; 1 Pe. 4, 12–19.

[37] 487 Cfr. Gén. 15, 1–6.

[38] 488 Cfr. Mt. 11, 11–15; Lc. 16, 16; Hech. 14, 19–23.

[39] 489 Cfr. Mt. 10, 21–22.

[40] 490 Cfr. Lc. 13, 22–30; Ju. 14, 1–7; Hebr. 9, 6–10.

[41] 491 Cfr. 1 Ju. 4, 7–16.

[42] 492 Cfr. 1 Cor. 16, 19–24; 1 Tes. 5, 23–28; 1 Pe. 5, 12–14.

[43] 493 Marcos 10, 13–16, es el único en hacer notar que Jesús abrazaba, durante su ministerio, a los inocentes.

[44] Jonás el guardián de Getseman

[45] María esposa de Jonás el guardián de Getsemaní

[46] Marco hijo de Jonás posiblemente el evangelista. Ver Apéndice al pie

[47] Margziam joven prodigio discípulo

[48] María Cleofás

[49] 494 Cfr. Hech. 6, 1 – 7, 60. Esteban, en griego significa “corona”.

[50] 495 como se narra en 365.8.

[51] 496 Cfr. Hech. 6, 5. Prosélito era el que, sin tener sangre judía, abrazaba la religion judía, sometiéndose a la circuncisión. Cfr. Hech. 2, 11.

[52] 497 Esta obra concuerda con una antigua tradición según la cual sn. Marcial fue uno de los 72 discípulos, que murió el año 74. Cfr. Acta Sanctorum Junii, die 30, tom. V, Venetiis 1744 p. 535–573.

[53] 498 como fue previsto en 198.8, para memoria del niño romano, encontrado en 508.4/7, 509.3.7/9, 538.1, 550.8, 623.3.

[54] 499 Cfr. Mt. 2, 13–18.

[55] 500 Cuando Dios creó las cosas, las bendijo sobre todo al hombre, cfr. Gén. 1, 1–2. Después del pecado, ib. 5, 1–2 y aun después del diluvio volvió a bendecir al hombre, ib. 9, 1–7. Según Lc. 24, 51: Jesús antes de subir bendijo a los presentes. Esta obra, según su costumbre, añade un elemento más y es el de que Jesús vuelve a bendecir a todas las cosas. La Iglesia en su liturgia hace igual cosa, por ej. en la bendición de la fuente bautismal.

[56] 501 con su última bendición –dirá la Madre. en 642.4– devolvió bondad y santidad a todas las cosas de la Creación.

[57] 502 Cfr. Mt. 28, 16–20; Mc. 16, 14–19; Lc. 24, 44–53; Hech. 1, 6–9.

[58] 503 tal y como MV las transcribe, son: “Hombres de Galilea, ¿por qué estáis mirando al Cielo? Este Jesús, que os ha sido ahora arrebatado y que ha sido elevado al Cielo, su eterna morada, vendrá del Cielo, en su debido tiempo, tal y como ahora se ha marchado”.

3 y 10/5/2015 Evangelio según San Juan 15,1-8. Y 9-17

3 y 10/5/2015 Evangelio según San Juan 15,1-8. Y 9-17

Quinto y Sexto Domingo de Pascua

Santo(s) del día : Santiago Apóstol,  Santa Madre Maravillas de Jesús,  San Felipe Apóstol /

Santo(s) del día : San Damián Veuster

Lecturas / Lecturas

Estos dos domingos nos encontramos con los pasajes del evangelio de Juan ocurridos durante la Última Cena que la hallamos en el tomo 10 capítulo 600 del Poema del Hombre-Dios, esta en la entrada del domingo de Ramos:

https://mariareinaesmiguia7.wordpress.com/2015/03/29/2932015-evangelio-segun-san-marcos-141-72-151-47/

Ya en otras ocasiones les he mencionado que es asombroso cómo San Juan transcribe casi textualmente las palabras de Jesús, y como este es uno de estos casos, les ofrezco un paralelo más abajo, espero que lo disfruten

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 15,1-17.

BIBLIA DE JERUSALÉN

PHD TOMO 10 CAPÍTULO 600, VERSO 30 EN ADELANTE,

DURANTE LA ÚLTIMA CENA

Jua 15:1 «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. 30 Es la hora de marcharnos. Levantaos. Oíd las últimas palabras.

Yo soy la verdadera Vid. El Padre es el Viñador.

Jua 15:2 Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Al sarmiento que no produce fruto el Padre lo corta y al que produce fruto lo poda para que dé aún más fruto.
Jua 15:3 Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado.

 

Vosotros estáis ya purificados por mi palabra.
Jua 15:4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Permaneced en mí –Yo permanezco en vosotros– para mantener esa pureza. El sarmiento separado de la vid no puede producir fruto. Igualmente vosotros, si no permanecéis en mí.
Jua 15:5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.

Jua 15:6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.

Yo soy la Vid; vosotros, los sarmientos. El que permanece unido a mí produce abundantes frutos. Pero si uno se separa se seca, y es arrojado al fuego y allí arde. Porque sin la unión conmigo no podéis hacer nada.
Jua 15:7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. Permaneced, pues en mí; que mis palabras permanezcan en vosotros; luego pedid lo que queráis y se os concederá 513.
Jua 15:8 La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos. El Padre mío, cuanto más fruto deis y cuanto más discípulos míos seáis, más glorificado será.
Jua 15:9 Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. 31 Como el Padre me ha amado, así os he amado Yo. Permaneced en mi amor, que salva.
Jua 15:10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Amándome, seréis obedientes. La obediencia aumenta el recíproco amor. No digáis que me repito. Conozco vuestra debilidad. Quiero que os salvéis.
Jua 15:11 Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.

 

Os digo estas cosas para que la alegría que os he querido dar esté en vosotros y sea completa.
Jua 15:12 Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Amaos. ¡Amaos! Este es mi mandamiento nuevo. Amaos unos a otros más de lo que  cada uno se ame a sí mismo 514.
Jua 15:13 Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. No hay mayor amor que el del que da su vida por sus amigos.
Jua 15:14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Vosotros sois mis amigos y Yo doy la vida por vosotros. Haced lo que os enseño y mando.
Jua 15:15 No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, mientras que vosotros sabéis lo que Yo hago. Todo lo sabéis acerca de mí. Me he manifestado a vosotros, pero no sólo esto, sino que también os he revelado al Padre y al Paráclito y todo lo que he oído a Dios.
Jua 15:16 No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. No os habéis elegido a vosotros mismos, sino que os he elegido Yo y os he elegido para que vayáis a los pueblos y deis fruto en vosotros y en los corazones de los evangelizados y vuestro fruto permanezca, y el Padre os dé todo lo que en mi Nombre le pidáis.
  32 No digáis: “Y entonces, si nos has elegido, ¿por qué has elegido a un traidor? Si lo sabes todo, ¿por qué has hecho esto?”. No os preguntéis ni siquiera quién es ése. No es un hombre. Es Satanás. Se lo dije al amigo fiel y lo he dejado decir al hijo predilecto. Es Satanás. Si Satanás no se hubiera encarnado –el eterno, torpe remedador de Dios, en una carne mortal–, este poseído no hubiera podido quedar al margen de mi poder de Jesús. He dicho: “poseído”. No. Es mucho más: es uno que está anulado en Satanás 515».

«¿Por qué, Tú que has expulsado los demonios, no le has liberado?» pregunta Santiago de Alfeo.

«¿Lo preguntas por amor a ti, temiendo ser él? No temas eso».

«¿Yo, entonces?».

«¿Yo?».

«¿Yo?».

«Callad. No digo ese nombre. Uso misericordia. Haced vosotros lo mismo».

«¿Pero por qué no le has vencido? ¿No podías?».

«Podía. Pero para impedir a Satanás encarnarse para matarme habría debido exterminar a la raza humana antes de la Redención 516. ¿Qué habría redimido, entonces?».

«¡Dímelo, Señor, dímelo!». Pedro ha caído de rodillas ante Jesús y le zarandea frenéticamente, como si el delirio se hubiera apoderado de él.

«¿Soy yo? ¿Soy yo? ¿Me examino? No me parece serlo. Pero Tú… has dicho que te negaré… Y tiemblo… ¡Qué horror ser yo!…».

«No, Simón de Jonás, tú no».

«¿Por qué me has quitado mi nombre de “Piedra” 517? ¿Entonces soy de nuevo Simón? ¿Lo ves? ¡Lo estás diciendo!… ¡Soy yo! ¿Cómo he podido llegar a esto? Decidlo… decidlo vosotros… ¿Cuándo me he hecho traidor?… ¡Simón?… ¡Juan?… ¡Hablad!…».

«¡Pedro! ¡Pedro! ¡Pedro! Te llamo Simón porque pienso en el primer encuentro, cuando eras Simón. Y pienso en cómo has sido leal desde el primer momento. No eres tú. Lo digo Yo: Verdad».

«¿Quién, entonces?».

«¡Pues Judas de Keriot! ¿No lo has entendido todavía?» grita Judas Tadeo, que ya no es capaz de seguir conteniéndose.

«¿Por qué no me lo has dicho antes? ¿Por qué?» grita también Pedro.

«Silencio. Es Satanás. No tiene otro nombre. ¿A dónde vas, Pedro?».

«A buscarle».

«Deja inmediatamente ese manto y esa arma. ¿O es que tengo que expulsarte y maldecirte?».

«¡No, no! ¡Oh, Señor mío! Pero yo… pero yo… ¿estaré enfermo de delirio? ¡Oh ! ¡Oh!». Pedro llora arrojado al suelo a los pies de Jesús.

Jua 15:17 Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.» 33 «Os doy el mandamiento de que os améis. Y que perdonéis ¿Habéis comprendido?